jueves 12 de noviembre de 2009

Buenos Aires... se viene La Noche de los Museos..

LA SEXTA EDICION, EL SABADO DESDE LAS 20, CON ENTRADA GRATIS



La Noche de los Museos, con más barrios y muestras
Participarán 150 centros y museos, en una fiesta que durará hasta la madrugada.



Una de las fechas más esperadas del calendario cultural porteño está cerca: el próximo sábado, desde las 20 hasta las 2 de la madrugada del domingo, se viene la sexta edición de La Noche de los Museos, esta vez con la participación de 150 museos (20 más que el año pasado), exposiciones, visitas guiadas, cine, danza, teatro, música en vivo y muchas otras actividades, todas completamente gratis. Además, más barrios porteños invitan a celebrar su historia: Villa Luro, Flores, Colegiales y Coghlan. En 2008, 454.000 personas recorrieron la oferta cultural de Buenos Aires.





Para la edición 2009 suman sus aportes los partidos del conurbano de Maipú y Vicente López y las provincias de Catamarca y San Luis. Del mismo modo, los museos de Madrid harán una muestra al aire libre en Puerto Madero del Paseo del Arte, uno de los espacios de mayor concentración de riqueza artística del mundo. Y además, por primera vez, el evento compartirá fecha y actividades con la ciudad de Río de Janeiro.





Estos y otros alcances y propuestas de La Noche de los Museos fueron presentadas ayer por el ministro de Cultura porteño, Hernán Lombardi; la subsecretaria de Cultura, Josefina Delgado, y la directora general de Museos, Florencia Braga Menéndez. "La Noche de los Museos es un formato importado que cada ciudad fue reinterpretando a la luz de su propia identidad y nosotros estamos muy contentos por la forma en que Buenos Aires, a nivel ciudadanía e institucional, tomó este formato y lo hizo propio", explicó Lombardi.





El despliegue central de la edición será una producción del noticiero cinematográfico Sucesos Argentinos, musicalizado por Juana Molina, en la sede de la Dirección General de Museos, Puerto Madero/Costanera Sur.

En el cierre de esta fiesta urbana, el público podrá disfrutar de los sets de DJ Leo García y VJ Sol del Río / DJ Nico Cota y VJ Matapixels. Más información en http://www.lanochedelosmuseos.com.ar/.

Fuente: Diario Clarín

miércoles 11 de noviembre de 2009

En la Patagonia a pura pesca...

Desde el río Grande en Tierra del Fuego hasta el río Aluminé en Neuquén, pasando por Santa Cruz, Chubut y Río Negro, un informe sobre las mejores aguas para capturar a las estrellas de la pesca patagónica: las truchas arco iris, marrón y del arroyo.



Hace poco más de un siglo, el perito Francisco Moreno sugirió “sembrar” de truchas la Patagonia para poblar sus ríos y lagos. Esos salmónidos –que se traían en barco desde el Hemisferio Norte y luego en carreta desde Buenos Aires–, se adaptaron muy bien a los ecosistemas de la región. Hoy en día la trucha es el pez más buscado por los pescadores deportivos de todo el mundo, y la Patagonia argentina es una de las “mecas” de la pesca con mosca o fly-fishing. El cuidado de esa especie es muy estricto en nuestro país, y por eso se prohíbe la pesca en época de reproducción. Pero la veda acaba de terminar y desde el pasado 1º de noviembre se inauguró la temporada patagónica, que se extiende hasta comienzos de abril en algunos lugares y mayo en otros. A continuación, un informe provincia por provincia con los mejores pesqueros de la Patagonia.

EN NEUQUEN El pueblo de Aluminé está en el centro-oeste de Neuquén, rodeado por un entramado de ríos y lagos considerado uno de los mejores del país para la pesca de truchas con mosca. Es todavía un típico poblado patagónico de la cordillera, con muchas calles de tierra y una tranquilidad pueblerina que ya no se encuentra en otros destinos de la región. Por eso es ideal para el pescador “mosquero”, que se caracteriza por buscar ambientes desolados con pequeños ríos y arroyos.

En el río Aluminé también se hace pesca embarcada con balsas inflables sin motor, como las de rafting. Esto permite un desplazamiento más cómodo y relajado, y si bien la cantidad de piezas que suelen picar es la misma que lo hace desde tierra, como contrapartida pueden surgir ejemplares de mayor tamaño.

Durante un buen día pueden pescarse hasta medio centenar de ejemplares en Aluminé (todos se deben devolver al agua sin excepción). Y en un mal día saldrán unos quince. El porte máximo de una trucha en la zona es de cinco kilogramos pero el promedio es de un kilo.





TRUCHAS DEL FIN DEL MUNDO En la provincia de Tierra del Fuego, el principal enclave pesquero está en las proximidades de la ciudad de Río Grande, a 220 kilómetros de Ushuaia. En los ríos Grande, Menéndez e Irigoyen, los pescadores podrán capturar truchas que superen los 15 kilos (el record actual es de 16,2 kilos). En el lago Fagnano, ubicado a 90 kilómetros de Ushuaia, donde se pesca desde la costa y embarcado, está el segundo destino en importancia de pesca de la provincia.

En general los viajeros extranjeros se dirigen a los lodges de pesca con tarifas dolarizadas que proliferan a la vera del río Grande. En cambio, los argentinos suelen realizar las excursiones en el día desde la ciudad de Ushuaia que ofrecen agencias especializadas. La más económica es al lago Escondido, a 62 km de la ciudad y cuesta U$S 180. Es ideal para quienes sean simples aficionados o inexpertos en la pesca, ya que permite pasear un rato, navegar y además pescar con el sistema tradicional del spinning. Aunque también se puede practicar la pesca con mosca. Aquí solo pican truchas de entre dos y cinco kilos.

La excursión preferida por lo expertos pescadores con mosca es al río Ewan, ubicado a 125 kilómetros al norte de Ushuaia, en medio de una geografía llana con bosques de lengas. Se llega cruzando la cordillera y la complejidad del camino requiere de una poderosa camioneta Defender que atraviesa sectores anegados. La pesca con mosca se realiza desde la vera del río. El uniforme para la ocasión es un Wader, una especie de enterito impermeable que permite entrar en las frías aguas sin mojarse y cruzar el río caminando de lado a lado. El premio mayor que puede prodigar este río es una trucha de 12 kilogramos, un porte muy por encima de la media de esta especie.

El tamaño y cantidad de truchas en el río Ewan es tal que se las pueda ver a simple vista e incluso apuntarles en el lanzamiento, aunque se debe actuar con sigilo ya que ellas también ven y escapan. El Ewan es un río donde pueden salir algunas truchas muy grandes –de 7 kilos– y también muchas pequeñas de 500 gramos.







DESDE EL CALAFATE Quienes viajen a El Calafate para conocer los glaciares tienen una buena razón para extender su estadía en la zona si son amantes de la pesca. La excursión de este tipo que más se realiza desde la ciudad es al lago Roca, ubicado en el Parque Nacional Los Glaciares. El paisaje que rodea la zona no es estepario sino boscoso, con numerosos ñires y árboles de lenga. El lago tiene varias bahías que se van recorriendo a pie o en 4x4 en busca de los mejores piques de truchas arco iris, percas y truchas del lago. Para las dos primeras especies, el porte oscila entre un kilo y kilo y medio, mientras que la mejor pieza que ha salido hasta ahora de trucha del lago llegó a pesar ocho kilogramos. Un buen día de pesca en el lago Roca puede deparar alrededor de cuatro o cinco ejemplares por pescador. Las técnicas que se utilizan aquí son la pesca con mosca y el spinning (lanzamiento de señuelos con una caña tradicional).

La desembocadura del río Santa Cruz es famosa por ser uno de los pocos lugares en el mundo donde se puede pescar la trucha steelhead o cabeza de acero, que vive en el mar para regresar todos los años al río, que es su lugar de nacimiento, justamente para desovar. Esta es en verdad una trucha arco iris anadroma, que alcanza portes mucho más grandes porque está mejor alimentada gracias al mar. La desembocadura de este río en el Atlántico está cerca de la localidad de Comandante Luis Piedrabuena. En esta zona se puede pescar desde diciembre a abril y lo singular es que el Santa Cruz es el mejor río de Sudamérica para pescar una steelhead, las cuales llegan a pesar hasta 9 kilos. Además los lugares de pesca están cerca de la ciudad y son de fácil acceso. Las técnicas de pesca son con mosca y spinning.







TRUCHAS DEL RIO LIMAY El río Limay nace en el lago Nahuel Huapi y su nombre significa “transparente” en lengua mapuche. Está dividido en los segmentos Superior, Medio e Inferior, y en este caso nos centraremos en la pesca de truchas en el Limay Medio, el tramo que va desde la represa de Pichi Picún Leufú hasta el embalse de El Chocón, provincia de Neuquén.

La pesca se realiza en un campo privado que tiene 30 km de río de difícil acceso, lo cual garantiza una cierta privacidad. Está a 270 km de San Martín de los Andes y a 170 km de Bariloche por ruta de asfalto. Y el alojamiento es en el casco de una antigua casa de campo con habitaciones confortables.

En medio de un paisaje árido, el río fluye con poca vegetación en sus riberas pero con un cauce con pozones profundos donde se forman lagunas y canales. La amplitud de este tramo del río varía entre los 150 y 350 metros de ancho. De lunes a viernes la represa del río Limay abre sus compuertas y el caudal es más fuerte, permitiendo pescar desde una embarcación y también ingresando a pie en las lagunas. Los fines de semana, en cambio, la represa cierra sus compuertas y el río se torna menos caudaloso, lo cual favorece un mejor vadeo.

Una de las condiciones más importantes de este lugar es la gran cantidad de truchas arco iris y marrón que se pescan diariamente y que deparan casi siempre una buena jornada de pesca. Aunque los portes varían entre los 700 gramos y los 4 kg, se han obtenido ejemplares de hasta 10 kg. En el Limay Medio también abundan percas, pejerreyes patagónicos de gran tamaño (de hasta un kilo) y puyenes.



PESCA EN RIO PICO El pueblo de Río Pico, en el sur de la provincia de Chubut, permanece casi desierto la mayor parte del día. Sólo de vez en cuando aparece un paisano a caballo por las calles de tierra en las que el viento levanta remolinos de arena. Además de la belleza de sus paisajes montañosos, el pueblo atrae en particular a los pescadores con mosca, que encuentran en lugares como Río Pico sus paraísos de quietud absoluta con muy poca gente a la vista.

“Lo primero que hace el guía de un grupo de pesca con mosca en esta zona es meterse al agua y levantar las piedras para ver las ninfas que hay debajo y su color según el mes del año, ya que cambian todo el tiempo; así se determina la forma y el color de la mosca que está comiendo la trucha en ese momento.” Así lo explica Luis Brunt, un guía nacido en Gaiman que conoce los secretos del pique. “En noviembre se pesca mejor al mediodía, cuando hace calor, momento en que los insectos salen a buscar alimento... y también las truchas. En cambio, en enero y febrero no vale la pena intentar pescar al mediodía porque en esas horas las truchas se sumergen en las profundidades para escaparle al calor.”





Desde el lago Vintter al llamado Lago 2 –un área de 60 kilómetros cuadrados–, los pescadores disponen de más de 20 lagos, ríos y lagunas donde probar suerte. Una de las singularidades de la zona es que sus pesqueros son lugares tranquilos –lo cual implica mayor abundancia de truchas–, ya que para llegar a ellos se necesita un vehículo doble tracción. Respecto a los portes, si se compara con la provincia de Santa Cruz, el promedio de las truchas en Río Pico es menor y va de 4 a 4,5 kilos. Pero los portes son mayores si se los compara con las piezas que se pueden capturar en Bariloche, Esquel y San Martín de los Andes. Además, en Río Pico hay gran cantidad de truchas –15 ejemplares por día es un número promedio–, y en un buen día de pesca pueden llegar a capturarse hasta 25 por pescador.

La mayoría de los lagos que rodean a Río Pico no tienen nombre sino número, del 1 al 5. El 3 y el 1 –junto con el Vintter–, son considerados los mejores, porque allí casi todo pescador tiene garantizada una pesca de varias truchas por jornada, con portes entre 3 y 4 kilos.

Aunque en Río Pico reina la pesca con mosca –fly fishing–, en algunos lugares se impone el tradicional sistema de la caña de spinning. Se utiliza mucho la pesca embarcada y la devolución de las piezas vivas al agua debe ser total. Las especies que más abundan son las truchas arco iris y marrón, aunque también se pesca la variante fontinalis o trucha del arroyo. Además pueden picar algunos salmones.

Este deporte, que bien podría llamarse “el arte de engañar a la trucha”, tiene un sinnúmero de secretos. Los guías –igual que los magos y los artesanos que no revelan sus técnicas– apenas declaran en público sus trucos más obvios. “Las truchas no están nunca en la correntada, sino siempre detrás de algo, esperando que llegue el bocado”, dice Luis Brunt. “En el mes de febrero se acercan bastante a la costa porque hay muchas gatas peludas, y por eso como mosca se usa una ninfa de mariposa. En los días calurosos de enero hay muchos saltamontes, así que les tiramos un señuelo con forma de saltamonte. Y una trucha marrón es capaz de comerse hasta un ratoncito. Pero ese es nuestro límite; hasta hora nadie inventó una mosca con forma de ratón.”

Por Julián Varsavsky, Pagina 12, domingo 8 de noviembre de 2009.

Excelencia en Servicios Corportavios..

Thennat Travel realizó la logística en las jornadas de capacitación para directivos en Argentina de la empresa MSA, que se desarrolló del 8 al 10 en el Hotel Sheraton de Mar del Plata.


Mine Safety Appliances Company, es el líder global en el desarrollo, fabricación y suministro de productos sofisticados que protegen la salud de la gente y la seguridad. En este sentido, la capacitación tuvo como fin presentar nuevos productos con calidad de avanzada.



Directivos en el almuerzo de cierre













Exposición de Productos

















Sala de disertación y capacitación






martes 10 de noviembre de 2009

Viajar con Mascotas...




Si ya probó con las flores de Bach, la terapia canina, el paseador y los juguetes de goma, tal vez la última batalla que le queda para combatir el estrés de su mascota sea llevarla de vacaciones.



Sacar un perro o un gato de la Argentina no es complicado, salvo algunas excepciones. Cada nación fija libremente los requisitos de documentación sanitaria necesaria para ingresar animales vivos, y lo mejor es informarse bien según el destino que piense visitar. Para eso, es necesario tener un certificado veterinario internacional que emite el Lazareto, organismo dependiente del Senasa ubicado en Dársena Sur. Es allí donde le exigirán los papeles que tendrá que presentar según el país de destino.


Los requisitos básicos para emitir el pasaporte del animal son contar con el comprobante de la vacuna antirrábica y un certificado de buena salud emitido por un veterinario privado. Esto es suficiente para ingresar, por ejemplo, en Brasil o Chile. El valor del trámite es de $ 15,84, y el certificado tarda 24 horas. También hay posibilidad de hacer un trámite urgente, por el que se paga un monto adicional para obtener la autorización en el día.

Algunos países piden más requisitos. Por ejemplo, Uruguay exige además una certificación de desparasitación contra tenias, mientras que Estados Unidos pide un comprobante donde conste que el animal está libre de gusano barrenador.

En todos los casos, el certificado internacional debe hacerse a último momento. Una vez emitido en el Lazareto este pasaporte, su validez es de cinco o diez días, según cada país.




Para llevar a su mascota a Europa, tal vez quiera pensarlo dos veces. Además de los dos requisitos básicos, el Viejo Continente exige que el animal haya permanecido como mínimo seis meses en la Argentina antes de viajar y tenga un microchip del tamaño de un grano de arroz. Aún hay más restricciones si se trata de volar, por ejemplo, al Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda o Sudáfrica.

Una vez obtenido el certificado internacional, habrá que afrontar el costo del pasaje aéreo, que difiere según cada aerolínea. Algunas cobran por cada kilo del animal, mientras otras tienen una tarifa por kennel (jaula). Si la idea es, por ejemplo, llevar a un descendiente de Rin Tin Tin a descansar a las playas de Miami, las aerolíneas americanas cobran por kennel y cuesta de US$ 150 (hasta 45 kg) a US$ 200. Aerolíneas Argentinas cobra en cambio por peso, a razón de US$ 12 cada kilo (incluido el peso de la jaula). Si en cambio prefiere llevar un animal a Brasil (o cualquier lugar de América del Sur), TAM cobra un 1% del precio de la tarifa por cada kilo que pese la mascota.



Con excepción de los lazarillos, hoy la política general de muchas compañías aéreas es prohibir las mascotas en la cabina, si bien hay algunas que aún lo permiten. En esos casos, en general son perros de hasta cinco o diez kilos y... a rezar por su buen comportamiento.

Una vez en el destino, el desafío es conseguir dónde alojarse. Para eso, una página Web reúne los hoteles pet friendly. El sitio Se admiten mascotas ( www.seadmitenmascotas.com ) lista los hoteles del mundo de una a cinco estrellas donde perros y gatos son bien recibidos. También está la versión en inglés ( www.petslovershotels.com ), y otras páginas enfocadas a cada país en particular, como lo hace Pet Friendly Hotels ( www.pet-friendly-hotels.net ) con los alojamientos de Estados Unidos.



Consejos útiles

colocar material absorbente en el piso de la caja de transporte para que el animal permanezca lo más seco posible, y no poner precintos en la jaula hasta despachar el animal.

En cuanto a la caja transportadora, las compañías exigen que el animal pueda entrar parado y girar dentro de ella.

Según el médico veterinario Diego Almuiña, lo ideal es suprimir el alimento tres horas antes del viaje, dependiendo de la cantidad de horas de vuelo. "En cualquier caso no se debe olvidar suministrarle agua. También se sugiere colocar en la caja transportadora alguna manta o almohadón para darle mayor comodidad", sugiere.

Algunos veterinarios recomiendan darle un tranquilizante en el momento de viajar, si bien otros lo desaconsejan.

Por último, hay que tener en cuenta que muchos países tienen legislaciones acerca del trato a las mascotas. Por ejemplo, en Estados Unidos, sobre todo en los estados del Sur, si deja a su mascota sola dentro del auto prepárese para afrontar una multa que ronda los 265 dólares. Mejor hacerle upa y llevarla también al shopping.

Otros datos...

Lazareto: en el puerto de Buenos Aires, Dársena Sur, en Elvira Rawson de Dellepiane s/N° y avenida Calabria (a 500 metros del Casino Flotante Buenos Aires).
Informes: 4362?5755.
E-mail: lazareto@senasa.gov.ar

Por Lucila Marti Garro para La Nación

Celebración por la libertad... a 20 años de la caída del Muro de Berlín.

Miles de personas y los principales líderes europeos festejaron, frente a la Puerta de Brandenburgo, el derrumbe de la valla que dividió la ciudad por 28 años. El desplome de un dominó gigante evocó, simbólicamente, aquella gesta de 1989
















Bajo un mar de paraguas en un lluvia torrencial y con un frío parecido al de aquella noche del 9 de noviembre de 1989, miles de alemanes y los más importantes líderes actuales y de la pasada Guerra Fría celebraron ayer la caída del Muro de Berlín. La libertad tuvo un precio y recordaron con respeto a los que murieron tratando de cruzar la Cortina de Hierro, en una ceremonia ecuménica.

La canción Berliner Luft, con la voz absolutamente inesperada de Plácido Domingo y con la orquesta bajo la batuta de Daniel Boremboin en la Puerta de Brandenburgo, consiguió sintetizar el simbolismo de este día histórico. La canciller alemana y originaria del Este, Angela Merkel; el padre de la Glasnost soviética, Mijail Gorbachov; el presidente francés Nicolas Sarkozy y el presidente ruso Dmitri Medvedev se balanceaban con su música y acompañaban con sus palmas, en una escena que parecía el guión perfecto de un film con final feliz, si no hubiese sido absolutamente real. El premier británico Gordon Brown observaba la escena con sentido de la historia, junto a otros líderes europeos y la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton.

El ex presidente polaco Lech Walesa no estaba en la tribuna sólo por razones logísticas. Era el protagonista de una "nueva caída" del Muro, cuando con un golpecito tiró abajo -como cierre de la ceremonia y antes de los fuegos de artificio- una serie de piezas de dominó de plástico que, con precisión germana, una a una, simbolizaban el fin del comunismo. El dominó fue pintado por chicos de los colegios de toda Alemania e invitaron a los países del mundo a colaborar con ellos, como una herencia para el futuro. Hasta hubo una sorpresa más. El presidente Barack Obama saludó a los alemanes, con un mensaje filmado, después de ser presentado por su secretaria de Estado.

Las ceremonias nocturnas en la Puerta de Brandenburgo -que cuando existía el Muro representaba el más emblemático símbolo de la división de la Guerra Fría- fueron el final de un día de homenajes, que sumergió a Berlín en el peor embotellamiento de tráfico de su historia. La seguridad era draconiana por la presencia de los jefes de Estado en la capital alemana.

Al grito de "Gorbie", "Gorbie", la canciller Angela Merkel cruzó por la tarde el puente gris de hierro del paso fronterizo de Bornholmstrasse junto a Gorbachov y Walesa, las dos caras del muro. Los alemanes del Este y del Oeste los aplaudían y les pedían autógrafos. Con ellos estaban anónimos testigos de ese cruce y disidentes de la dictadura de Alemania Oriental. El acto fue breve y conmovedor. Como si fuera periodista, Angela Merkel entrevistó a un matrimonio que, como ella en esa noche inolvidable, había cruzado ese puente el día en que se derrumbó el Muro.

En la Puerta de Brandenburgo diluviaba cuando se inició la ceremonia. Los líderes la cruzaron protegidos por paraguas grises pero a la hora de los discursos, debieron hacerlos en un lago de agua. El británico Brown se llevó los aplausos mayores entre los extranjeros. "Permítanme decirle a la gente de Berlín: el mundo entero está orgulloso de ustedes. Ustedes tiraron el muro y ustedes cambiaron el mundo. Por su coraje, las dos Berlín son una, las dos Alemanias son una y ahora dos Europas son una", dijo Brown.





Antes de Gorbachov, habló la canciller Merkel, una física que nació en Hamburgo y creció en Alemania Oriental. Su carrera política sintetizaba el significado del fin del muro. "Fue uno de los días más felices de mi vida. Para nosotros, los alemanes, el 9 de noviembre es un día de alerta", dijo en referencia a la noche de los cristales, cuando en 1938 los nazis atacaron los progroms judíos. Para Merkel, los dos fechas recuerdan que "debemos pelear por la libertad".






Los alemanes se olvidaron de una meteorología deplorable y fueron a festejar a la puerta de Brandenburgo. Entre todos ellos, Angela y Matthias reflejaban la historia de ese aniversario. Ella vino del Este con su título de enfermera a los 24 años. El 9 de noviembre de 1989, esperó horas en Check Point Charlie que el muro cayera y pasó. Matthias es del Oeste y la conoció por Internet. Se casaron y Sebastián, su hijo, ha cumplido 13 años. Quisieron que él estuviera allí para que sepa bajo qué costos se construyó la reunificación alemana.




Berlín parece otra veinte años después. Irónicamente y por la crisis económica, es ahora Berlín Occidental la que necesita un "lifting", después de que gastaron 1.3 billón de euros en la regeneración de Berlín Oriental.
Por María Laura Avignolo, Clarín 10 de noviembre de 2009.

lunes 9 de noviembre de 2009

Lugares con encanto...Villa La Angostura.





Distinción y alta cocina en un entorno privilegiado. La Ruta de los Siete Lagos, el descanso y las sesiones de spa.


En el mismo momento en que la sensación térmica trepaba a los 37,2° en el asfalto de Buenos Aires, en Villa La Angostura, al sur de Neuquén, caminábamos con campera y botas rumbo al lago Espejo. A veces con lluvia, a veces con sol; siempre con frío. Es que los 1.600 kilómetros que separan a ambas ciudades se sienten en muchos sentidos, empezando por el climático. El segundo gran impacto es visual: un lago cristalino tras otro con altos coihues cerca de la ruta y el horizonte recortado por montañas con sus picos aún nevados. Hasta que se descubre qué es aquello "que nos hace ruido". El silencio. El silencio absoluto.

La forma más rápida de llegar hasta este rincón natural es en avión hasta Bariloche, para luego recorrer una hora en coche disfrutando de los sublimes matices de la Patagonia, que tiene en cada curva una postal diferente.




Al cruzar el río Limay, se deja atrás la provincia de Río Negro y se pisa suelo neuquino, siempre bordeando el enorme, fantástico, hipnótico, lago Nahuel Huapi. Parece que saliera humo de la vegetación, pero no; son nubes bajas que se filtran entre las lengas.

Precisamente, el Nahuel Huapi -que forma parte del Parque Nacional homónimo- es la estrella de esta aldea de montaña y de la hostería El Faro Patagonia, que tiene la privilegiada particularidad de encontrarse en la orilla del lago con acceso a la playa, y de contar con enormes ventanales en todos sus ambientes con vista directa al lago y las montañas. Es por eso que sus 12 habitaciones y 3 suites -la más chica tiene 30 m2- carecen de cuadros: la mirada sólo se dirige hacia el Nahuel Huapi. Inevitablemente.



El verano, la pesca y los paseos



Con 15 mil habitantes, Villa La Angostura vive de la actividad turística y su gran cúspide es la temporada de verano. Aunque con el Cerro Bayo, centro boutique de esquí, el invierno fue creciendo en cantidad de visitantes en los últimos años. En su ladera, y en toda época, son imperdibles los 200 metros de trekking al mirador de la cascada del Río Bonito.

Pero antes del verano comienza la pesca deportiva, un imán para fanáticos de todo el mundo que eligen las modalidades spinning, trolling o fly casting para sacar truchas arco iris, marrón, fontinalis y perca.

Uno de los sitios preferidos por todos es el Correntoso, famoso por ser considerado "el río más corto del mundo", con sus 300 metros de extensión. Sus aguas veloces logran unir el lago Nahuel Huapi con el lago Correntoso que, como es habitual es esta zona, tiene playas de arena volcánica. Es decir, de color oscuro. A pocos km, bajamos al balneario del lago Espejo, esta vez gris y no azul por falta de sol, y con oleaje hacia la costa por exceso de viento.

Entre las aves que habitan en la zona se destacan los cauquenes, los pájaros carpinteros y los cóndores, que se dejan ver con facilidad. En cambio, es necesario adentrarse en el follaje para encontrar ciervos colorados, jabalíes, huemules, pumas y monitos del monte, un curioso marsupial.

En el verano -más específicamente, entre noviembre y abril-, se realizan salidas en canoas y kayak, mountain bike por senderos de montaña (los más aventureros pueden optar por travesías de varios días) y ascenciones a montañas de la Patagonia Norte, como el imponente volcán Lanín.

Las largas cabalgatas y travesías de montaña también requieren de mayor destreza física. En cambio, las excursiones tradicionales son aptas para todo público: la Ruta de los Siete Lagos hasta San Martín de los Andes, Villa Traful, Isla Victoria, Bosque de Arrayanes y el Circuito Chico de Bariloche son algunas de las más solicitadas.

Luego de atravesar el pintoresco centro comercial de Villa La Angostura, con sus tiendas y carteles de madera y un sorprendente Centro de Congresos y Convenciones, llegamos al casco histórico (la Villa fue fundada en 1932), junto al puerto.

De allí parte el catamarán que navegará el Nahuel Huapi durante una hora, regalando postales de las bahías Mansa, Brava, Las Balsas, Cumelén y Manzano. En la Península de Quetrihué se sitúa el Parque Nacional Arrayanes, con un arrayanal único en el mundo que toma forma boscosa de color canela.

La caminata culmina en la llamada "Casita de Bambi", donde sirven chocolate caliente.



Tarde de té y spa



Cuando cae la tarde, llegamos a Tématyco, un bar de infusiones, almacén de té y panadería boutique. Entre delicias saladas y dulces probamos blends con base de té negro, rojo y verde. Por caso, "Mar de amores" lleva frutas tropicales, vainilla, mosqueta, bleu y rosas; y la torta "exótica", berenjenas y chocolate blanco.

Volvemos a El Faro Patagonia, a 2 km del centro, con un lobby circular, hogar a leña, wi fi en todos los ambientes, business center y mirador panorámico en la torre. Llega la hora de mimarse en el Spa & Health Club Las Vertientes. Masajes y terapias faciales y corporales se suman al gran hidromasaje, sauna seco y minigym. Entonces es momento de probar el jacuzzi de la habitación, también de cara al Nahuel Huapi. Y si esa experiencia no resulta perfecta, lo simula a la perfección.
Nota publicada en Clarín, domingo 8 de noviembre de 2009.

viernes 6 de noviembre de 2009

Taiwan un tigre místico y tecnológico...




Crónica de un viaje al mundo high-tech de la isla de Taiwan, uno de los “tigres asiáticos” surgidos en las últimas décadas del siglo XX. Altísimos niveles de industrialización y desarrollo tecnológico y misteriosos templos donde los fieles siguen hablando con los dioses.

Si uno viaja a la provincia de Formosa y comienza a cavar la tierra con una pala sin parar, aparecerá exactamente en la isla de Taiwan, también llamada Formosa. Parece chiste, pero varios taiwaneses me lo comentaron muy en serio, ya que las coordenadas geográficas coinciden exactamente con la isla que los portugueses vieron muy “formosa” en el siglo XVI. Y si de comparaciones se trata, nuestra provincia de Formosa mide exactamente el doble de superficie que su contraparte oriental.

En sus escasos 36.200 km2, Taiwan alberga 23 millones de habitantes que aprovechan palmo a palmo hasta el último resquicio de terreno (es el segundo lugar con mayor densidad del mundo después de Bangladesh). El 63 por ciento de la isla es montañosa, así que ese espacio casi no sirve para vivir. Y para colmo, la estrategia de crecer hacia arriba con rascacielos como en Hong Kong tampoco es del todo práctica, porque están sobre una falla tectónica que convierte a la isla en terreno sísmico.


¿Cómo hacen? Por un lado, los taiwaneses están bien desperdigados por toda la isla, donde casi no quedan terrenos llanos sin ocupar. Un dato curioso es que en Taiwan no hay muchos pueblos pequeños, ya que casi todos se han convertido en ciudades. Otra estrategia llamativa consiste en no crear nuevos cementerios extendidos en el suelo: los hacen verticales en edificios de hasta veinte pisos. Además hay tres ciudades con subte y el espacio bajo tierra no se desaprovecha: en Taipei, por ejemplo, hay un gran mercado de ropa subterráneo. Pero cuando resulta más visible el esfuerzo por hacer rendir hasta el último centímetro de tierra es al viajar por el interior del país, donde se atraviesan pequeñas ciudades con plantaciones arroceras de apenas 40 m2 que rodean las casas de la zona urbanizada. En otras ocasiones se ve la pared de una fábrica marcándole un límite a una plantación. Y es en esa línea del muro de ladrillos que se roza con las hojitas alargadas del arroz donde está el eje de la puja entre el campo y la industria, que en Taiwan se salda claramente hacia el lado industrial.

Taiwan es uno de los “tigres asiáticos” surgidos en las últimas décadas del siglo XX, con un nivel de industrialización y desarrollo tecnológico entre los más altos del mundo. Por eso la agricultura se redujo al mínimo, los alimentos se importan y casi no hay más campo. Por eso proliferan por doquier las fábricas y las ciudades están cada vez más extendidas. Y quizá en un futuro próximo formen una única gran ciudad.

EL TUNEL MAS LARGO
Los taiwaneses tienen una relación muy especial con la tecnología y el avance tecnológico es incluso motivo de orgullo nacional. Las empresas taiwanesas producen, por ejemplo, el 83 por ciento de las notebooks del mundo. Un lugar similar ocupan con los semiconductores para hacer microchips. Pero también hay un goce especial cuando, gracias a la tecnología, doblegan la fuerza de la naturaleza. Entendí eso la tarde que me llevaron a conocer el túnel Hsuehshna, al sudeste de Taipei. La visita estaba en el itinerario y había que ir, pero la experiencia superó las expectativas. No tanto por el túnel en sí –igual a cualquier otro, pero más largo–, sino por servir de ejemplo para entender cuánto vale el tiempo en Taiwan.

El túnel mide 12,9 km y atraviesa una gran montaña de pura piedra. Su construcción fue una proeza ingenieril: fue cavado con un taladro similar a un torpedo gigante que agujereó la montaña de lado a lado en un fino trabajo de 15 años que costó 1,8 billón de dólares y 15 muertos. Hoy, gracias al túnel, se tarda sólo 40 minutos en ir de Toucheng a Taipei. Antes había que tomar una autopista que rodeaba la montaña y el trayecto entre ambas ciudades requería dos horas de viaje. No perder el tiempo y ser puntual son actitudes muy valoradas. Cada día de las tres semanas que estuve en Taiwan, las diferentes traductoras que me acompañaron aparecían en el lobby del hotel a las 9 de la mañana en punto, como si esperaran el momento exacto escondidas detrás de un jarrón. “La puntualidad es casi una obsesión para nosotros y está muy mal visto aquel que no cumple con ella”, me explicaba Amy, una de las traductoras.


TEMPLOS Y DIOSES
Tanta tecnología y racionalidad económica no están reñidas con la religión, que a veces hasta parecen ir de la mano. Un domingo a la tarde, en la ciudad de Kaoshiung, paseaba por un gran ingenio azucarero convertido en museo –en Taiwan ya no se produce azúcar–, cuando me topé con un templo taoísta muy pequeño, como una casita de un solo ambiente. Su austero frente tenía dos columnas rojas pintadas con ideogramas negros y una línea de lámparas esféricas de papel rojo colgando del techo. Al rato llegó una pareja joven en una motoneta. El se sacó el casco y, sin apagar el motor, entró al templo mientras ella esperaba junto a la moto. En tres minutos el muchacho prendió diez palitos de incienso en un mechero a gas, se arrodilló, hizo cinco reverencias, y los clavó en la arena de un inciensario de bronce. Trámite listo, se pusieron el casco y se marcharon. Ahí nomás llegó otra pareja de mayor edad, también en moto. La mujer estaba completamente pelada y traía varias bolsas de supermercado llenas de frutas. Había manzanas, ananás y variedades exóticas para ofrendar. Mientras ella colocaba un ramillete de bananas sobre una mesa, el marido le sacó una foto. Luego puso música litúrgica en un grabadorcito de 10 centímetros y comenzaron los preparativos para la celebración. Los esposos eran los “maestros” a cargo del templo y me explicaron que ese templo estaba “dedicado al Dios del dinero y la salud... si usted quiere ganar mucho dinero, es a este Dios al que le tiene que pedir”.

La relación con los dioses funciona más o menos así: uno pide o pregunta algo a determinado Dios –o a los propios antepasados de cada persona–, a quienes en cada casa se los venera con un altar coronado con el árbol genealógico de la familia, que llega a veces hasta veinte generaciones. Y el Dios –o el antepasado que habita en la casa– responde a través de dos maderitas llamadas puá pué, que tienen un lado plano y otro convexo. Si al lanzarlas ambas caen con la parte plana hacia abajo, la respuesta es “no”. Si cae una para arriba y otra para abajo, es “sí”. Y si caen las dos partes planas para arriba, la respuesta equivale a una carcajada de Dios y se puede tirar una vez más. Esto último le ocurrió a la pobre Lulú, la traductora y guía que me acompañó en esta visita, quien con cara de angustia ante el sarcasmo de Dios rezó un largo rato más y volvió a tirar. Pero recibió la misma respuesta evasiva y ya no le quedaba otra oportunidad. Aunque aprovechó la presencia de la “maestra” del templo para pedirle una excepción. Las reglas en verdad varían según cada templo y en este caso la mujer tomó las maderitas, rezó ella misma con sonidos guturales como de ultratumba para aflojar al Buda Pekong, y con total confianza lanzó y ganó. Frente a la respuesta afirmativa la mujer rió con ganas, al borde de la carcajada, como ostentando el poder de su magia ante un occidental incrédulo. Y Lulú se fue contenta, habiendo escuchado “de boca de Dios” lo que quería ella escuchar. Que “sí”.

Según datos oficiales, en Taiwan hay 4037 templos budistas y 8604 taoístas y cantidad de dioses compartidos por ambas religiones. Entre esos dioses está el Buda Pekong, el Dios del dinero y la salud en el panteón taoísta.


EL EDIFICIO MAS ALTO DEL MUNDO
El Taipei 101 es –todavía y por poco tiempo más–, el edificio más alto del mundo. Sobresale por muchas cabezas en el espacio aéreo de la ciudad, que no se caracteriza precisamente por sus rascacielos, ya que está en una zona sísmica. El edificio tiene algo de pagoda posmoderna y se sube casi hasta la cima por unos “ascensores bala” que se elevan a 45 km/h y serían los más rápidos del mundo.

En la noche, desde los ventanales del Taipei 101 se observa el espectáculo de la modernidad en su máxima expresión; un horizonte de luces y sombras donde se vislumbra apenas el esqueleto de una ciudad vacía y despersonalizada, como un fantasmal parque de diversiones en movimiento pero sin gente. Es la imagen de una ciudad muerta.

La mirada cenital desde el 101 debe ser como la de un Dios, pero la verdad es que se ve todo y no se ve nada. Por eso proliferan los telescopios a monedita que violan intimidades. Por unos parlantes suena la trompeta asordinada de Miles Davis y en el negocio de souvenires empleadas con delicadeza de geisha venden de todo, modelo 101: gorra, llavero, el edificio en miniatura, el bolsito, la cajita, el cuaderno, la lapicera, la postal con fotomontaje del turista, el vasito de licor y el chop, las tazas de té y de café, la agenda, el prendedor, la estampilla que ya no sirve, la almohadilla para el mouse, el paraguas, el calendario y lo que pueda llegar a haber escondido bajo el mostrador.

Como corresponde a un edificio high-tech, no hay guías de carne y hueso sino audioguías con una grabación interactiva. El aparatito, con acento madrileño, me lo dice muy claro al oído: “El Taipei 101 representa nuestros objetivos de llegar más allá de la perfección”. Más creíble me resulta cuando explica que el edificio mide 509 metros, que tiene 380 postes estabilizadores que se hunden 80 metros bajo la línea de cimientos, que ocho colosales pilares de acero rellenados con hormigón garantizan la estabilidad, y que las ventanas de cristal doble pueden soportar un impacto de 8 toneladas. Pero lo más asombroso es el gran amortiguador eólico que morigera el balanceo constante del gigante, según cómo sople el viento. Allí mismo, en el mirador, se puede ver su gran bola medular sostenida por cables de acero que funciona como un péndulo para enderezar el edificio, también en caso de terremoto. La bola pendular está cubierta por 41 capas de acero, mide 5,5 metros de diámetro y pesa 360 toneladas.


FINAL HIGH-TECH
A diferencia de otros países de Asia, Taiwan no es un lugar de grandes contrastes. Todo es más o menos moderno, la historia no está muy a la vista e incluso los templos parecen nuevos. No se ven grandes bolsones de pobreza y tampoco existe, como en Tailandia, el contraste entre la opulencia hipercapitalista y los monjes budistas que caminan en sandalias mendigando por la calle. Aquí la relación entre lo sagrado y lo profano es más natural, e incluso la tecnología ingresa sin pudores en los templos, donde se ven pantallas gigantes de cristal líquido y monjes que buscan en su blackberry una palabra en inglés o atienden sin problemas el celular delante de un Buda. Y hay maquinitas a moneda que entregan un rollito de papel rojo con predicciones taoístas. Al mismo tiempo, se ve gente común en un bar mirando la transmisión en vivo de la jornada completa de la Bolsa de Taipei, para después comprar acciones como quien apuesta a los caballos por diversión. Además hay un diario para chicos llamado The Mandarin Children News. Así es nomás la vida en la isla de Formosa, el punto más alejado del planeta para la Argentina, partiendo desde la provincia de Formosa.
Julían Varsasky para Pagina 12, domingo 30 de agosto de 2009

jueves 5 de noviembre de 2009

Tips para recorrer y disfrutar Berlín...

Berlín nos sorprende por su historia, su gente y el encanto de una ciudad moderna ... Aquí algunos tips para tener en cuenta..





Estando en Berlin es imperdible el paseo por el ex sector sovietico. El ritmo de la ciudad cambia, se hace más atenuado. La propuesta de restaurantes al paso es enorme, igual que los sitios informales para tomar una cerveza local … en alguna de sus más de 30 variedades!



Cuando paseen a lo largo del rio Spree, que cruza la ciudad, se encontrarán con la Isla de los Museos, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1999. La hotelería de más prestigio está sobre la Kurfurstendamm, (Palace Berlin, Hecker´s, Lindner) aunque existen opciones para todos los gustos y presupuestos muy bien ubicados.





El Swisshotel es una excelente alternativa. Exhibe la curiosa particularidad de tener la recepción en un piso intermedio … las valijas las lleva uno mismo a la habitación! Eso sí, su restaurante, Restaurant 44 es imperdible para la cena con vistas a la ciudad.

Creditos: Jorge Capirone

miércoles 4 de noviembre de 2009

Argentina para recorrer... Te presentamos lindas propuestas (click para agrandar)


Descubriendo Jujuy... Argentina!

Julián Varsavsky propone, a través de un detallista y seductor relato, un itinerario por Jujuy que revela experiencias, paisajes, colores y sonidos alejados del tradicional recorrido por la provincia norteña. De la Quebrada de Humahuaca a la Puna, con la toreada de Casabindo como parada indispensable, hasta una cabalgata por la selva de las Yungas, Jujuy no deja de sorprender.

Hace unos años, regresando a la Argentina desde Bolivia, crucé la frontera por Jujuy y en La Quiaca me topé con un cartel no exento de ironía: “Bienvenidos a La Quiaca. Ushuaia 5.121 km”. La frase me remitió a su contraparte, una similar que había leído en otro cartel en la Bahía Lapataia -donde más o menos se acaba la Argentina-, en el Parque Nacional Tierra del Fuego: “Aquí termina la Ruta Nacional 3. Buenos Aires 3.063 km. Alaska 17.848 km.”. Pero lo verdaderamente curioso de esto es que dos paisajes ubicados en dos extremos opuestos –uno en el norte y otro en el sur- puedan despertar sensaciones tan parecidas.

Igual que en la Patagonia, en la Puna jujeña uno puede quedarse pasmado ante la imagen de una planicie infinita a los cuatro costados, mientras transita una monstruosa lengua de asfalto que rasga esa llanura por la mitad, colocándonos en el centro de un gran vacío universal con horizontes de 360 grados.



Crédito: Palmiro Bedeschi.

De la Quebrada a La Puna
Recorrer las alturas de la Puna jujeña implica internarse en una de las regiones más áridas y despobladas del país. Y para llegar ella decidimos subir la Cuesta de Lipán, partiendo desde el poblado Purmamarca hasta alcanzar los 4.200 metros de altura en apenas 70 kilómetros de ruta. En el camino aparecieron algunos caseríos de adobe perdidos en la inmensidad, con una capillita también de adobe al frente de cuatro casas. Con la altura desapareció casi todo atisbo de vegetación y tras una curva se abrió la planicie radiante de las Salinas Grandes, derramándose como un mar de sal hasta donde alcanzaba la mirada. Habíamos ingresado en La Puna.

Llegamos a la salina un 13 de agosto, fecha en que el sol y la luna tienen pactada una extraña cita cada año, en este desolado paraje por donde pasa la línea del Trópico de Capricornio. Al llegar al borde de la salina nos salimos de la ruta para rodar sobre su superficie llena de resquebrajamientos en forma de pentágono que se reproducen con la exactitud matemática de una telaraña. Mientras tanto, el sol oblicuo del atardecer iba tomando posición para un encuentro muy particular, en el que el astro rey y la luna se ven las caras completas durante unos minutos, elevando la luminosidad de este desierto blanco a su máximo esplendor.

Sobre una serranía el globo rojizo de un sol que ya no enceguecía se aproximaba a la línea del horizonte. Y enfrente, detrás de otro cerro, la luna comenzó a asomar la mitad de su disco radiante, como lanzándole al sol una primera mirada que cruzó la Puna como un rayo. De súbito la luna reveló la desnudez total de su esfera blanca y coincidió frente a frente con el sol a pleno, que siguió flotando livianamente en el cielo por escasos minutos más. Enseguida, el círculo de fuego hundió medio cuerpo en el ocaso y desapareció bajo una luminosidad roja, mientras la luna llena destellaba una luz malva que se extendió por todo el firmamento y descendió a la superficie de salina.





Crédito: Julián Varsavsky

Toreadas en La Puna
Después de visitar las Salinas Grandes regresamos a dormir al pueblito de Purmamarca, el que mejor conserva su aspecto colonial de todos los de la Quebrada de Humahuaca. El objetivo era salir dos días después hacia el caserío de Casabindo, en plena Puna, donde cada 15 de agosto sus habitantes homenajean a la Virgen de la Asunción con una singular corrida de toros en que no se lastima al animal.

En el camino hacia el pueblo atravesamos una árida altiplanicie a 3400 metros de altura y en la lejanía apareció la imagen borrosa de las torres blancas de la iglesia de Casabindo –conocida como La Catedral de la Puna– que a simple vista luce desproporcionada para los 200 habitantes de este pueblo sin sombra por la falta de árboles.

En el pueblo las casas de adobe están algo desperdigadas y por sus calles de tierra casi no transitan autos. Pero cada 15 de agosto una larga caravana de vehículos levanta una nube de polvo que ensombrece el camino de entrada. Se dirigen a un Casabindo ruidoso y alborotado como nunca, que se dispone a homenajear a su Patrona, la Virgen de la Asunción; ‘’la mamita’’.

De los autobuses bajaban centenares de personas llegadas desde toda la provincia. Uno de los momentos cumbre del Toreo de la Vincha fue cuando la imagen de la virgen salió de la iglesia en andas de la gente, entre bombazos y campanadas que tronaban en la Puna. Una extensa procesión se formó detrás de la imagen sagrada y atravesó la pista de toreo –frente a la iglesia—, avanzando por el pueblo al ritmo de una banda de saxos, trompetas y redoblantes.

A los 2 de la tarde comienza lo que todos esperan. Un bombazo inaugura la corrida y sale al ruedo el primer joven que hace una petición a la virgen. Para que esta se cumpla el muchacho deberá arrebatarle al toro una vincha con monedas de plata que lleva en las astas. Un gran rectángulo conformado por un muro de piedra y adobe y algunas gradas hacen las veces de “ruedo’’. El público se sienta sobre la pared con los pies colgando hacia adentro; otros se suben a los árboles y hay quienes se trepan al campanario y al techo de la iglesia para obtener una panorámica del espectáculo.

Unas zapatillas viejas, remera y jeans son el único uniforme de estos toreros que, en su mayoría, nunca se habían parado frente a un toro (durante el resto del año nadie torea). Por lo general dos o tres toreros terminan corneados de poca gravedad.

Algunos toros se niegan a correr y se dejan quitar la vincha con mansedumbre. Otros parecen tranquilos, pero cebados por la multitud emprenden carreras de 50 metros que obligan al torero a lanzarse al suelo como un arquero de fútbol para evitar la embestida. Los toreros esperan turno escondidos en una capillita blanca en el centro del ruedo, cuya puerta es tan angosta que el toro no puede entrar (aunque a veces lo intenta). Y cuando algún torero es desbordado por la situación, huye graciosamente hacia la capilla refugiándose justo a tiempo para evitar la cornada. Pero hay otro refugio más: un mástil al cual el perseguido se trepa de un salto quedando inmediatamente a salvo.

En general los valientes pobladores se enfrentan al toro con un paño rojo –muy lejos de lo que sería una capa de torero- que a diferencia de sus equivalentes españolas no esconde ninguna espada traicionera. Otros se hacen los graciosos burlándose del toro en sus narices y se llevan más de un susto que les transforma el humor.



Crédito: Joaquín Carrillo.
Cabalgata a Las Yungas
Una de las mejores formas de internarse en el paisaje jujeño y a la vez tomar contacto con la cultura kolla, es con una cabalgata de cuatro días que va desde el pueblo de Tilcara hasta la selva de Las Yungas.

Nuestra travesía hacia Las Yungas se internó por la Quebrada de Alfarcito, dirigida por el experimentado guía Adrián García del Río, con una caravana de burritos de carga para los víveres y las bolsas de dormir. Y la primera explicación del guía nos ubicó de lleno en la verdadera dimensión del lugar: “estos senderos que recorremos fueron un camino troncal abierto hace siete u ocho siglos por los aborígenes omaguacas, que lo atravesaban con caravanas de llamas para comerciar sal con la cultura San Francisco”.





Crédito: Franco Bargabio.

Los caballos avanzaban por los cerros a paso cansino y al ganar altura vimos las terrazas de cultivo con las que los aborígenes le quitaban inclinación a las laderas para cultivar. Increíblemente, algunas de sus pircas de piedra sobre piedra se mantienen en pie.

En cuatro horas de cabalgata alcanzamos los 4100 metros en el Abra de Campo Laguna, pero rápidamente descendimos hasta Corral Ventura. Al final de la primera jornada de siete horas llegamos al idílico puesto de campo Huaira Huasi, construido sobre una meseta con vista a un gran valle. Si uno lleva carpa puede instalarla y dormir con intimidad. Pero la mayoría de los viajeros prefiere colocar su bolsa de dormir y colchones inflables en el piso de cemento del Salón Comunitario.

Al día siguiente partimos por las profundas quebradas y valles de la Cordillera Oriental, que son similares al Valle Sagrado de los Incas en Perú -no es exagerado decirlo-, aunque falte Machu Picchu. Pero hay, en cambio, numerosos corrales de pirca que a la distancia le agregan la dimensión aborigen al paisaje.

El clímax de la travesía llegó cuando un nubarrón espeso ingresó como una tromba a ras de tierra por el interior de un valle que veíamos desde el filo de una montaña. Abajo el gran vacío fue cubierto como por un alud de algodón, conformando un colchón blanco que tentaba a caminarle por encima. Había como un cielo debajo del cielo, con nosotros en el medio a caballo sobre las nubes. Pero el espectáculo duró unos instantes hasta que la nube subió envolviéndonos como una humareda. Hasta que de repente el paisaje cambió otra vez y el cielo inferior desapareció, mientras el superior se abría en un azul radiante sin manchas. Todo en el fugaz espacio de 20 minutos.

La segunda jornada fue la más liviana y a media tarde llegamos al caserío de Molulo, donde Doña Carmen Poclavas fue nuestra anfitriona. En una tarde de descanso en Molulo uno puede llevarse una idea de cómo es la vida cotidiana en el lugar. Tienen luz eléctrica por paneles solares pero todo el mundo se levanta y se acuesta con el sol, como hace milenios. Se trabaja en familia –de lunes a lunes— sembrando papas verdes, blancas, rojas, rosadas y azules. Además tienen vacas, burros, caballos, mulas, chivos, ovejas y un chancho que compran en octubre y lo comen en fin de año.

La siguiente jornada es de siete horas por senderos de tierra roja, rodeados por un verde cada vez más intenso y un aire húmedo y pesado. Es el día de los filos y las cornisas, y el destino es el caserío de San Lucas, con una veintena de casas muy distanciadas una de la otra. Allí dormimos en lo de Doña Ramona –hermana de Carmen— que tiene para los visitantes dos cuartos con camas cucheta y dos baños con ducha sin agua caliente.







Crédito: Julián Varsavsky.

Al atardecer me fui caminando hasta el centro del pueblo, donde me topé con una majada de ovejas que cortaban los yuyos entre la veintena de cruces del cementerio y el césped de una insólita cancha de fútbol al borde de una meseta. Lo curioso de esta cancha, además de su panorama de montañas con Las Yungas abajo, es que para patear un corner desde el lado derecho hay que correr la línea lateral imaginaria hacia adentro porque sino el jugador se chocaría con la pirca del cementerio. Pero además, un rechazo hacia la izquierda enviará la pelota directamente entre las cruces adornadas con flores.

El último medio día de cabalgata el paisaje cambia radicalmente otra vez –ya en plena Yunga–, subiendo y bajando quebradas por la nuboselva en galería donde casi no penetra el sol. Y finalmente, luego de 100 fascinantes kilómetros divididos en cuatro jornadas, subimos una montaña hasta el borde de la Ruta 83 donde nos esperaban dos camionetas para regresar a San Salvador.

Nota publicada en argentina.ar
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