miércoles, 27 de enero de 2010

Imperdible el nuevo Museo de la Acrópolis de Atenas...

Los monumentos de la Acrópolis de Atenas, un tesoro milenario y de valor incalculable, tienen un nuevo museo.




El edificio es un gigante de cristal, hierro, mármol y cemento, que costó unos 130 millones de euros a Grecia y a la UE. En sus tres plantas principales alberga reliquias de hasta 2.500 años de antigüedad encontradas durante diversas excavaciones en la roca sagrada de la Acrópolis.



Alexandros Mantis, responsable del conjunto arqueológico, destaca que el diseño del museo traslada al visitante a la antigua Acrópolis y a la vida en la antigüedad". Pandermalis resaltó la gran importancia de la luz natural que se utiliza en el edificio, que ofrece un panorama y una sensación completamente distinta a diferentes horas del día".

A partir de junio del 2009, el museo (www.theacropolismuseum.gr) permanece abierto durante 12 horas de martes a domingo y recibe unos 10.000 visitantes diarios, que precisan tres horas para recorrerlo.






Esta inauguración es, según el ministro de Cultura griego de Cultura Antonis Samaras, un catalizador para que regresen las reliquias del templo del Partenón que fueron saqueadas y esparcidas hace 207 años. Y es que ahora, con las obras terminadas y las salas repletas de reliquias, las autoridades helenas esperan que el museo ayude a ganar la larga batalla para recuperar los restos que fueron trasladados a Londres en el siglo XIX y que Grecia reclama insistentemente. "Es obvio que esperamos que vuelvan los mármoles del Partenón y estamos listos para negociar y que las salas del Museo Británico de Londres que se queden vacías estén siempre llenas con nuestros préstamos a largo plazo, explicó Samaras a Efe.


El responsable griego rechazó la oferta realizada por la institución londinense de ceder temporalmente los frisos a cambio de que Grecia reconozca que son propiedad del Museo Británico. Una opción que, dijo, sería "como legalizar lo malo que hizo Thomas Elgin, el diplomático británico que trasladó la mitad de los frisos del Partenón a Inglaterra a principios del siglo XIX con el permiso del Imperio Otomano, al que entonces pertenecía Grecia.

El retraso en la construcción del nuevo museo fue usado por el Museo Británico como excusa para no devolver las piezas, al alegar que la contaminación atmosférica de la capital helena era dañina para unas reliquias consideradas como un patrimonio universal.

Ahora, y con el Partenón a sólo 300 metros colina arriba, el nuevo museo ha reservado una sala a la espera de los frisos. Aunque la idea original de construir un nuevo museo data de 1978, la gestación del magnífico edificio, con 14.000 metros cuadrados de espacio de exposición, comenzó en 1999, pero tuvieron que quedar fallidos cuatro concursos arquitectónicos antes de que se comenzara a construir en el 2003 el proyecto definitivo, que concluyó en 2007. "Según los estándares europeos, una obra de tal dimensión hubiera tardado diez años en ser terminada, aseguró recientemente el presidente de la nueva institución, Dimitris Pandermalis, en un intento de minimizar las dificultades que ha encontrado la materialización de este sueño de los arqueólogos.


Las primeras excavaciones en 1999 para construir los cimientos toparon con importantes restos arqueológicos y levantaron una polémica, con acciones judiciales incluidas, sobre la conveniencia de encontrar otra ubicación al edificio. Finalmente, el proyecto del franco-suizo Bernard Tschumi, incluyó un sistema para integrar esos restos, que son ahora visibles a través del suelo transparente del museo.

martes, 26 de enero de 2010

Circuitos por Salta, "La Linda"...

Desde la capital salteña y su casco histórico, un recorrido por Cafayate, cuna de viñedos, artesanos y musiqueros, y de allí a Cachi, con el sabor del queso de cabra y la calma de las altas cumbres norteñas. Un destino de verano que ofrece paisajes vertiginosos y refrescantes remansos.

El Noroeste argentino no es sólo belleza y ecoturismo, que abunda desde luego en la porción salteña de los Valles Calchaquíes, en la alta Cordillera y en su dinámica capital: el Norte es también sabores. Desde los vinos de Cafayate hasta el queso de cabra de Cachi, pasando por los tamales, humitas, locro y empanaditas de la Salta grande, la coqueta provincia rescata ese gustito incomparable de lo hecho a mano. Las tradiciones transmitidas durante generaciones están siempre presentes, tanto en los paseos como en la simple charla con un lugareño, cuando salen a relucir la historia y las luchas de los pueblos originarios. Aquí, un recorrido por tres postas salteñas tan lindas como sabrosas, codiciadas por el turismo nacional e internacional, donde aún se mantienen algunos usos y costumbres de ese tiempo sabiamente detenido.

DEJARSE ENAMORAR Se dice que fue sagta, en lengua aymara “la muy hermosa”, el nombre que dieron a la zona los primeros pobladores. Por eso “Salta, tan linda que enamora” es el lema turístico presentado para este verano por el gobierno local, mezclando viejas tradiciones con nuevos servicios. Uno de ellos es el incremento en la capacidad hotelera, así como la incorporación de nuevas rutas aéreas a Iguazú, Córdoba, Capital Federal y Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), que sumadas a las de Santa Fe y Mendoza del año pasado buscan posicionar a Salta como destino turístico de pleno verano. Es que hasta aquí llegan cada año más de 1,2 millón de turistas, encantados por las formaciones rocosas de sus quebradas y los cerros multicolores, por la arquitectura colonial y la esencia de los pueblos históricos que ofrece la provincia. Sin olvidar la gastronomía regional y los deportes de aventura (rafting, cabalgatas, canopy, travesías 4x4, escalada, mountain bike). “Estamos trabajando con los municipios, otorgando incentivos impositivos al sector privado y créditos subsidiados porque queremos desarrollar nuevos circuitos turísticos, más allá de los clásicos”, señaló Federico Posadas, ministro de Turismo y Cultura.
Cardones verdes, montañas rojas y cielo azul, postales de nuestro Noroeste.
Imagen: Pablo Donadio

Para quien pisa suelo salteño por primera vez es clave la base en la capital, una ciudad que sabe afrontar las consecuencias del progreso y la modernidad de su desarrollo, quizás el más ejemplar de las provincias del Noroeste. A 1187 metros sobre el nivel del mar, en pleno valle de Lerma, este territorio constituyó un paso obligado en el camino al Alto Perú durante los primeros años de la colonia, cuestión que favoreció su rápido crecimiento. Ubicada bajo las alturas del cerro San Bernardo, hoy uno de los puntos más buscados por la magnífica vista panorámica (desde la cumbre puede realizarse una excursión descendente en teleférico), Salta goza de un creciente desarrollo edilicio y de servicios, rescatando por supuesto su intocable casco histórico. En la zona céntrica es común ver puesteros con instrumentos musicales y artesanías resueltas en la madera dura de la región. Justo frente a la plaza, en diagonal a la catedral de triple campanario, es donde Salta cobra vida de verdadera metrópoli: locales y visitantes hacen del lugar un punto de encuentro para salidas que combinan música folklórica con los mejores tamales, humitas y empanaditas en las muchas peñas y restaurantes cercanos.

Un poco más alejado, y punto fuerte si los hay, la Quebrada de San Lorenzo aporta la salida clásica de la ciudad. Una caminata zigzagueante en busca de las vertientes, que comienza en medio de colinas de tupida vegetación, con importante variedad de fauna. El ruido del agua fría golpeando las rocas comienza a sentirse ya desde el colectivo que transporta a los interesados desde la urbe hasta la primera parada. Desde allí pueden realizarse caminatas, cabalgatas, paseos en bicicleta y disfrutar de su buen parador gastronómico, con la posibilidad de acampar camino arriba.

HACIA CACHI Los Valles Calchaquíes, de brutal historia preincaica y colonial, muestran hoy sus marcas silenciosas en varios pueblos de Salta, al igual que en Catamarca y Tucumán. Cabecera de esos valles y paraíso del queso de cabra, el mejor elaborado de todo el territorio nacional, Cachi es un ejemplo de aquellos tiempos. Para comprobarlo basta ver su impronta colonial, presente hasta en las casas de adobe, llegar a sus yacimientos arqueológicos o simplemente ir de compras a viejos almacenes por 100 gramos de fideos, o un tazón de harina. Entre emociones encontradas a cada paso, su plaza central muestra una de las iglesias más antiguas y bellas del Noroeste, destinada en su creación a la catequesis y consolidación de la lengua hispana en tierras indígenas. En el pueblo se extiende parte de la arquitectura de esos siglos, con casas que exhiben ventanas de rejas y postigotes, adornados de faroles y viñetas. Pero éstos son apenas detalles modestos de la Cachi visible. Andando un poco pueden develarse secretos en las voces de la gente, que atesoran “su” propia historia de los hechos.

Para llegar a Cachi hay que desandar un camino de cornisa escarpado, que en tiempos de lluvias puede dejar varado a cualquiera, salvo a los choferes del Huayra, empresa de colectivos que llega a destino desafiando la altura, el ripio y, a veces, la gravedad. Su maestría para tal empresa es asombrosa: “Varias veces creí morir. Ahora ya ni me asusto”, dice en la última fila Roli, un cafayateño que va y viene a trabajar con los pimientos, el producto más requerido de la región, que en épocas de cosecha es expuesto en las verdes laderas de los cerros, dibujando ríos de un rojo furioso.

Es en ese camino entre los dos pueblos donde además suceden cosas maravillosas, como ver las nubes por debajo de los pies, especialmente en la Cuesta del Obispo, la primera parada en los 157 kilómetros que la separan de Salta capital. Atravesado por la Ruta 40, y rodeado de altas cumbres, el pueblo nace en la unión de los ríos Cachi y Calchaquí, y ya ha dejado de ser sólo un lugar de paso. Muchos lo eligen para instalarse unos días y su oferta de alojamiento se renueva con velocidad, cuestión que ha generado contradicciones entre los que defienden los orígenes y quienes lo fomentan como nueva meca del turismo. Más preservado aún se encuentra Cachi Adentro, el “casco histórico” local, a poco más de dos kilómetros y con exclusividad de casas de piedra y adobe. Hasta allí, visita obligada junto a la pileta del camping del ACA y el puesto de quesos del Negro (a la misma altura en prestigio), hay que llegar a pie. Y si se habla en la dependencia de turismo, es posible combinar la salida con excursiones a sitios arqueológicos de gran valor histórico, como El Mariscal, Borgata, Las Pailas y Puerta La Paya.

Paisaje de coloridos cerros en el camino a Cafayate, entre Cachi y El Carril.
Imagen: Pablo Donadio


DE PURA CEPA El triángulo turístico, previo paso por el poblado de El Carril, se completa en Cafayate, un encadenado de viñedos y bodegas que saben sacar provecho de su tierra, tan rica como hermosa. Cafayate es, junto a la tucumana Tafí del Valle, la ciudad más importante dentro del circuito turístico de los Valles Calchaquíes, y esa pertenencia al sistema de valles y montañas de 520 kilómetros de extensión es clave también para su fertilidad. Ubicada a 180 kilómetros de Salta Capital, ocupa un lugar estratégico en el que convergen además las provincias de Tucumán y Catamarca, por lo que suele ser visitado también por quienes buscan una recorrida más amplia por el Noroeste. Su altura, por encima de los 1700 metros sobre el nivel del mar, hace que los rayos solares lleguen con más intensidad, logrando junto al aire puro y seco un clima perfecto para la vid. A su vez, estos cálidos días concluyen en frías noches, que producen una amplitud térmica propicia para la mejor maduración y concentración de colores y aromas. Estas características climáticas y geográficas son parte del secreto de sus vinos, en especial el Tannat, que ha alcanzado un cepaje distintivo en productos premium. Por su parte, el Malbec madura de forma exquisita, y es el más extendido en el país, así como la variante del torrontés, otro emblemático de la región. Un buen ejemplo en este sentido es la bodega El Esteco, una invitación al placer entre cerros y coloridos viñedos, donde también es posible alojarse. Parte de la Ruta del Vino salteña, ésta y muchas otras bodegas han abierto sus puertas al turismo no sólo para degustaciones o visitas guiadas sino brindando alojamiento y hasta la moderna vinoterapia en algunos de sus spa.

Pero hay vida más allá del vino, y Cafayate se caracteriza por la actividad musical y artística, sobre todo durante el festival folklórico Serenata a Cafayate, al que asisten visitantes y verdaderos genios del rubro de los vientos, desde varios rincones del país. En materia de excursiones, el desafío lleva a las cinco cascadas del río Colorado, un trekking de varias horas por paisajes conmovedores. Aunque algunos aseguran que hay ocultas cuatro más, llegar sólo a la tercera implica unas tres horas de caminata por cortaderas de vegetación árida, donde los cardones muestran el esplendor de sus espinas y hay que trepar, descender e inclinarse constantemente, camino de las vertientes. Al llegar, el premio es un frío pero fabuloso chapuzón en los espejos de agua formados por la caída, todo un bautismo de altura. Otra de las visitas necesarias para conocer realmente Cafayate es la Quebrada de las Conchas, donde se encuentra un tramo del legendario camino incaico, construido para el tránsito pedestre de hombres y llamas, cuando trasladaban minerales y productos comestibles entre las diferentes regiones de aquel imperio.

Por Pablo Donadio para Página 12, domingo 24 de enero de 2010.

viernes, 22 de enero de 2010

La Gran Muralla... de chocolate!

Este monumento emblemático y los Guerreros de Terracota, dos clásicos del arte universal, se podrán ver, oler y comer en el Parque Temático de Chocolate de Pekín


Pekín. (EFE).- La Gran Muralla y los Guerreros de Terracota, dos clásicos chinos del arte universal, se podrán ver, oler y comer en el Parque Temático de Chocolate de Pekín, que abrirá sus puertas el próximo 29 de este mes, ya que ambos hitos históricos han sido representados para esta exposición en masa de cacao belga.

Una representación de la Gran Muralla de 12 metros de longitud y compuesta por siete toneladas de chocolate es uno de los mayores reclamos del parque temático de chocolate de Pekín, situado en una plaza al norte del Nido (Estadio Olímpico) que hasta el próximo 10 de abril espera recibir entre 10.000 y 20.000 visitantes.

Las primeras 500 personas que acudan a esta instalación de 20.000 metros cuadrados, inspirada en la obra de Roald Dahl "Charlie y la fábrica de chocolate" y sus películas homónimas, podrán saborear la réplica de la Gran Muralla cuando en la entrada les entreguen un pequeño trozo de la estructura que representa esta fortaleza milenaria.



La fortificación de chocolate se encuentra en uno de los cinco pabellones que conforman el parque y junto a ella se encuentran, empequeñecidos, guerreros idénticos a los 7.000 que vigilaron la tumba secreta de Qinshihuang, el primer emperador de China, en Xian (provincia norteña de Shaanxi).



Los verdaderos soldados son a tamaño natural, mientras que los de cacao de Pekín miden unos 20 centímetros de altura y forman un conjunto de, aproximadamente, 1.000 figuras.

Además de este gran grupo, hay otros tres guerreros que sí mantienen la escala humana, igual que los reales, y que dan la bienvenida al visitante con el intenso olor a chocolate que desprenden de su cuerpo.

El parque no sólo alberga estos dos mitos históricos, sino también porcelanas chinas de la dinastía Ming y prendas tradicionales convertidas en dulces.



Asimismo, la exposición dedica rincones a los momentos y artilugios correspondientes a la vida moderna del gigante asiático, desde calzado y animales domésticos a un coche de tamaño natural (el primero así en la historia de China), pasando por la imagen de un baloncestista en volandas que marca una entrada para lanzar el balón a canasta.

La creadora de la idea de construir este parque, Zheng Yaoqing, explicó a Efe que la instalación expone varios temas.

"Uno es el chocolate en el mundo y el patrimonio de China. También hay otra zona dedicada a la moda y a la vida moderna, incluyendo vehículos, aviones, ocio y deporte", añadió Zheng.

Las imitaciones se mantendrán a una temperatura de 18 grados bajo cero bajo la supervisión de un grupo de técnicos.

El objetivo de los responsables del parque, cuya planificación ha supuesto dos años de trabajo y el empleo de 80 toneladas de cacao, es que éste se convierta en un "símbolo" de Pekín durante los meses de invierno.

Así, también habrá una tienda en la que comprar chocolate y los visitantes podrán observar cómo es el proceso de elaboración de caramelos artísticos procedentes de los cinco continentes que llevarán a cabo profesionales especializados en la materia e, incluso, participar en su realización.

La entrada al parque costará 80 yuanes (11,7 dólares y 8,2 euros) para los adultos y 60 (8,7 dólares y 6,2 euros) para los ancianos y niños.



El chocolate llega con fuerza este mes a China, ya que, además de la apertura del parque de Pekín, una iniciativa de chocolateros franceses ha inaugurado el primer salón de este dulce en la ciudad de Shangai con el objetivo de seducir a los jóvenes chinos con un producto más dulce que el que fabrican en Francia en respuesta a los gustos locales.

Los chinos, por tradición, no son grandes consumidores de chocolate porque era un producto prácticamente desconocido para ellos hasta hace unas décadas, cuando este dulce se popularizó entre las generaciones más jóvenes y abiertas a la influencia cultural occidental.

Eva Garrido para La Nacion on line.

jueves, 21 de enero de 2010

Últimos Lugares... Punta Cana te espera!

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Córdoba... Mediterránea y Universal

Poco conformes con el mérito de tener la impronta del Che, darse chapa con un ajedrez gigante y tener ruinas que son Patrimonio de la Humanidad, la capital codobesa y otras ciudades próximas constituyen un modelo de cómo pensar un turismo que incluya a todos.



Las piezas encajan perfectas, como en un rompecabezas. No es posible entender la majestuosidad de Córdoba sin ver la foto final. Alcanza con agrupar algunos lugares separados por distancias cortas para descubrir sierras, valles, ríos, paseos históricos y festivales autóctonos. Hay quienes definen el cuadro de situación como el “efecto derrame”: la apuesta es seducir al turista con un sitio como base de las vacaciones, pero abrir el abanico para desandar los otros encantos cercanos.

Los que buscan vida de ciudad para visitar museos y cultura pueden alternar con incursiones gastronómicas a Villa General Belgrano, por ejemplo. O aquellos que van a conocer los valles de Alta Gracia y su microclima no dejan de recorrer la vecina y pintoresca La Cumbrecita, primer pueblo peatonal de la Argentina. Para la noche, Córdoba sube a la pasarela a su vedette del verano: Villa Carlos Paz.


Prohibido asfaltar. Difícilmente existe un lugar en el mundo más natural que La Cumbrecita. Virgen de cemento, esta peatonal de tierra –no circulan autos– goza de la impronta de una pequeña aldea de Europa del Este. Al visitante se le recuerda que “se encuentra dentro de una reserva natural” y que será “pasible de multa entre 100 y 500 pesos toda aquella persona que corte o dañe cualquier especie de la flora local”. El respeto hacia la naturaleza se traslada también a la convivencia, en la que los riesgos y los robos están reducidos a una expresión mínima que ni siquiera representa un problema. Otro sello distintivo es la precisión: un cartel tallado en madera anuncia que el baño público se encuentra a 69 metros.

A unos 20 minutos de caminata se encuentra un paseo que no se recorre sin sentir adrenalina. Es el Peñón del Aguila, que por 50 o 65 pesos ofrece una tirolesa (traslado en posición horizontal, a través de un cable carril) como parte del montaje para el ecoturismo.



En el menú de La Cumbrecita también hay pesca deportiva y la estrella es la trucha, que le da nombre al lago principal. Se recomienda no dejar de pasar por la cascada grande, donde se forma una olla de nueve metros de profundidad, ciento por ciento apta para el chapuzón. El pintoresco pueblo también atrae con la Plaza del Ajedrez, donde se juega con piezas gigantes movidas entre los jugadores que suelen pararse sobre el tablero de mosaicos.

Realizar cualquier actividad sin amenaza de lluvia es tan factible que las gacetillas oficiales aseguran que “el turista puede gozar de 300 días soleados al año”.

La Villa cuenta con una variada oferta de alojamiento. La lista incluye hoteles, cabañas y hosterías, con la particularidad de que la mayoría son sitios atendidos por sus dueños.

De día, la recomendación es recorrer el valle o dejarse envolver por el paseo Pozo Verde-Cerro Mirador. Allí hay una caminata de dos horas por el arroyo, en medio de la quebrada Zarzamora. Otra opción es hacerlo a caballo.

La patria chica del Che.


Quienes hoy van a la pintoresca ciudad de Alta Gracia, de 37 mil habitantes, sepan que se encuentran en la puerta de acceso a los encantadores valles de Paravachasca y Calamuchita. Dentro de la galería de imágenes históricas de la zona, se destaca la presencia de las ruinas jesuíticas, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Pero además de las joyas naturales de Alta Gracia, el destino se impone por una pieza de colección urbana: la casa donde Ernesto Guevara vivió durante la mayor cantidad de tiempo, en la calle Avellaneda al 500. Hoy, museo y lugar de emoción para los amantes de la historia reciente, las imágenes y los objetos que allí se atesoran reivindican con cuidadoso detalle los momentos más gloriosos de un hombre al servicio de la revolución. Un dato curioso: no hay evidencia fotográfica ni documento alguno que retrate la muerte del Che. “Es a pedido de sus hijos. Ellos dicen que el padre sigue vivo en las ideas”, explica el guía. Guevara pasó la infancia en Alta Gracia, consecuencia del asma, que requería un sitio de clima seco.




El mapa cultural de la ciudad se completa con las edificaciones que ladean la plaza central, donde se encuentra abierta al recorrido turístico lo que alguna vez fue la casa del virrey Liniers. Justo frente al Tajamar, el dique artificial que engalana el casco histórico de Alta Gracia.

Armonioso en paisaje y ritmo de vida, este sitio ubicado a 38 kilómetros de la capital de la provincia tiene la calma de una siesta al aire libre, con un clima ideal.


No sólo por la vista.


La Fiesta Nacional de la Cerveza es la carta de presentación de Villa General Belgrano. Pero la red para atrapar turistas trasciende la espuma del distintivo producto artesanal. Además del Oktoberfest (que también se repite durante algunos fines de semana de enero y febrero), Villa General Belgrano presenta una fachada de estilo alemán. La municipalidad exige que se respete esa peculiar estética constructiva, al punto que empresas internacionales han tenido que adecuarse a carteles de madera para promocionar su marca en lugar de los habituales letreros luminosos. Dentro de ese concepto, también se recrean tradiciones centroeuropeas, como los espectáculos de la búsqueda de huevos de Pascua (altamente recomendables los chocolates de la zona), escondidos por la Coneja. O el desfile de farolitos que protagonizan los más chicos por las calles del centro.

Rico en naturaleza y con alto nivel gastronómico, Villa General Belgrano tiene un doble sentido: entra por la vista y gusta por el paladar.


Le agregan glamour.


A la Córdoba bella en paisaje se ha sumado en los últimos años el eslabón turístico de la capital, muy renovada. El maquillaje de mayor producción hace foco en el Paseo Buen Pastor, revitalizado desde 2007. Allí se preservaron edificios originales, ahora restaurados como museos. Es justamente en Nueva Córdoba (Hipólito Yrigoyen 325) donde antes estaba la ex cárcel de mujeres, donde se rinde homenaje a las presidiarias que sufrieron las torturas de la dictadura. Además, se revalorizó la capilla central y se les volvió a otorgar identidad a otros sectores culturales (como los claustros), que son parte de esta superficie de 10.396 metros cuadrados.

El corredor cultural está pensado para que incluso se pueda comer en el lugar. Restaurantes con buena vista permiten durante el almuerzo o la cena apreciar las aguas danzantes y los espacios verdes, intercalados entre joyas arquitectónicas como la Iglesia de los Capuchinos.

Cuando las luces artificiales se encienden, la ciudad ofrece bares y boliches. Pero para sentirse en la capital nacional del fernet, hay que probar el trago servido en vasos XL.

Para completar el combo de noche cordobesa, la sugerencia es asistir a algún “baile” de La Barra (casi siempre actúan en El Colono), el grupo cuartetero de moda.

Sin embargo, también se recomienda conocer la noche de Carlos Paz, a 36 kilómetros, donde los cordobeses se jactan de contar con las más taquilleras obras teatrales.

Recién entonces, el rompecabezas cordobés estará listo, sin piezas sueltas.


Provincia modelo


En Córdoba, la palabra “todos” comienza a cobrar su real dimensión. Que se entienda: la pretensión es que el turista con capacidades diferentes pueda incorporarse a los variados circuitos y atractivos del lugar, “no como sujeto de servicios especiales segregado del resto”, según consignan la Agencia Córdoba Turismo y la Secretaría de Inclusión Social del Gobierno de la Provincia.

La cruzada se impulsa bajo el lema “Córdoba, un destino accesible”. Más allá de su gran capacidad hotelera (la provincia dispone del 10 por ciento del total de plazas del país) y la renovada conexión con Buenos Aires (sólo hay 36 kilómetros de los 700 que no son por autopista), el término “accesible” apunta a la inclusión social. Es decir, que el medio se adapte a las diferentes capacidades de las personas. Por ejemplo, Alta Gracia presentó la primera muestra escultórica para ciegos. Y La Cumbre fue designada como localidad turística modelo, por sus reformas urbanas, que incluyeron la eliminación de obstáculos dentro de la ciudad, la construcción de veinte rampas para discapacitados, además de instruir a los informantes turísticos.

Además, en esta ciudad se experimentan bastones inteligentes y un sistema de senda de tránsito para no videntes a base de botoneras sensibles conectadas a una base central. “La idea es que nadie se pierda de disfrutar Córdoba”, resume Gustavo Santos, presidente de la Agencia Córdoba Turismo. Ese es el costado social que la provincia, de a poco, empieza a desandar.


Por Marcelo Rodriguez para Diario Perfil, sábado 16 de enero de 2010

miércoles, 20 de enero de 2010

A Brasil.... en Crucero!

Dos recorridos en cruceros con proa a Río de Janeiro. Claves y mitos de la vida a bordo de estos grandes hoteles flotantes cada vez más populares



Los cruceros a Brasil van en camino de convertirse en otro clásico del verano. Cada temporada crece significativamente la cantidad de cruceristas que se embarcan en el puerto de Buenos Aires. El año último, por ejemplo, se estimó en 50.000 y este verano los representantes de las navieras calculan que ascenderá a 75.000, un 50 por ciento más.

También los números son auspiciosos en la terminal porteña Benito Quinquela Martín, que cada año bate un nuevo récord en cuanto a la llegada de navíos; esta vuelta se esperan alrededor de 140 barcos.

La comodidad de embarcar en la propia ciudad, sin aeropuertos y viajes mediante, las fantasías que despiertan los cruceros y las tarifas promocionales, con importantes descuentos por compra anticipada, son algunas claves del éxito de estos productos.


Las alternativas para embarcar en Buenos Aires con destino a las playas brasileñas están lideradas por las propuestas de MSC Cruceros y Costa Cruceros (aunque hay otras opciones), dos grandes navieras europeas que apuestan por el mercado argentino y ofrecen productos similares: recorridos hacia Brasil con salida y retorno a Buenos Aires en grandes barcos adaptados al gusto local. También minicruceros a Punta del Este.





Nos embarcamos en el MSC Armonía y en el Costa Mágica para contar las particularidades de cada uno, la vida a bordo y la inigualable experiencia de descubrir Río de Janeiro desde la cubierta del barco.

Chicos a bordo
La bandeja repleta de papas fritas calentitas y crujientes duró apenas unos segundos. Las manos ansiosas de cinco chicos se encargaron de atraparlas una a una a velocidad luz. Ya habían almorzado con la familia, pero ahora, solos en el Junior´s Club del puente 12 del MSC Armonía, con una vista impresionante del mar, en plena navegación, disfrutaban de su mejor momento, lejos de la mirada de los adultos. Faltaba todavía un rato para que empiecen los juegos con animación que cada día tienen programados, pero ellos ya estaban en su salsa y entre papas y papas se entusiasmaron con hablar sobre el crucero, que cada semana zarpa del puerto de Buenos Aires rumbo a Río de Janeiro y otras playas brasileñas.

"Yo quería viajar en avión, entonces mamá se puso a averiguar y finalmente llegamos al barco, pero fue mucho mejor, porque el vuelo hubiera durado como mucho un par de horas y así dura una semana", cuenta Ivo, de 8 años, con un razonamiento muy lógico, por cierto. Enseguida se encarga de recomendar contundentemente las hamburguesas que cocinan en el barco, que asegura que son de las mejores que probó en su corta vida.

Andrés, de 7 siete, ya sabía bastante de la vida en alta mar: " Veo Zack y Cody, gemelos a bordo y me encanta, yo también quería hacer un crucero", pero aclara que se porta mejor que los traviesos protagonistas de la serie.

A Lautaro, de 8, le encanta tener libertad propia, no le gusta cuando el barco se mueve y tampoco que no lo dejen quedarse eternamente en el jacuzzi.

Todos coinciden en que lo mejor es la pileta con agua de mar, cuando otra bandeja enorme de papas obliga a dar por terminada la charla.

Vidas paralelas
En el crucero los chicos, si quieren, pueden vivir en una realidad paralela a la de los padres. Todo está preparado para que se muevan con total libertad y seguridad, con propuestas adaptadas a diferentes edades.

"Las actividades para los menores se dividen en tres: Mini Club, de 3 a 6 años; el Junior´s Club, de 7 a 12, y el Teen´s Club, de 13 a 17, con una fuerte programación para que los chicos estén con nosotros", explica Alejandra Ladrón de Guevara, directora del crucero. "El barco está pensado como un crucero para adultos con mucho espacio para chicos. En los meses de vacaciones alrededor del 30 por ciento de los pasajeros son menores."

En el Mini Club un gran pelotero con vista al mar y maestras jardineras reciben a los chicos. Para quedarse solos tienen que tener más de tres años. Los más chiquitos pueden ir, pero uno de los padres se tiene que quedar con ellos. Abre tres veces por día (mañana, tarde y noche) y ofrece juegos recreativos, música y dibujos.

En el Junior´s Club las propuestas incluyen torneos de ping-pong, metegol, fiesta de la pizza, baile de disfraces y juegos deportivos.

Las actividades de los más grandes, los del Teen´s, se orientan al deporte, con competencias de fútbol y básquet y noches de disco. Ellos son los habitués más fieles y los mayores de 14 se pueden quedar hasta tarde.




A la hora de la comida, sobre todo de la cena, que es a la carta, en un menú de cinco pasos, siempre hay opciones que se adaptan a los gustos infantiles, como fideos, pollo y hamburguesas.

La cubierta superior, donde están las piletas, las reposeras, los bares y el restaurante buffet, es sumamente segura para los chicos. Es un espacio cerrado, con vidrios del piso al techo; en cambio, la última cubierta, en forma de anillo, tiene las típicas barandas al mar, más peligrosas. Además, teatro, pileta y todo lo demás, por supuesto, excluido el casino, no apto para menores.



Noche de estrellas
Otra, otra. La platea, especialmente femenina, aclamaba fervorosamente por más. Era una noche perfecta, con estrellas, calor y el skyline de Río de Janeiro que todavía perduraba en la retina, aunque el barco hacía un par de horas que navegaba plácidamente. La Fiesta Blanca en la cubierta, con un gran buffet de medianoche, invitaba a quedarse y seguir escuchando las canciones de Guillermo Guido, indiscutiblemente el artista que más convoca en el barco.

Guido se presenta todas las noches en diferentes escenarios del barco como teatro, bares o hasta en la cubierta, como en este caso, y siempre con lleno total. El repertorio es variado: una vez tango, otra canciones melódicas y hasta hace de tenor.

"Acá se te trastoca al realidad, creés que el mundo es éste; me siento un poco como en los años 80, la gente es especial, muy afectuosa", cuenta Guido y resalta: "Voy a cantar 156 noches seguidas". Esta es la segunda temporada a bordo; permanecerá embarcado hasta el 19 de abril.

Guido es seguramente la figura más conocida, pero el equipo de artistas es amplio. Todas las noches en el teatro La Fenice se presenta un show diferente. Musicales, varieté, acrobáticos de tango y hasta de magia. Feel the R eal Magic es el espectáculo de Luca Volpe, italiano, de ojos azules, que se presenta con Rebecca, su asistente y novia. Hace 8 años que trabaja en cruceros y es más un ilusionista que un mago de galeras y conejos, aunque siempre anda con un mazo de cartas en la manga para sorprender a su interlocutor. Y en su show no falta la chica que desaparece o que levanta vuelo.

Tiene las manos aseguradas en un millón de euros y todas las ilusiones protegidas en un registro de la propiedad.

Además del teatro, a toda hora el equipo de animación tiene alguna propuesta, como bailes en la pileta, juegos para todos los gustos y por la noche actividades en los salones y bares.

Esta temporada 27 argentinos integran el equipo de entretenimiento del MSC Armonía y todas las actividades son en español, porque el barco está orientado al gusto argentino.



La vida en alta mar
Al principio cuesta adaptarse al barco, orientarse y no caminar sin rumbo por los extensos pasillos, pero después del primer día las cosas se vuelven más sencillas.

El crucero es como un hotel, pero con reglas más estrictas. Hay que respetar los procedimientos de embarque y desembarque y los horarios de las comidas. Para almuerzo hay dos opciones: buffet o a la carta; la cena es a la carta, con dos horarios que se establecen al momento de embarcar (a las 20 y a las 22.15) y son muy difíciles de cambiar.

En general, el segundo turno es el más solicitado, pero el primero, aunque uno no esté acostumbrado a cenar tan temprano, resulta más práctico, sobre todo para los que viajan con niños. Y, además, hay que llegar puntual, porque 15 minutos después se cierran las puertas. Con más de 2000 pasajeros, las cosas funcionan lógicamente, con un buena organización.

Otro de los rituales de la vida a bordo es la noche de gala. Este verano, el capitán Giuseppe Maresca organizó dos noches especiales en cada salida. Estas son las ocasiones ideales para ponerse un buen vestido ellas, un traje ellos y cumplir con la tradición de estrecharle la mano y sacarse una foto con el capitán. Por supuesto que nada es obligatorio y el que no desea participar, puede optar por el buffet alternativo de La Brasserie, que abre todas las noches en paralelo a los turnos de cena.

Todas las noches por debajo de la cabina se entrega el programa del día, donde están detalladas todas las actividades, los horarios, los lugares y las escalas. Aunque en las vacaciones nadie quiere seguir una agenda, vale la pena darle una hojeada para no caer con bermudas en la noche de gala.

Carta de navegación
Embarcar en Buenos Aires, a pesar de la desorganización del puerto, es un alivio, sin aviones, esperas en aeropuertos o embotellamientos en la ruta.

Apenas se pone un pie en el barco comienzan las vacaciones, la música suena en la cubierta, la pileta espera los primeros chapuzones y la cabina está lista para relajarse con vista al mar.

Lo que todos esperan con ansiedad son las escalas en Brasil. Después de que el puerto de Buenos Aires queda atrás, se emprenden dos largos días de navegación, a veces con algunas turbulencias y mareos que se superan con Dramamine.

El tercer día se pisa tierra firme. Las escalas son en Ilha Grande, Búzios, Río de Janeiro, Ilhabela y Punta del Este. En todos los casos, con excepción de Río, el barco queda en rada (tira el ancla lejos de la costa) y los descensos se realizan en lanchas. Es todo un operativo y si se quiere aprovechar el día hay que estar atento para sacar número porque las lanchas son numeradas y se baja por turno.

El crucero ofrece excursiones, pero perfectamente en todas las escalas se puede pasear en forma independiente.



En Ilha Grande, en Angra dos Reis, al sur de Río, a pesar del alud de Año Nuevo, las escalas se siguen haciendo con normalidad porque el accidente fue muy lejos de Vila do Abraão, el centro de la isla.

Desde allí se puede tomar un taxiboat a alguna de las playas y después recorrer las tranquilas calles de arena del pueblo, invadido de cruceristas.

En Buzios la propuesta es similar. Como son escalas de todo el día, alcanza el tiempo para echarse panza arriba en la arena, disfrutar del agua y de una rica caipirinha, siempre lista en los bares playeros.

El muelle en Río de Janeiro está a pasos del centro, quizás una de las zonas menos turísticas, pero en la avenida Rio Branco, muy cerca de la terminal portuaria, circulan colectivos con amplios recorridos. En menos de media hora, si el tránsito acompaña, se llega a Copacabana.

Tanto en Ilhabela, una isla con buenas playas y mucha vegetación, como en Punta del Este las escalas son más cortas, por lo que conviene no alejarse demasiado de los muelles para no perder tiempo en traslados.

Por Andrea Ventura para La Nación, Domingo 17 de enero de 2010.

martes, 19 de enero de 2010

Slow Travel... la mejor manera de viajar!

El "viaje lento", la tendencia que crece y propone una conexión más profunda con cada destino.



Caminar sin rumbo por una ciudad, tomarse todo el tiempo para un buen desayuno bajo un sol tibio, o sentarse una larga una tarde en un café a tomar algo, leer, charlar o, simplemente, ver a la gente pasar. A primera vista, éstos parecen "lujos" que un turista difícilmente podría permitirse, preocupado por conocer la mayor cantidad de lugares en el menor tiempo. Sin embargo, la tendencia crece entre viajeros: el slow travel, o viaje lento, surgió como una derivación del movimiento Slow Food, una reacción al avance de la comida chatarra y súper industrializada. El lema principal: todo lo bueno requiere tiempo, y vale la pena tomárselo.

En su inicio, el movimiento slow buscó impedir la desaparición de tradiciones gastronómicas locales y combatir la falta de interés por la nutrición y los sabores, pero en verdad va mucho más allá. En su filosofía más abarcativa, propone nada menos que tomar el control de nuestro tiempo, en lugar de vivir bajo su tiranía, buscar el equilibrio entre las obligaciones y los placeres, como gozar de la familia, de una caminata, de una comida sabrosa y saludable. O de un viaje.



Porque así como Slow Food propone saborear la comida, slow travel sugiere hacer lo mismo con los viajes: no atravesar 15 países en 20 días, sacando fotos desde la ventanilla, bajando en los sitios prearmados para el turismo o "tachando" lugares de la lista de imperdibles que propone una guía. No, la idea es justamente la contraria: "degustar" lentamente un lugar a un ritmo propio, conectarse con sus habitantes y animarse a ser parte de la comunidad que se visita. Es una experiencia que privilegia la calidad sobre la cantidad. No "conocer más" sino "conocer mejor". Y eso implica más tiempo.

Por eso, el slow travel adquiere sentido cuando podemos -o decidimos- quedarnos varios días en un mismo sitio. O hacer una segunda o tercera visita al mismo lugar. Entonces empezamos a conocerlo mejor, a encontrar esos recovecos que nos reconfortan, esas conversaciones pausadas que nos acercan al alma local.



Aunque pueden encontrarse algunas agencias de viaje que ofrecen salidas "slow" o destinos que se proponen como tal, en realidad se trata más de una actitud, de una forma de encarar un viaje: se puede ser un viajero slow aun en la ciudad más acelerada. Para ello hay que cambiar aspectos culturales y tener en cuenta algunas claves, como disfrutar del viaje tanto como del destino, preferir medios de transporte "lentos" y amigables con el medio ambiente -tren, bicicleta, caminata-, o buscar alojamientos pequeños o rurales, en los que el trato sea personalizado.

Además, el viajero slow elige la gastronomía típica y con productos naturales, se toma tiempo para degustar cada plato y prioriza los destinos más cercanos a los lejanos. Visita bares típicos, entabla conversaciones y se dedica a observar -y participar en- la vida cotidiana a su alrededor. No tiene miedo de perderse vagando por ahí ni de dejarse llevar por un cambio de planes espontáneo. Los fundamentos slow se vinculan también con principios ecológicos y de conservación del ambiente: es un turismo responsable, que busca generar el menor impacto posible en el entorno.


Vías verdes


En Europa, el concepto slow travel tiene ya una cierta difusión. España, por ejemplo, busca promocionar los viajes sin prisa a través de una red nacional de rutas y caminos no motorizados, con alojamiento acorde a la filosofía del viaje. El proyecto incluye las Vías Verdes, senderos naturales que circulan por antiguas vías ferroviarias en desuso, caminos históricos y vías pecuarias. El objetivo es mantener "funcionales" caminos ya fuera de uso o poco conocidos y ofrecer servicios alternativos, cuya demanda es cada vez mayor.

Fuente: Clarín, enero 2010

lunes, 18 de enero de 2010

Parque Nacional Perito Moreno, un lugar para descubir en la Patagonia

Crónica de una visita al Parque Nacional Perito Moreno, ubicado en el centro-oeste santacruceño. Pese a ser uno de los menos visitados del país debido a su inhóspito aislamiento, en esta tierra remota donde conviven la estepa más desolada con los bosques andino-patagónicos se encuentran algunos de los paisajes más fascinantes de la Patagonia.



A la vera de la RP 37, un cartel con letras amarillas nos recibe con un optimista “Bienvenidos al Parque Nacional Perito Moreno”. Que bien podría decir “Bienvenidos a la nada”.

Para llegar hasta aquí el punto de partida fue El Calafate, en un vehículo común alquilado para recorrer 470 kilómetros de la fascinante monotonía de la estepa patagónica, esa vasta planicie que nace a los pies de la Cordillera de los Andes y va descendiendo hacia la costa del mar.

A simple vista, el Parque Nacional Perito Moreno, que no es el mismo que protege al glaciar Perito Moreno, las tiene todas en contra: está aislado de todo centro urbano, los caminos de acceso son de ripio y carecen de estaciones de servicio, su vegetación es escasa y achaparrada, el clima es algo frío y ventoso aun en verano, y tiene pocos servicios para el visitante. Sin embargo, para muchos esta lista poco marketinera es una gran virtud, que convierte la región en uno de los rincones más vírgenes y menos conocidos del país. El Perito Moreno es tal vez uno de los Parques Nacionales menos visitados, pero por eso mismo uno de los mejores conservados. En sus 115.000 hectáreas viven no más de 20 personas, incluyendo a los guardaparques, custodios de un paisaje que casi no ha sido modificado por el hombre.

Si bien fue fundado en 1937, el primer guardaparques estable llegó aquí en 1980. Aunque en verdad no era muy urgente, ya que el Parque se cuidaba a sí mismo gracias a un clima inhóspito que lo hace inhabitable en invierno, cuando las temperaturas bajan a 25 grados bajo cero y todo se cubre de nieve. Por esta razón nunca se pudo establecer nadie de manera definitiva en el lugar, salvo los aborígenes, de quienes hay evidencias de que ya anduvieron por la zona seis mil años atrás.

Un curso de agua cruza la aridez de algunos sectores del Parque Nacional Perito Moreno.



En el trayecto final hasta el acceso al Perito Moreno nos cruzamos con muy pocos autos, y el cartel de bienvenida levantó los ánimos de algunos compañeros de viaje algo cansados de la estepa y el ripio. Pero el Parque no es sólo monótona estepa, ya que tiene además dos cadenas de lagos entrelazados con aguas color azul zafiro que rebosan de aves autóctonas y tropillas de guanacos. Y también montañas descomunales que alcanzan los 2300 metros, entre fascinantes formaciones geológicas que se parecen a la Gran Muralla china. Pero todo esto llegará después, en las exploraciones.

LA ORIENTAL Dentro del parque se encuentra la estancia La Oriental, que ya existía antes de la creación del área protegida y se dedica exclusivamente al turismo. Después de atravesar la tranquera camino al casco, en apenas 20 minutos nos cruzamos con una manada de ñandúes corriendo despavoridos, una mulita escurridiza que se escondió entre los pastos y una tropilla de cien guanacos que nos obstruyeron el camino por un rato. En La Oriental nos quedamos tres noches para recorrer el parque en todo su esplendor (es imposible hacer una visita en el día).

Al día siguiente salimos de excursión en una 4x4 de la estancia hasta Piedra Clavada, trepando montañas con la camioneta por senderos muy empinados. A la distancia se veían altas montañas peladas de vegetación y varios lagos con su asombroso color azul oscuro. Y al bajar del vehículo para caminar un poco, íbamos descubriendo a cada paso antiguos trilobites, amonites y restos de troncos petrificados, de los tiempos en que estos suelos fueron primero el fondo del mar y más tarde una selva llena de vida.

Mientras tanto, en la lejanía divisamos dos inexplicables paredes muy largas que subían en paralelo por el filo de la montaña casi hasta la cima, serpenteando igual que la Gran Muralla china. Hasta que llegamos a una de ellas y el guía nos explicó la larga historia de esas formaciones.




Aunque lo parece, la Muralla China no llega hasta la Patagonia. Es una extraña formación natural.



Corría 1923 cuando un viajero que se internó en esta remota zona de la Patagonia buscando la ciudad de oro de Los Césares dio a conocer en los diarios de todo el continente la noticia de que habían hallado los restos de una muralla de 150 metros de largo por 12 de alto, restos que certificaban la remota existencia de aquel Edén del finis terrae donde se conocía el secreto de la inmortalidad. Pero el fantasioso sueño del doctor Wolf se disipó rápido, porque el hallazgo resultó ser en realidad una formación de origen natural que años más tarde los geólogos llamarían “dique basáltico”. La confusión, sin embargo, era comprensible: dada la perfección de sus simetrías, todavía hoy resulta difícil de creer que su origen no sea humano, como una “gran muralla” de torres simétricas ahora fragmentadas por la erosión.

Con la camioneta detenida al pie de uno de esos diques, comenzamos a caminar junto a la extraña formación observando sus “ladrillos” de basalto, que parecen encajados con la exactitud de una pared edificada por el hombre. Pero la explicación es de otro orden, y es natural: hace 65 millones de años, cuando se estaba levantando la cordillera y la Patagonia era un amplio infierno de volcanes en erupción, la lava brotaba a borbotones desde profundas grietas. Un día la lava dejó de salir y sus restos se endurecieron sobre las paredes de las grietas, formándose así los diques basálticos. En los miles de años siguientes, la erosión fue horadando las laderas hasta dejar al descubierto las resistentes paredes de basalto, de notoria semejanza con la Gran Muralla china.





Estancia Menelik. En la vastedad esteparia, un hospedaje casi ineludible para conocer el Parque.



La estancia La Oriental tiene un perfil de casa de campo que se cierra en invierno, con un mobiliario sencillo y agradable. Sus dueños originales fueron unos uruguayos establecidos en la zona entre 1915 y 1918. En la actualidad La Oriental abarca 16.000 hectáreas, de las cuales seis mil están dentro del Parque, bajo la condición de que el sector protegido no tenga ganado sino que ofrezca servicios para el turismo.

Además la estancia ofrece un camping con luz eléctrica, baño y duchas con agua caliente y cocina.

Entre las delicias que no se deben dejar de probar en el lugar recordamos un suculento cordero al asador preparado por Eduardo Lada, el dueño de la estancia, que oficia de anfitrión, cocinero, mecánico, carpintero, guía, chofer y hasta ayudante de limpieza. Y así y todo le queda algo de tiempo para sentarse a la mesa con sus huéspedes y contarles, por ejemplo, la historia de un llamativo colectivo Studebaker 1957 abandonado junto al casco de la estancia, que es una verdadera pieza de museo. Se trata de un colectivo que perteneció a su padre, un vehículo de línea que unía la ciudad costera de San Julián con el remoto caserío de Lago Posadas, en plena Cordillera. Don Manuel Lada, el padre de Eduardo, todavía aparece por la estancia a sus 88 años. Y se lo suele ver con un overol engrasado, luego de hacerle el mantenimiento al generador eléctrico del cual depende todo en el lugar. Don Manuel fue hasta 1964 el dueño, chofer y mecánico de la línea El Cordillerano, compuesta por un solo vehículo, el mismo que decora sin quererlo la estancia La Oriental desde el día en que no quiso arrancar más.

LA ESTANCIA MENELIK La otra alternativa de alojamiento para recorrer el Parque es la estancia Menelik, fuera de sus límites pero muy cerca de los principales circuitos. La estancia tiene un casco nuevo bastante lujoso con habitaciones muy confortables, que se levanta en medio de la soledad esteparia. Su historia se remonta a 1920, cuando un inmigrante alemán llamado Juan Broedner adquirió las tierras para criar ovejas. Con la crisis del campo en la década del ’90, la estancia permaneció cerrada varios años, hasta que en 1998 la adquirió una sociedad que la reabrió para dedicarse al turismo y la ganadería.



En las afueras del Parque, un rebaño de ovejas es arreado hacia la esquila.





Una singularidad de la estancia Menelik son sus dos refugios, bastante económicos, con cinco cuartos de entre seis y diez plazas y varios baños. Muy apartada de los refugios está la casa de huéspedes, con habitaciones dobles y un living con un gran ventanal frente a la estepa vacía.

Por lo general los huéspedes se quedan dos noches. Algunos visitan el Parque Nacional dos veces y también realizan alguna cabalgata o caminata dentro de la estancia, que limita con el parque. Además se observa la vida cotidiana del campo: el amanse de los potros de una tropilla, la esquila de las ovejas o el carneo de una vaca. Todos los viajeros llegan en auto, ya que no hay prestadores que ofrezcan excursiones al parque.

UN PARQUE DIFERENTE El Parque Nacional Perito Moreno fue creado para proteger los ambientes de las provincias biogeográficas de la estepa y de los bosques andino-patagónicos, así como el espacio de transición entre una y otra. Sin embargo, la parte más boscosa del parque no se puede visitar ya que fue declarada reserva natural estricta y sólo se recorre con fines científicos.

El paisaje está compuesto por una sucesión de valles glaciarios con altas montañas, en cuyas partes más bajas hay coloridas lagunas. En ellas, a diferencia del resto de la Patagonia, no se sembraron especies exóticas como la trucha y el salmón. Por eso perduraron los peces autóctonos, como el puyen, la perca y la peladilla. Entre las especies animales protegidas están el huidizo huemul, un ciervo muy pequeño en peligro de extinción, el puma, el zorro, el macá tobiano, que es endémico de Santa Cruz, y unas 80 especies de aves, muchas de ellas migratorias. Pero más allá del valor ecológico inconmensurable del parque, sus paisajes son de una desolada belleza que solamente existe aquí, en la Patagonia más profunda, remota y virginal.

Por Julián Varsavsky para Página 12, domingo 17 de enero de 2010.

viernes, 15 de enero de 2010

Rosario, la que siempre está cerca

A orillas del Paraná, los encantadores recorridos que proponen el casco histórico, los parques y la Costanera.



La oferta turística de Rosario parece estar a mano. Pero es sólo un espejismo en esta ciudad del sur de Santa Fe, que no da respiro ni tiempo. Los atractivos se encadenan en la costanera -desde el puerto hasta la playa La Florida-, demandan atención en el casco histórico, llenan los ojos a lo largo del señorial bulevar Oroño y, finalmente, inducen a delinear un itinerario nocturno que vincule el barrio Pichincha con la costa norte. Por si le faltaba una pata para afirmarse mejor, ahora cuenta con un monumental Casino, que impacta de entrada en la zona sur, donde se diluye la autopista que sube desde Buenos Aires codo a codo con el Paraná.



Enseguida, en esta época de calores impiadosos, el Parque Independencia asoma como el más refrescante pulmón. Creado en 1902, mantiene esa sugestiva combinación de sitios clásicos y antiguos con perfumados rincones verdes. Alrededor del estadio Marcelo Bielsa de Newell's Old Boys -contracara del Gigante de Arroyito, que Rosario Central ostenta cerca del río y el barrio Alberdi-, un lago induce a improvisar un romántico paseo en bote, con escalas en un puente y el Rosedal.


Boulevar Oroño


El parque es una fiesta a toda hora para los chicos, que, además, cuentan en el Jardín de los Niños con un programa que combina juegos, misterio, poesía y la sala de inventos Da Vinci. Dejo agendado para la caída del sol el espectáculo de las aguas danzantes.

Aminoro la marcha del auto después de cruzar la avenida Pellegrini, hasta que -perplejo ante las elegantes mansiones de la década del 20 que engalanan las dos veredas de Oroño- sigo la marcha a pie. Son más de quince cuadras para el regodeo, en las que bares modernos, árboles centenarios, bancos y pérgolas complementan la secuencia de detalles racionalistas y art decó.

Rosario vibra con fuerza en la peatonal Córdoba. También aquí afloran diferentes estilos arquitectónicos de los siglos XIX y XX. El Paseo del Siglo revela rasgos renacentistas y neogóticos mezclados con barroco francés, art nouveau y expresionismo alemán. Relucen las fachadas de la Bolsa de Comercio, la tienda La Favorita y el edificio Los Gobelinos.

En pleno microcentro, los rosarinos supieron transformar en un seductor vergel el terreno donde en 1869 fue establecido el Pago de los Arroyos, luego bautizado Villa del Rosario. Ahora brilla con sus flores y senderos la plaza 25 de Mayo. Enfrente, sobre la puerta de madera de la Catedral, un vitral ilustra el primer izamiento de la bandera nacional sobre las barrancas, una gesta que encabezó Manuel Belgrano en 1812.




Bar El Cairo


Unos pasos llevan desde ese sitio con historia fuerte hasta el Monumento a la Bandera, por el pasaje Juramento. Una cascada acaricia un conjunto de esculturas de Lola Mora y el Propileo (templo griego sostenido por columnas rectangulares) resguarda una llama votiva y el Museo de las Banderas. La torre central emerge frente al río y la isla del Espinillo y cada atardecer un ascensor conduce hasta el mirador, a 70 m.

En las alturas, el emblema mayor de la ciudad comparte espacio con las cúpulas del pasado, que en Rosario siguen encumbradas dignamente junto a los edificios modernos. Entre esas celebridades sin fecha de vencimiento, las reminiscencias neoclásicas francesas del hotel Esplendor Savoy -plasmadas en 1910 en el frente, el piso de madera, mosaicos, molduras y muebles- fueron restauradas y este ícono insoslayable fue reabierto en abril de 2009.

El perfil amigable de Rosario y su gente se puede degustar en el bar El Cairo. Para honrar la fama del lugar -era frecuentado por Fontanarrosa y sus amigos y también recibió a Joan Manuel Serrat-, pruebo un Carlitos (tostado de jamón y queso con ketchup). Desde 1943, El Cairo se ganó un lugar en el gusto popular como un café con billar, que frecuentaban periodistas, artistas, jóvenes intelectuales y soñadores para departir sobre fútbol, mujeres y política. En ese orden.

Cruzando Pichincha -décadas atrás, barrio orillero de burdeles y pendencieros, donde vivió su infancia el capocómico Alberto Olmedo-, la Costanera gana en belleza con las pérgolas, flores y juegos del Parque Alem, el corazón del barrio Alberdi. Lujosos chalés se posan sobre la barranca y una seguidilla de boliches y bares se alarga hasta el balneario La Florida. El suntuoso palacio Villa Hortensia, del siglo XIX, ofrece muestras gratuitas de arte.



Villa Hortensia


El mirador de Costa Alta regala dos perspectivas impactantes de la ribera: por un lado, el sendero de 600 m del Paseo del Caminante, que conecta con un muelle abarrotado de pescadores que ingresa 50 m en el agua. La pasarela y sus visitantes parecen empequeñecerse ante la intimidante mole del puente Rosario-Victoria. Al sur, la playa y las lanchas de pasajeros que apuntan hacia los recreos isleños ocupan el primer plano. A lo lejos se adivinan los edificios de la ciudad, borroneada a 5 km pero vital, con su carácter inquebrantable.

Cristian Sirouyan para Diario Clarín, sábado 9 de enero de 2010

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