miércoles, 5 de enero de 2011

El Mar Irresistible... Temporada en la Costa

Clásico entre clásicos, hablar de vacaciones veraniegas y de playa es lo mismo para gran parte de los turistas, que se acercan tanto a los tradicionales balnearios rebosantes de servicios como a las crecientes playitas alejadas del bullicio. Un repaso de punta a punta, entre olas y días costeros, por esos lugares que despiertan una inexorable seducción.




Todos coinciden: será una muy buena temporada. Tanto por el clima económico general como por las reservas confirmadas, y porque la costa nunca pierde su encanto, que fusiona en no muchos kilómetros tranquilidad y ritmo arrollador, tumultos juveniles y andares relajados, viajecitos gasoleros y prestaciones premium. Algunos van más allá y arriesgan que este verano marcará registros históricos en la recepción de turistas. Aquí un repaso sobre las típicas ciudades balnearias –como Mar del Plata, Miramar, Pinamar o Villa Gesell– hasta llegar a balnearios menos poblados, como Mar de Cobo, Orense o Las Gaviotas, que van ganando adeptos camino de la Autovía 2 y sus desvíos.


Sombrillas al borde del mar. La postal más veraniega de la costa bonaerense.

ESA BATALLA Los precios son el tema de cada verano. Por eso los organismos intentan acordar con agentes inmobiliarios y prestadores en general una suba “que no mate al turista local y lo incite a elegir otros destinos”, según sus propias palabras. Claro que en tiempos de bonanza parece imposible una suba leve, más si la diferencia cambiaria sigue siendo positiva respecto de otras costas tentadoras, como la brasileña y uruguaya. Pese a que se registran subas de entre un 20% y un 30%, desde el Emtur de Mar del Plata se confirmó que el aumento sugerido fue de un 10%, sobre todo hacia la hotelería, aunque los números han quedado por encima, en particular en recreación, gastronomía y balnearios. “También es cierto que acá es imposible dar un número estricto, porque al ser la ciudad más competitiva de la costa tenés una variedad enorme: podés comer rabas por 20 pesos en un parador playero, y pagarlas 70 en un restaurante del puerto. Y no es lo mismo un dos ambientes del centro que uno con bajada a Playa Grande”, explica Maximiliano Escalisi, del mismo Ente. La misma sugerencia llegó a otros distritos, como Mar Chiquita, Miramar y Gesell, pero todos hablan de “base de precios” y no de “topes”.


DESDE EL NORTE Asumido el precio del descanso, sólo queda disfrutar. Pegaditas a la Bahía de Samborombón, San Clemente del Tuyú, Santa Teresita y San Bernardo son las tres primeras urbes de importancia en cuanto a servicios gastronómicos, hoteleros y de agenda recreativa del norte bonaerense. Hay que tomar la Autovía 2 y empalmar con la R63 y la Interbalnearia 11 para llegar al siempre imponente Mundo Marino, el primer parque temático del país y el Oceanario más grande de América del Sur, quizá la mayor atracción de San Clemente junto a sus Termas Marinas. Aquí cada viernes se realizará de manera gratuita el Festival Folclórico del Tuyú, y los sábados habrá bandas como Catupecu Machu, Los Pericos, Los Cafres y La Mancha de Rolando, mientras se ha anunciado para febrero la presencia de Iñaki Urlezaga en el Festival de Danza de Mar. De Santa Teresita hay que destacar su concurrido centro, cuando la Calle 2 se torna peatonal a partir de las 20 y todo es disfrute a pleno entre comercios de productos regionales, restaurantes, entretenimientos, teatros y librerías. La visita a la réplica de la carabela Santa María y el Camino del Jagüel son dos propuestas interesantes de la ciudad, además de la playa. San Bernardo muestra con fuerza ese mix de calma cotidiana en el andar, con calles arboladas y amplias franjas de arena, conviviendo sin perturbaciones con importantes edificios, confiterías y pubs llenos, extendidos a lo largo de las avenidas San Bernardo y Chiozza. Allí hay que visitar el Museo de la Fundación y las instalaciones del legendario Observatorio de la Costa. Las Toninas, Costa del Este, Aguas Verdes, Costa Azul, La Lucila del Mar, Mar de Ajó y Nueva Atlantis rodean como balnearios alternativos y menos poblados a estas tres grandes, dando el primer pantallazo de un clásico extendido de punta a punta: las playas aledañas a las capitales costeras crecen sin pausa (Aguas Verdes en visitas, Mar de Ajó con su casino), tratando de mantener la esencia de villa balnearia, donde son posibles los paseos con chicos y la lectura orillera.


La plaza Colón de Mar del Plata, frente al casino y al pie de la peatonal San Martín.

POR LOS BOSQUES Siguiendo la costa hacia el sur llegan las cuatro localidades “y media” del partido de Pinamar: su ciudad homónima, Ostende, Valeria del Mar, Cariló y la naciente Montecarlo. Ese fluctuar entre el ritmo de las grandes ciudades y las costumbres de pequeños destinos se hace aún más fuerte aquí. Pinamar es de por sí una fija cada verano, producto de su historia y belleza, con lugares encantadores hacia las afueras, donde las dunas se han vuelto calles que van y vienen entre caserones y montes. Pero lo que llama aquí es la movida céntrica, parecida en onda y visitantes al microcentro porteño, con un centro comercial pequeño pero que compite en marcas y servicios con la propia Buenos Aires, y con balnearios que poseen piletas y chiringuitos dentro del agua, como en el inmortal CR, y otras a la moda como UFO Point, El Signo o El Más Allá. A principios de enero será la fiesta que inaugure la temporada, y en la arena la juventud será protagonista como siempre con el surf y las tocatas de rugby, espectáculos musicales y competencias de fútbol y polo, con noches conquistadas por los boliches de renombre. Habrá un Festival de Jazz en el Mar y un ciclo de conferencias de escritores, junto al tradicional circuito del Casco Histórico y la llamada del morro, donde es posible alzarse con una buena corvina, lenguado o pejerrey. Pegaditas aparecen Ostende y Valeria del Mar, menos glamorosas pero con una riqueza de callecitas de tierra-arena, y bosques poco alterados por el crecimiento, que suman playas menos pobladas y otras clásicas como Barlovento y El Faro. Con tarifas que crecen exponencialmente apenas se pasa la cuadra que la separa de Valeria, la vecina y coqueta Cariló da un salto de calidad: invita al spa de playa Hemingway, a su campo de golf de 18 hoyos y a conciertos en el bosque cada jueves. Sinónimo de bosques de cipreses, cedros, abetos y pinares; de confort, lujo y cabañas perdidas entre los médanos, acompaña con cierto aire de rústica elegancia las últimas novedades del mercado textil, automotor y de servicios del país. Lo que queda de la zona ya no es una incógnita: aún lugar de dunas y pinos, Montecarlo es, según dicen, lo que viene. Se trata de un balneario que “todavía no es” y que en los registros del Museo Histórico de Pinamar cuenta como sitio al que sólo se accede para curiosear en 4x4 por la playa, pero que en poco tiempo podría ser otro de los destacados del partido.



ENTRE LOS MEDANOS A 10 minutos por la Interbalnearia, un nuevo agrupado costero aparece en el mapa bajo el departamento que comprende a Villa Gesell, Mar de las Pampas, Mar Azul y Las Gaviotas. Gesell es un emblema de pueblo juvenil y familiar, que no para de crecer desde su creación hace casi 80 años: tras una notable obra de forestación, el “Loco” Carlos Gesell logró fijar los médanos y transformar la zona en un área boscosa, fundando calles y paisajes de tamarindos, acacias y eucaliptos entre las más de 100 variedades a lo largo del distrito. Aquí habrá alternativas y talleres en torno de la Casa Museo Histórico, y vida agitada sobre las tablas: las de sandboard en las bajantes de dunas y médanos, y las de surf con las frecuentes competencias. Los servicios en los balnearios y la ciudad también crecen al ritmo de las visitas, y los hay desde los nudistas-naturistas a otros modernos y súper equipados con accesos para personas con discapacidad, baños públicos, duchas, vestuarios e inspecciones alimentarias. La reserva dunícola, ideal para salidas en jeep o cabalgatas nocturnas, así como el imponente Faro Querandí, son otras opciones. Privilegiada en su armado y diseño, a diferencia de Gesell, que fue creciendo como pudo, Mar de las Pampas es el lugar top en la zona, agreste pero refinado, con la revalorización de lo natural y ciertos aires de exclusividad presentes sobre todo en sus costos. Las restricciones a la presencia de autos cerca de la playa y el cierre al ingreso de grandes anunciantes son rasgos conservacionistas, aunque algunos comerciantes aseguran que todo llega con el tiempo. Muy buena atención, excelente gastronomía y servicios cada vez más completos son sus pilares, junto con los médanos extendidos hasta el mar. Los dos balnearios vecinos son la opción económica y alejada, que sólo ven pasar autos y gentes de tanto en tanto. Mar Azul primero y Las Gaviotas después, se separan apenas por una cuadra común y corriente, y salvo la cercanía con el Faro Querandí podría decirse que nadie iría hacia esos lados. Allí, lo clásico es lo que natura provee: médanos y más médanos, pilas de caracoles cuando baja la marea y algunas aves raras para quien gusta de la fotografía. Lo demás es vida tranquila, con algún almacén cerca y todo el mar para uno.


Mar de las Pampas, para vivir sin prisa en el corazón del bosque.

EN EL CENTRO En el centro de la escena está Mar del Plata, la reina de la costa, que recibe olas del mar y olas de gente desde todos los rincones del país y el exterior. Apenas un dato: es la primera ciudad en materia de plazas hoteleras de la Argentina (incluso más que Buenos Aires), de acuerdo con fuentes oficiales. Su proximidad, centralidad y corredor atlántico indiscutible, sus centenares de restaurantes y paradores gastronómicos, las decenas de obras callejeras y shows en vivo, el casino, los boliches y bares de la avenida Constitución dicen que es la gran metrópolis a orillas del océano. Playas abarrotadas y algunas más tranquilas y extensísimas como en Punta Mogotes, junto con el vecino faro, la hacen tan bella como inabarcable. La Fiesta Nacional del Mar, el Concierto Gala de Playa Grande (21 de enero, gratuito) y la Fiesta de los Pescadores serán eventos clave de enero, mientras febrero tendrá los premios Estrella de Mar y la Fiesta Provincial.



Párrafo aparte para su puerto, de lo mejor en el país en cuanto a mariscos se refiere, que marchan frescos y rápidos gracias a los buques pesqueros y barquitos de media, que entran y llegan de altamar con la carga del Atlántico. En sus restaurantes de renombre (Chichilo, Minipez, El Centellón) no faltan mejillones en su cáscara, camarones al ajillo, calamares en escabeche, picada de rabas y un surtido de mariscos a la parrilla para perder la línea sin culpa. Apenas a 18 kilómetros está Santa Clara del Mar, vecina predilecta y buena opción para el paseo diario en busca de playas más tranquilas y con acantilados. Además de las tradicionales salidas de pesca embarcado, hay que tener en cuenta del 20 al 24 de enero la Fiesta de la Cerveza Artesanal. Separada apenas por el canal de Costa Corvinas comienza Mar de Cobo, un balneario que pica en punta. Apenas con la avenida de entrada asfaltada y senderos de arena zigzagueantes al compás de acantilados, su belleza y pocos servicios, junto con sus casitas de madera a metros del océano hacen de este desprendimiento de 300 hectáreas de la vieja estancia San Manuel la opción natural y despoblada de la zona, aunque no más económica. Un poco más al norte y cabecera del partido, Mar Chiquita invita a una laguna única y reconocida por su biodiversidad, que recibe aguas dulces tanto como las saladas del mar y genera islas y corrientes donde los pescadores muestran sus destrezas con botas hasta el cuello para sacar la pieza célebre de la zona: el lenguado.



SUREÑAS Miramar es tal vez el segundo destino más tradicional después de Mar del Plata. Su corredor atlántico también es sobresaliente, y su peatonal, un arrebato de ofertas gastronómicas y diversión. Gran apuesta es la completa agenda de actividades deportivas 2011, con presentaciones del Showbol, el Seven de Rugby, buceo, polo y golf, así como la incorporación de vuelos de bautismo en planeadores. Sus opciones “verdes” le suman también mucho más que vida playera. Perteneciente también al partido de General Alvarado, la creciente villa balnearia Mar del Sud es la alternativa tranquila para quien sólo quiere ruido de olas. A 15 kilómetros de Miramar, perfecta para la búsqueda de grande caracoles y para recorrer sus arenas vírgenes, invita a conocer los vestigios del Boulevard Atlántic Hotel, de 1880. A pocos kilómetros se alza la otra gran urbe, Necochea, con su colosal puerto Quequén, utilizado para los traslados de cereales al mundo oriental. La ciudad es enorme de veras, y en pocos metros conjuga tres imágenes perfectas: un denso espacio verde compuesto por las 640 hectáreas de la reserva forestal Miguel Lillo, sede de la segunda edición del Festival de Folclore (4 al 11 de enero) y de la Fiesta de las Colectividades (21 al 23 de enero); los edificios medios y altos de la ciudad paralelos a la costa, y la fantástica desembocadura del río Quequén Grande.



Costa Bonita, Mar y Sol, Orense, Claromecó, Monte Hermoso y finalmente Pehuen-co concluyen este recorrido. De diseño semicircular y destacado mirador del médano 40, Orense es buen ejemplo de ello. Principal centro turístico del partido de Tres Arroyos, Claromecó es el paraíso de los pescadores por su variedad ictícola, y festejará este verano las bodas de oro su competencia 24 Horas de la Corvina Negra. El barrio residencial Dunamar y la Estación Forestal Bellocq son los últimos parajes antes de la creciente Monte Hermoso y Pehuen-co, poseedor de un vivero municipal y curiosas casa-barco y casa-molino. Allí el atractivo imperdible es el yacimiento huellas fosilizadas de megaterio, de 12.000 años de antigüedadz

Por Pablo Donadio para Página 12, enero 2011.

martes, 4 de enero de 2011

Si de valijas se trata...

Al principio fueron de madera, hoy, electrónicas. Siempre se adaptaron a la fiebre creciente de viajar.


En el origen, dicen, fue el cuero, trabajado hasta volverlo casi de seda, pero aún resistente y capaz de atravesar kilómetros sin desfallecer. Pero incluso antes del cuero, con un elemento tan hostil como la madera se hacían baúles, en donde iban dormidos la ropa, los enseres, los libros santos. Porque esto que hoy nos resulta casi rutinario –hacer valijas– alguna vez no lo fue tanto, justamente porque viajar era en sí mismo una quimera. Algo propio de aventureros, de peregrinos, de gente poco convencional. Tal vez por eso habrá que esperar hasta el siglo XIX para dar con algo asimilable a las maletas que utilizamos hoy. Esto es, valijas cuadradas, de cuero o de cartón, concebidas como un objeto práctico y no como uno suntuario. Porque hasta entonces el verdadero viaje era privilegio de pocos. Pero con el florecimiento de la burguesía y el boom de los transportes, viajar dejó de ser considerado una pesadilla o una necesidad para convertirse en un fin en sí mismo.

Y, por lo demás, la moda femenina de aquellos días comenzaba a necesitar algo más que “cajas” en donde acomodar vestidos y sombreros. Es así como en París, en 1837, Henry Dumas inaugura su primera tienda y la bautiza con el nombre del dios de los caminos, y de los viajes: Hermès. La marca insignia del lujo francés aportará, a los largo de sus 165 años de historia, muchas maravillas y dos carteras con nombre propio: la Kelly bag (en honor a la princesa de Mónaco), y la Birkin (tributo a la actriz Joan Birkin). Pero lo cierto es que por esa misma época otro francés, Louis Vuitton, llegaba –desde su natal Anchay– caminando a París, a comenzar su propia historia.

Tenía 16 años y lo contrataron como aprendiz en una fábrica de cajones. Inquieto, al poco tiempo comenzó a trabajar por su cuenta. Diseñando equipaje, desde ya, porque quizá el mayor talento de Vuitton fue haber advertido a tiempo la fiebre de los viajes que se avecinaba. Y para que cada quien pudiera viajar con total comodidad en barco, tren y –llegado el día– también en automóvil, él diseñó maletas fabulosas. Con esqueletos de madera y metal, apilables, irrompibles. Y para los cruceristas, impermeables. Sus clientes fueron la emperatriz María Eugenia de Montijo, el zar Nicolás de Rusia (para cuyo elefantiásico guardarropas diseñó 25 baúles idénticos), muchos nobles y, en la época de oro de Hollywood, innumerables estrellas.

Vuitton fue quien diseñó en 1875 el mítico “guardarropas” (una valija con cajones y sitio para colgar perchas) y hasta una valija-cama que, en 1879, se usó durante una expedición al Congo.

Pero, con el correr de los años, ese modo sofisticado de entender el viaje fue cediendo ante una nueva evidencia: cada vez más personas necesitaban valijas prácticas, resistentes y menos costosas.

Y esa precisamente fue la visión de otro innovador, llamado Jesse Shwayder, quien en 1910 en Denver, Colorado, comenzó a fabricar sólidas piezas de equipaje. La compañía se llamó en su origen Shwayder Trunk Manufactory Company y por entonces fabricaba baúles de viaje. Diez años más tarde, el negocio crecía al ritmo de los viajes, con una venta neta de 2 mil valijas por año.

En 1926 la firma logra el primer millón de dólares. Pero el gran salto de la marca sucede cuando a su creador se le ocurre tomar una foto de su padre y sus hermanos parados sobre una de sus valijas, vaya si eran resistentes.

Y al pensar en la idea de la fuerza, llegó el nombre de Sansón (Samson, en inglés).

Ese día, nacía una autética leyenda del equipaje: la marca Samsonite, especializada en generar soluciones para diversos “nichos” de viajeros. Por ejemplo, en 1956 presentó la primera ultra liviana, hecha de manganeso y termoplástico; en 1969 lanzó Saturn, la primera valija de polipropileno, y en 1974, otro hallazgo: la valija con rueditas incorporadas, una gran solución.

Y así fue esta historia de a dos, la de uno y su equipaje, esa vieja manía humana de cargar nuestras cosas y estar en todos lados a la vez.


Maleta, ¡camine!


La empresa se llama Live Luggage (algo así como “equipaje vital”) y ciertamente hace honor a su nombre porque en 2008 lanzó un producto que fue el sueño de generaciones de viajeros: una valija que se remolca sola.

Se trata de una especie de versión robótica del clásico bolso de mano, capaz de andar por sí misma con sólo activar un botoncito oculto en la manija.

Por algo en la promoción de este originalísimo modelo la firma aseguraba que sus tecnomaletas podían ser utilizadas por personas de “entre 5 y 95 años”. Adiós problemas de ciática, revoleos innecesarios y manos cargadas hasta límites insosprechados.

Y para que todo sea perfecto en el mundo del equipaje, ahora sólo resta esperar al lanzamiento de la valija que se arme sola. Los viajeros, de parabienes.
Por Fernanda Sandez para Diario Perfil, enero de 2011

lunes, 3 de enero de 2011

Tokio: La ciudad de los contrastes..

Crónica de una visita a la deslumbrante capital japonesa, entre rascacielos y templos budistas. Del teatro kabuki al karaoke y la adoración por el tango. Los multitudinarios centros de compras y todo el colorido de los barrios.






El turista que haya decidido visitar Tokio y cuente esta extraordinaria decisión a sus amigos, seguramente recibirá el siguiente comentario, en un tono enfático, incluso coercitivo: “Ah, ¿pero ya viste la película Perdidos en Tokio? ¡Tenés que verla!” La película de Sofia Coppola, titulada originalmente Lost in translation, por alguna absurda razón le ha hecho creer a muchos argentinos que puede presentarse como una guía firme para conocer la capital del Japón. Este artículo se propone, modestamente, echar por tierra la pertinencia de semejante consejo.


La película de Coppola muestra una ciudad casi siempre alienada: por el ruido, por el tránsito y el ajetreo de la gente, que va o vuelve del trabajo; por el modo de comer; hasta por la forma un tanto ridícula con que se retrata uno de los entretenimientos favoritos de los japoneses: el karaoke. Además, muestra a los habitantes de Tokio como personas carentes de empatía, toscas y de una ingenuidad que roza la estupidez. No hay nada más alejado de la realidad.


Hay pocas ciudades más amables que Tokio con sus turistas: gran despliegue de mapas y horarios de vuelos y trenes; trato amigable en hoteles, hostels y oficinas de ventas de pasajes; acceso facilitado al transporte público; variedad gastronómica; visitas guiadas. En las zonas turísticas de Tokio –que es como decir en casi toda la ciudad–, allí donde los carteles e indicaciones bilingües no fueran suficientes, es posible hacerse entender (en inglés) a alguna persona que responderá con suprema gentileza las dudas del recién llegado.


Todas las estaciones de metro y de trenes tienen personal dispuesto a ayudar al despistado, pero incluso cualquier consulta en la calle encuentra una respuesta generosa. Las personas que encontré en Tokio no son ingenuas (sí tímidas; hasta abochornadas, cuando sienten que no pueden responder una pregunta), y mucho menos, toscas. La cultura cosmopolita se respira en las calles, se ve agigantada en sus modernas universidades y se hace evidente, incluso, en sus milongas. En Tokio adoran el tango: por eso, entre tanda y tanda, se puede llegar a escuchar a dos japoneses dialogando sobre la poética de Homero Manzi o sobre si la musicalidad de un Di Sarli es superior o inferior a la de un Caló.


Lo fundamental es saber que es casi imposible que uno esté realmente perdido en Tokio. Una vez que no existe ya el miedo a lo desconocido, se está listo para disfrutar de una ciudad preciosa, heredera de una cultura exquisita, orgullosa de poder mostrar su belleza. Conocer a fondo el Japón es tarea para la que no alcanza una vida, pero unos días en Tokio son un estímulo fabuloso. ¿Por dónde empezar? Difícil decidirlo: Tokio alberga tanto la vanguardia de la electrónica y de la arquitectura funcional como el elemento religioso tradicional. Despliega una enorme cantidad de museos, que satisfacen al turista más exigente, y la sensibilidad para capturar el consumo adolescente o sus manifestaciones más vistosas de rebeldía organizada. Veamos un plan para cuatro jornadas intensas.

La era del entretenimiento

El distrito Akihabara, en el Centro de Tokio, ofrece dos atracciones igualmente típicas: la manía electrónica y el fanatismo del manga, la historieta japonesa, desarrollada en las últimas décadas –con gran popularidad– que se basa en dibujos pornográficos para adultos. La zona conocida como “electric city”, formada por gigantescos edificios que venden artículos electrónicos de todo tipo, implementos de video y fotografía, computadoras, telefonía, etc., llegó a invadir la estación de metro Akihabara. Antes de salir a la superficie, uno se ve en medio de vendedores que insisten con una garra comercial inaudita. De todas maneras, vale la pena asomarse más allá y recorrer un poco las calles de la ciudad electrónica, pobladas de jovencísimas vendedoras, disfrazadas de colegialas o enfermeras, que vociferan sus mercancías y empujan al potencial cliente al interior de estos emporios del entretenimiento.


Los precios no son ideales (se sabe que es más barato Singapur o Taiwán), y si lo que uno quiere ver es la vanguardia electrotécnica conviene acercarse, no muy lejos, siempre en el distrito céntrico de Tokio, al Edificio Sony, que vende y exhibe las últimas joyas de su creación, aun las que todavía no se distribuyeron en el mercado. Pero la concentrada variedad y la excursión antropológica de electric city tienen su encanto. Por otra parte, viendo la competencia que, en materia electrónica, propone Tokio, Akihabara sumó a su oferta el mercado de manga y juegos vinculados a los dibujos japoneses.


Los coleccionistas pasarán, necesariamente, por alguno de los locales de la cadena Mandrake (hay uno gigante en el Edificio Shibuya Beam, en el barrio de Shibuya), donde se pueden comprar desde miniaturas de cualquier personaje de animé hasta una Heidi aggiornada y Godzillas de dos metros.


Si aún quedan ganas y fuerza para caminar, hacia el noroeste, luego de la ciudad electrónica, se encontrará la ciudad del equipamiento deportivo y, tras éste, la bellísima ciudad de las librerías, donde más de un viajero lamentará no poder leer en japonés. En dirección al sur, yendo en línea recta, se topará con el Museo de la Ciencia, y detrás, el inmenso predio de los jardines imperiales, que se encuentran momentáneamente cerrados al público.

Rincones de arte y budismo

La siguiente propuesta es dirigirse un poquito más al norte, hasta el barrio de Ueno, al que se accede a través de la línea Yamanote de trenes metropolitanos JR (los dos medios más frecuentes y felizmente interconectados de Tokio son el metro y las líneas JR, que recorren, con puntualidad mayúscula, cada rincón de la ciudad). Ueno posee un estupendo parque que alberga los principales museos de Tokio y dos bellos templos budistas: Benten-do, dedicado a la diosa de la sabiduría, las artes y el mar, y Kiyumizu Kannon-do, de rojo impactante, dedicado a la diosa de los mil brazos. Ambos se encuentran al borde del estanque Shinobazu-ike, donde se puede pasear en bote.


Será necesario un descanso para los pies, antes de iniciar el camino hacia los fascinantes museos: el Metropolitano de Arte de Tokio y el impactante Museo Nacional, que propone un repaso de lo mejor del arte japonés, incluyendo desde una historia visual de la caligrafía hasta la colección de trajes del teatro kabuki (una maravilla de tejidos que brillan desde hace cientos de años), pasando por una galería para escuchar y ver los instrumentos tradicionales, o la pintura y la escultura contemporáneas. El gift shop, atendido con esmero y calidez, tiene una colección de piezas artísticas únicas, piedras preciosas y una librería para pasarse una tarde entera (en este caso, tienen ejemplares en otros idiomas, sobre todo en inglés).


En el mismo predio del Ueno-kôen se encuentra el zoo: si uno no se perdió antes entre los espectáculos “callejeros” (música andina, hip hop, canto tradicional), puede divertirse viendo al oso panda y otras rarezas de la fauna oriental. Es altamente recomendable, no obstante, reservarse algunos cuantos minutos de resistencia física para caminar, ya fuera del parque Ueno, bordeando la estación de JR, por la galería comercial Ameyoko, un mercado al aire libre (que fue mercado negro durante la Segunda Guerra) donde se pueden comprar desde pescado y mariscos hasta cremas faciales de Lancôme, desde relojes Casio –incluso los modelos retro de fines de los 70, que están de última moda– hasta camisetas de fútbol, hierbas y especias orientales, objetos de diseño para el living y discos de vinilo de Abba. Los precios varían: hay pichinchas increíbles y cosas carísimas.

Vida religiosa, estilo oriental

La profunda y singular religiosidad del pueblo japonés no tiene en Tokio sus espacios más esplendorosos. Claramente los interesados en el aspecto religioso del país se dirigirán con premura a la bella Kioto (ver recuadro), que conserva una atmósfera mucho más tradicional, y muchos templos rodeados de verde y azul.


Los populares templos de Tokio, por su parte, han quedado como apretados por los límites cada vez más ceñidos de la urbe, que acecha desde todos los ángulos. El magnífico Sensô-Ji, templo de la comunidad de Tokio, se encuentra en el barrio de Asakusa (se pronuncia Asak’sa), al que se accede por la línea Ginza de metro. Al salir del metro por la salida 1, basta caminar unos pocos metros hacia el oeste y se topa uno con Nakamise-dôri, la peatonal cubierta de puestos típicos que lleva a Sensô-Ji, cuyas puertas están flanqueadas por las gigantescas estatuas de Fûjin, dios del viento, y Raijin, dios del trueno.


Sensô-Ji está todo el día lleno de algunos lugareños que rinden culto a sus divinidades (en este barrio se concentra la población más antigua de Tokio) pero, sobre todo, de turistas. El atardecer es uno de los momentos más apacibles para acercarse, porque la muchedumbre comienza a ceder, y se encienden las luces del templo y de la pagoda de cinco plantas que se encuentra a su izquierda, lo que da una sensación atemporal muy placentera.


Es preciso haber recorrido antes Nakamise-dôri, la calle donde se ubican los artesanos, en la que se pueden conseguir todo tipo de objetos tradicionales: desde ricos bocaditos típicos hasta las clásicas geta (sandalias de madera) o kimonos para hombres y mujeres, grandes y chicos. Es de mal gusto ir gritando, como se suele escuchar, delante de los puestos: “¡Ey, nena! ¡Mirá! ¡Para Halloween!” Los japoneses respetan mucho su vestimenta tradicional, que no es para ellos un disfraz sino un honor llevar puesta. Para bien o para mal (sin dudas, las feministas japonesas tendrán algo que decir al respecto), hoy en día el kimono y las geta están de moda entre los más jóvenes: chicos y chicas, teens, que los usan, sin disimular cierto orgullo de raza, el fin de semana.


A la salida de la estación Asakusa también hay una galería con exquisiteces de marca: desde perlas cultivadas hasta prendas del diseñador Miyake. Y a pocos metros de Nakamise-dôri, la papelería más hermosa que se haya visto. Uno suele traer una cantidad de papeles y papelitos de recuerdo de cada viaje: pocos meses después, están dando vuelta sin sentido por la casa, hasta que tarde o temprano terminan en un tacho de basura. Pero los artículos de este negocio –postales, diseños para decorar tarjetas, barriletes, abanicos, incluso botones– son, además de adictivos, de una belleza imperecedera.

Aires de juventud

Al sur y al oeste del distrito céntrico están los barrios de Harajuku y Aoyama, centros de cultura religiosa, subcultura y cultura chic; y más al oeste, Shibuya, meca del consumo adolescente. Conviene tomar la línea Yamanote de trenes JR y bajar en la estación Shibuya para empezar el recorrido. En la salida Hachikô de la estación hay una plazoleta (meeting point de jóvenes y turistas) que rodea a la estatua de un perro. Hachikô era el perro de un profesor, que enseñaba en la Universidad de Tokio. Acompañaba a su dueño todos los días hasta la estación y lo iba a buscar a su regreso. El profesor murió un día de 1925, de un infarto, en la Universidad, pero el perrito siguió yendo todos los días, hasta que murió, diez años después. Los habitantes de Tokio recuerdan así su fidelidad. Más allá de este recuerdo, el imperio teen. Pelucas, zapatos brillantes, remeras, jeans, negocios de venta de discos (nuevos y usados), historietas. En fin… Antes de empacharse aquí conviene volver a la estación y tomar el tren hacia la estación Harajuku, donde el panorama es más rico.


Desde Harajuku se puede acceder al templo más hermoso de Tokio, a la subcultura de las cosplay-zoku (chicas –y chicos– que llevan puestos disfraces extravagantes), y a los negocios pujantes que se conectan con la zona bohemia de la ciudad. Se puede comenzar por visitar el templo Meiji-Jingû, construido por el emperador Meiji para la emperatriz Shôken (incendiado en la Segunda Guerra y reconstruido en 1958). Para llegar a él hay que recorrer, con gran provecho del turista, un tramo del estupendo y silencioso parque, poblado de cipreses y ginkos, especialmente atractivos cuando se pintan de amarillo y rojo en otoño. Antes de ingresar al parque se puede disfrutar un café, un helado o un té verde.


Si es fin de semana, de regreso, en el puente que une Meiji-Jingû con la zona de Omote-sandô, se puede ver la concentración de chicas vestidas con trajes insólitos: copias de personajes de manga, de películas varias, imitaciones de ídolos del rock (hay profusión de jopos a la manera de Elvis, pero también punks y new romantics) o invenciones caprichosas. Se dice que muchos de ellos, víctimas del bullying escolar, se refugian en el sentido de pertenencia colectiva que dan estas concentraciones semanales.


Paseando por Omote-sandô, el viajero se sentirá como en una calle comercial de Nueva York o Milán: negocios de marcas célebres (Prada, Issey Miyake, Nike) hasta curiosidades (condomania: condones de insólitas clasificaciones) y tiendas de souvenirs con estilo, como el Oriental Bazaar, donde se pueden conseguir, a buenísimos precios, desde kimonos hasta las típicas muñequitas kokeshi. Ideal para los regalos de último momento. Hacia el sudeste, uno se adentra en la zona Soho de Tokio, donde se instalaron los diseñadores locales. Pero si se ha hecho todo el camino hasta aquí, el viajero querrá, por lo menos, un descanso reparador. Está en el barrio perfecto para eso.


En las callecitas laterales de Omote-sandô el agotado caminante encontrará los más ricos cafés y restaurantes, rodeados de galerías de arte y negocios más pequeños. Ver pasar a los turistas y a los jóvenes vendedores de Tokio, en fuga hacia su propia vida nocturna, es un placer añadido.


Hablando de vida nocturna, habrá que apurarse: a las 21.30 cierra prácticamente todo en Tokio. Salvo, quizás, alguna milonga trasnochada de la ciudad. Hay dos o tres especialmente fantásticas: la High Blue Milonga (con varias pistas, iluminadas desde el piso) en Aoyama, la Tokyo Milonga en Nakameguro o la Milonga Siglo XXI, para los más jóvenes, en Roppongi. Las japonesas y japoneses son grandes bailarines. Y por otra parte, al cabo de unos días de alto impacto nipón, llegar a una puerta y escuchar que suena la voz de Raúl Berón cantando un vals, al ritmo de la orquesta de Lucio Demare, tiene su encanto.

Fuente:
Por Ivana Costa, Diario Clarín, enero 2011.

martes, 28 de diciembre de 2010

Te llevamos de Viaje! Participá...

Thennat Travel y Farmacias Bauzá se unieron para celebrar el fin de año y el comienzo de 2011 premiando a sus clientes y amigos.




Cupón Virtual en http://www.tnt.travel/


Como forma de agradecimiento a todos los que nos acompañan,  Thennat Travel & Farmacias Bauzá los premian con: un Viaje a Cataratas del Iguazú + Viaje a Bariloche + Kit de viaje Thennat.

El modo de participación es a través del llenado de cupones en todas las sucursales de Farmacias Bauzá en la ciudad de Mar del Plata y a través de la web de Thennat Travel http://www.tnt.travel/ .

El sorteo se realizará el 6 de enero como regalo de Reyes en Farmacias Bauzá (sucursal y horario a designar).

Participá y prepará tu bolso para unas lindas vacaciones...

lunes, 27 de diciembre de 2010

Jerusalén: Destino de Culto...

Sagrada para judíos, cristianos y musulmanes, visitarla es una experiencia religiosa, incluso más allá de los límites de la cautivante Ciudad Vieja



JERUSALEN.- Es el lugar del planeta donde la mayoría sueña con una paz que no llega. También es una de las pocas capitales que no es reconocida oficialmente como tal. Sin embargo, eso no le impide ser una de las ciudades más fascinantes.

Con su variedad de culturas y religiones, Jerusalén se abre al mundo, devela algunos misterios de la historia y esconde muchos otros. Considerada mundialmente como la cuna de la civilización, Jerusalén tiene un significado histórico para tres de las más importantes religiones y ha demostrado con los años ser irresistible no sólo para los arqueólogos, sino también para los turistas, cualquiera que sea su fe.

Algunos se sienten atraídos por los monumentos religiosos; otros, por la gran variedad de paisajes, y otros, por el fascinante contraste entre lo moderno y lo antiguo. Pero todos coinciden en un mismo encanto: recorrer las huellas de la historia desandando los mismos caminos que el patriarca Abraham hace 4000 años, que Jesús hace 2000 o que el profeta Mahoma hace poco más de 1000.



Las murallas de la Ciudad Vieja, los arcos romanos y los bastiones otomanos se entrecruzan con los modernos edificios y centros comerciales. "Aquí descansó Mahoma antes de ascender al cielo", cuentan unos y señalan la cúpula dorada que se convirtió en una de las postales de Jerusalén.

"Estas son las ruinas del segundo Templo", aclaran otros con sus ojos puestos sobre una pared milenaria. Mientras unos más allá señalan una fastuosa iglesia y aclaran: "Allí estuvo enterrado Cristo". En Tierra Santa se encuentran todas las confesiones cristianas (católicos de seis ritos distintos, ortodoxos y protestantes), el judaísmo tiene su centro religioso y político, y la presencia musulmana es imponente. De eso se trata Jerusalén, un lugar donde conviven todos. Al mismo tiempo y por separado.



Recorrer las angostas calles de la Ciudad Vieja no es sencillo. No tanto por su edificación, aún intacta con los rasgos de hace miles de años, sino por la cantidad de gente. Este sector, con sus murallas de piedra milenaria, encierra tres lugares sagrados para las mayores religiones monoteístas del mundo. La cúpula dorada del Domo de la Roca, tercer sitio de peregrinación para los musulmanes después de La Meca y Medina; el Muro de los Lamentos, venerado por los judíos, y la iglesia del Santo Sepulcro, sitio de peregrinación para los cristianos.

Por eso miles de cristianos se dirigen diariamente a pocas cuadras de la Puerta de los Leones, en el sector musulmán de la Ciudad Vieja, con objeto de emprender y revivir el Vía Crucis. "Cristo ha cambiado el mundo", explica convencida Norma, una española de 78 años que junto a un grupo de correligionarios se muestra dispuesta a desandar el camino del Calvario que la conducirá al Santo Sepulcro.




Esta iglesia, a cargo de franciscanos, griegos ortodoxos y armenios ortodoxos, representa uno de los sitios más sagrados para los cristianos y reúne a fieles venidos de todas partes del mundo (se calcula que es visitada diariamente por unas 5000 personas). Para los creyentes, en el lugar de la sepultura y resurrección de Jesús culminará su peregrinaje a Tierra Santa.

Para los judíos que llegan a la Ciudad Vieja el recorrido será hacia el Muro de los Lamentos, signo de disputa desde hace años y que simboliza el corazón del judaísmo. A simple vista representa una inmensa pared, pero el muro occidental, parte de lo que quedó del Segundo Templo de los judíos tras ser destruido por los romanos en el año 70, posee un enorme significado político y religioso. Es allí donde miles de personas que se acercan depositan un papelito escrito de puño y letra entre las piedras. Todo aquel que llegue a este sitio, celosamente vigilado por los sectores ortodoxos, podrá percibir la mística que se desprende en cada rezo.

Asimismo, el principal sector judío, que ocupa la parte sudoriental de la ciudad, contiene la Puerta de Sion, al sur de la cual se encuentra el monte del mismo nombre y la tumba del rey David, este último un sitio que antiguamente, antes de la Guerra de los Seis Días, reemplazó durante muchos años el lugar en el que los judíos se lamentaban por la destrucción del Gran Templo, cuando el actual Muro de los Lamentos estaba en poder de los palestinos.


En los alrededores

Mucho se habla de la Ciudad Vieja, pero lo cierto es que toda Jerusalén es una ciudad mágica, que aún esconde secretos, pero que también muestra encantos por doquier. Para eso es necesario empezar a caminarla también por afuera de sus murallas.

Las inmensas puertas que interrumpen el muro de la ciudad antigua permiten ingresar a otro mundo. Con tan sólo unos pasos, todo cambia. Nada es lo mismo. Un claro ejemplo de eso es la Puerta de Yafo, en cuya salida se encuentra el shopping Mamila, donde tienen sus vidrieras algunas de las marcas más reconocidas mundialmente.

Pero no todo es shopping y tumultos de gente. Aunque muchos no lo crean, en Jerusalén también es posible caminar tranquilo en medio de soñados paisajes y librados del rugido de los motores. Para tal caso es aconsejable optar por las tranquilas calles del barrio Montefiore, apostado frente a la Ciudad Vieja y con una paz envidiable. Allí, las casas respetan una fisonomía común y se erigen alrededor de un viejo molino.



Sin embargo, también hay opciones de las más diversas para quienes quieran hurgar un poco más en la historia, antigua y contemporánea. Es allí donde resulta ineludible la visita a Yad Vashem, el Museo del Holocausto. Enclavado en medio de un verde bosque, es uno de los sitios más emblemáticos de Israel, en el que un ambiente sombrío invita a recorrer los tenebrosos y oscuros años del genocidio nazi.

Por Juan Pablo Bacino
Enviado especial para



Datos Utiles

Alojamiento
Existe una gran variedad de oferta. Una habitación doble en un hotel tres estrellas se puede conseguir desde US$ 70, y en uno de cinco estrellas desde 160, según la temporada.

Visa.
Los argentinos no la necesitan si la estada no supera los 3 meses. Unicamente es indispensable el pasaporte con al menos seis meses de validez a la fecha de entrada.


Excursiones
Un tour por Jerusalén (día completo), incluyendo la Ciudad Vieja y la nueva, cuesta unos 70 dólares. Sólo el recorrido por la Ciudad Vieja cuesta 45. Hay guías en castellano.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Navidad en el mundo.. todos se preparan para el festejo

Arboles gigantes, circuitos de luces, Papá Noel por doquier... Se acercan las Fiestas y las ciudades del mundo se visten para la ocasión. Eso sí, siempre con muchas curiosidades




Cuento de luz en Medellín

Como todos los años, la ciudad colombiana se ilumina para las Fiestas. Esta vez el nombre del montaje es Un cuento de luz y está inspirado en la literatura universal. Tiene más de dos kilómetros por 10 pabellones ubicados a un costado del río Medellín. Se utilizaron 15 millones de bombitas, 5000 mallas luminosas, 7 toneladas de papel metalizado y 320 kilómetros de mangueras luminosas. Alrededor de este gran atractivo se realizarán cerca de 500 actividades y espectáculos en los escenarios culturales y recreativos más emblemáticos de la capital de Antioquia.

Los italianos los prefieren de verdad




Esta Navidad, los italianos armarán un abeto natural en lugar de las imitaciones plásticas, pero no tan grande como el árbol que instalaron hace unos pocos días en la Plaza San Pedro, de 34 metros y 94 años, por supuesto.

Según Coldiretti, la asociación que reúne a los productores agrícolas italianos, esta temporada se comprarán en Italia por lo menos seis millones de árboles naturales para la Navidad, una inversión de alrededor de 140 millones de euros.

El costo de comprar un árbol verdadero varía notablemente: va desde los 10 euros hasta más de 500, según las dimensiones, la variedad y la maceta o vaso en la que está ubicado.

¿Qué harán después con el árbol? Pensaron en todo. Si no tienen las condiciones para plantarlo en el jardín, los viveros que los venden disponen de centros de recuperación para los árboles, donde se los saca de la maceta para plantarlos nuevamente en tierra.

Villancicos en el Bosque de Arrayanes


Papá Noel también puso rumbo al sur y se instaló en los paisajes de Villa La Angostura para celebrar la Navidad. La villa neuquina organizó un nutrido programa de actividades para los visitantes entre el 15 y 25 de este mes. Incluye la realización de conciertos y espectáculos musicales al aire libre en el Bosque de Arrayanes; talleres de decoración navideña para niños (guirnaldas, pesebres, decoración de galletitas), con estrada gratuita.

Habrá villancicos en la calle principal, orquestas sinfónicas, coros y una gran decoración navideña. También se instalaron buzones especiales para que los chicos le escriban una carta a Papá Noel.

Mercados bajo nieve, en Alemania

Los mercados navideños son un clásico en las ciudades de Alemania. En el Striezelmarkt de Dresden (foto) en el antiguo mercado (Altmarkt) se reviven tradiciones que se remontan a 1434. El lugar debe su nombre al Christstollen, pan dulce con frutos secos y pasas original de Dresden, antiguamente llamado Striezel. Todos los años se celebra la Stollenfest en su honor, con un enorme desfile festivo. Un gigantesco Stollen de casi cuatro toneladas se pasea por las calles desde el palacio Zwinger, pasando por la ópera Semperoper, las iglesias Hofkirche y Frauenkirche, hasta llegar al mercadillo Striezelmarkt, donde se corta y reparte entre los presentes.

El árbol flotante de Río


El fin de semana último comenzaron las Fiestas en Río de Janeiro, cuando fueron encendidas las 3,3 millones de bombitas del mayor árbol de Navidad flotante del mundo.

En la laguna Rodrigo de Freitas (Lagoa para los amigos), entre Leblon, Gávea y el Jardín Botánico, el árbol es un clásico carioca que este año pegó un estirón: tiene 85 metros, diez más que en 2009.

La megaestructura quedará iluminada todas las noches, hasta el 6 de enero.

Nueva York, con mucho glam


En Nueva York, la Navidad se inicia oficialmente cuando se enciende el árbol del Rockefeller Center, parada obligada para los casi tres millones de visitantes que recibe la ciudad en estas fechas. El abeto, que mide nada menos que 22 metros y pesa 12 toneladas, está brillantemente decorado por 30.000 luces ­enroscadas en ocho kilómetros de cables, todas de bajo consumo (tipo LED). Lo corona una estrella de cristal de Swarovski. La historia del árbol se remonta a la década del 30 cuando, en plena recesión, los obreros empleados en la construcción del centro decoraron un pino con guirnaldas de papel, latas de conserva vacías y no mucho más.

En Asia, también de fiesta

Aunque sin mucha tradición cristiana, en los países asiáticos celebrar la Navidad está de moda. En las calles de Pekín, por ejemplo, hay un gran árbol con luces de neón.

En Corea del Sur también la Navidad es un buen momento para festejar y ayudar. Como este ejército de voluntarios y solidarios Papá Noel que saldrá a visitar y llevar regalos a bebes nacidos prematuros.

Trampas navideñas
Existen árboles de Navidad de diferentes tamaños y colores, adornados con todo lo que uno pueda imaginar, pero seguramente pocos pensaron en... ¡trampas para langostas! Sí, en la región de Maine, Estados Unidos, distintos pueblos pescadores de langostas compiten para ver quién arma el árbol más grande y más lindo con las famosas jaulitas que usan para pescar langostas. Una competencia de lo más curiosa y, además, con fines solidarios.

El árbol de la isla de Beals este año parece ser el vencedor, con un poco más de 15 metros
Fuente: La Nación, diciembre de 2010.

martes, 7 de diciembre de 2010

Las Galápagos de Perú...

En la Reserva Nacional de Paracas y a pocos kilómetros de las míticas líneas de Nazca, este conjunto de islotes constituye uno de los ecosistemas marinos más ricos del mundo




PARACAS.- Hace tres años, un terremoto seguido de un tsunami arrasó con todo. El maretazo, como dicen por acá, estrelló lanchones contra las casas, arremetió contra dos tercios de las construcciones y se internó hasta 200 metros tierra adentro.

Hoy quedan pocos vestigios de aquella pesadilla en Paracas, un pequeño puerto sobre el Pacífico, 260 km al sur de Lima. Los hoteles que quedaron reducidos a escombros han reabierto sus puertas, totalmente remodelados. También se inauguraron un par de resorts cinco estrellas, se reanudó y amplió la oferta de paseos, y el turismo retomó el impulso que venía experimentando antes del cataclismo.

Porque hasta estas costas áridas y ventosas llegaban, y llegan, visitantes de todos los rincones del mundo, curiosos por conocer uno de los ecosistemas marinos más raros y ricos que existen. Es precisamente en las islas Ballestas, un conjunto de islotes salpicados a 20 km de la bahía de Paracas, donde se concentran más de 200 especies de aves marinas, algunas provenientes de puntos tan lejanos como Cabo de Hornos o el Artico.

Así, sobre las rocas de granito se apiñan cormoranes, pelícanos, zarcillos (símbolo de las islas, deben su nombre a las dos plumitas que cuelgan al costado de la cabeza, cual par de aretes) o piqueros. Este último, llamado así porque se lanza como flecha al mar en busca de alimento, es también el pájaro guanero por excelencia.

El guano es el excremento de aves marinas y un cotizado fertilizante natural, además de haber sido uno de los principales productos de exportación de Perú en el siglo XIX, hasta tal punto que fue un detonante de la Guerra del Pacífico (por la negativa de compañías chilenas a pagar un impuesto sobre el guano). Se dice además que las islas Ballestas perdieron 30 metros de altura cuando se extrajeron millones de toneladas de este peculiar abono para despachar a Europa y Estados Unidos, a mediados de 1800.



Lo cierto es que hasta el día de hoy las aves siguen depositando lo suyo en estos enclaves, y se puede ver a los trabajadores que aún extraen el guano de manera artesanal, cargando los enormes sacos o costales en botes de madera. Por suerte, la recolección está confinada a un puñado de islotes, de modo que el olor acre y penetrante que de repente invade el aire dura apenas unos minutos.

Pero además de la variedad de aves, sobre las curiosas formaciones rocosas -que incluyen túneles, bóvedas y cuevas naturales- también retozan cientos de lobos marinos, focas y pingüinos de Humboldt, entre otras especies que conforman el gran atractivo ecoturístico de la zona (ni hablar de los delfines que muchas veces acompañan a los saltos y piruetas las embarcaciones de turistas, para deleite de los pasajeros).

Tan rica es la vida en esta bahía -en gran parte debido a las corrientes frías de Humboldt, que llenan las aguas de plancton y microorganismos- que a las islas también se las conoce como las Galápagos de Perú.

Por esa razón son un área protegida donde está prohibido desembarcar, y hay que conformarse con mirar desde las lanchas las manadas de lobos marinos que aúllan, gruñen y se pelean y, en fin, terminan haciendo el show del día.

El bonus del paseo hacia las islas está en el llamado Candelabro, un geoglifo de 130 metros trazado en la arena calcárea de un acantilado, que puede verse claramente sin bajarse de la lancha.

Hay decenas de versiones sobre el origen de este dibujo (que sí, se parece a un candelabro), desde que fue trazado por habitantes de la cultura Paracas, 500 años antes de Cristo, hasta que es obra de navegantes antiguos y piratas (que lo habrían usado para guiarse en los mares), pasando incluso por las fuerzas de San Martín (según esta versión, se trataría de un símbolo masón). Y, por supuesto, nunca faltan las teorías sobre seres extraterrestres. Las mismas que hablan de una extraña y misteriosa conexión entre El Candelabro y las más famosas líneas de Nazca, a menos de 200 km.

La Loca de la Escoba
Las hemos visto cientos de veces estampadas en remeras, gorritos, afiches y cuanto producto de merchandising pueda imaginarse. Las más conocidas son El Mono, El Colibrí, La Ballena, La Araña o El Astronauta, aunque las figuras registradas hasta el momento suman más de 300.

Las míticas líneas de Nazca ahora pueden visitarse volando en avionetas Cessna desde el aeropuerto de Pisco, a sólo 15 km de Paracas, en un viaje a todas luces más corto que si se sale de Lima (el trayecto por la ruta Panamericana, además, no es particularmente un parque de atracciones).

Y cuando, después de sobrevolar durante 40 minutos una sucesión de nubes y dunas y más nubes, aparece finalmente el primer geoglifo, hay que ver cómo sobrevienen los ¡ah! y ¡oh! de los poquitos pasajeros que caben dentro del avión. Porque no es lo mismo apreciar este espectáculo en un documental o en una foto -por poner el ejemplo más cercano- que, desde luego, presenciarlo en vivo y en directo. Y aunque algunos puedan sentirse mareados por los giros e inclinaciones que hace el piloto (para que los pasajeros de ambos lados de las ventanillas puedan ver unos 15 dibujos), la experiencia es de esas que difícilmente pueden olvidarse.

Lo asombroso es que estas extrañas zanjas, algunas realmente gigantes (El Alcatraz y El Loro, por ejemplo, miden 200 metros cada uno), sólo pueden ser observadas en su integridad desde el aire, lo cual ha despertado todo tipo de interrogantes.

Es que sobre el origen de las imágenes, descubiertas en 1927 y Patrimonio de la Humanidad desde 1994, aún se sabe poco. La tesis científica de más peso -no vamos a perder tiempo con las versiones esotéricas que siguen circulando- dice que se trataría del calendario astronómico más grande del mundo, y una de las más tempranas manifestaciones de matemática y física avanzadas. Habría sido realizado por la cultura nazca entre los años 300 antes de Cristo y 700 de esta era, y en su construcción se utilizaron herramientas rudimentarias como cuerdas y estacas.



Esta fue la explicación que impulsó la investigadora alemana María Reiche, que consagró su vida al estudio de este enigma grabado en el suelo. La Loca de la Escoba, la llamaban, porque a principios de los años 40 se instaló en el desierto equipada con una cinta métrica, una brújula, una escalera de mano y una escoba. Con esta última barrió hasta el cansancio la arenilla que cubría las líneas, al tiempo que convencía al gobierno para que restringiera el acceso público al área.

"Tengo definida mi vida hasta el último minuto de mi existencia: será para Nazca. El tiempo será poco para estudiar la maravilla que encierran las pampas, allí moriré", confesó Reiche, también llamada la Dama del Desierto, y cumplió con su palabra. Murió en 1998, cuando las líneas habían sido descubiertas y admiradas por el mundo, en gran parte gracias a su incansable trabajo y dedicación.

Por Teresa Bausili para La Nación

DE FLAMENCOS, PLAYAS Y BANDERAS
Dicen que el General José de San Martín se inspiró en los flamencos de Paracas para crear la bandera peruana, tras notar el intenso color rosado de estas aves que, con sus alas desplegadas, dejaban ver una franja blanca en el centro. De hecho, aquí se celebra cada septiembre el desembarco del prócer argentino.

La Reserva Nacional de Paracas, donde abundan las bandadas de flamencos, fue creada en 1975 en uno de los puntos más desérticos de la costa peruana, y es la única área marítima protegida del país.

Tiene una extensión de 335.000 hectáreas, de las cuales 200.000 están en el océano Pacífico. En tierra, playas de arena brillante y mares tranquilos como La Mina, Yumanque, Playón o Lagunillas son las preferidas por los limeños que visitan la zona para practicar deportes como windsurf, kitesurf y sandboard.

DATOS UTILES
Paseo a las islas

Paracas está 260 km al sur de Lima. El paseo en lancha a las islas Ballestas cuesta US$ 28 por persona, dura 2 horas y tiene dos salidas diarias, a las 8.20 y a las 10.20.

En lancha privada, el costo es de US$ 270 por hora.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Harry Potter y el secreto de su nuevo parque temático

Los juegos, que abrieron hace unos meses junto a Universal Orlando con récord de público, invitan a sumergirse en un mundo mágico de hechizos y vuelos, tan reales como en las películas





ORLANDO.- Es una verdad universalmente reconocida que todo padre de familia, poseedor de una insistente prole, necesita visitar Orlando. La meca de los niños criados en la era de la animación 3D y la realidad virtual está precisamente allí, en el centro de Florida, donde se concentran los más imponentes parques temáticos inspirados en personajes y películas que son clásicos contemporáneos. El más nuevo de todos es el sector consagrado a Harry Potter, el ex niño y ahora adolescente mago creado por J. K. Rowling, en Islands of Adventure, parque temático mellizo de Universal Studios. Hace tiempo se lo venía anunciando, con bombos y platillos, y finalmente The Wizarding World of Harry Potter abrió sus puertas en junio.

Desde ese día mágico cambiaron las relaciones de fuerza entre Universal Studios, donde están los juegos dedicados a Shrek, Tiburón, La Momia, Los Simpson y Twister, e Islands of Aventure, consagrado a los superhéroes y Dr. Seuss. La entrada principal y la boletería es la misma. Desde allí se puede tomar a la derecha hacia Universal o seguir derecho y cruzar el puente hacia Islands of Adventure. Pues bien, si hasta hace pocos meses Universal solía ser el primero de los parques visitados, y también el que concentraba mayor caudal de público, desde la apertura de Harry Potter una marea humana enfila directo hacia Islands of Adventure como llevada por una mágica flauta de Hamelin.


Sin privilegios
Claro que si el disfrute de las atracciones es inversamente proporcional a la espera previa hay que tener en cuenta que en el juego principal, Harry Potter and the Forbidden Journey (Harry Potter y el viaje prohibido), no hay magia que abrevie las colas. Ni siquiera el pase rápido que se ofrece (previo suplemento sobre el precio de la entrada) para sortear la fila común, ya que en la boletería no se aclara que este juego, el favorito del momento, está excluido de la entrada privilegiada.

En la larga fila para entrar hay tiempo suficiente para admirar la magnífica reconstrucción de Hogwarts. También hay aprendices de magos de todas las edades... Varios chiquitos, vestidos como Harry y sus amigos, terminan por tirar la toalla ante el lento avance: y tal vez ganen un tiempo valioso para visitar el resto del parque, ya que este juego -absolutamente espectacular por velocidad y efectos- es más adecuado para los admiradores más crecidos de Potter & Cia.

Como Megan, una adolescente pelirroja de 15 años que llegó desde Virginia enfundada en una túnica con el logo de Slytherin y decidida a vivir en primera persona la magia de Hogwarts: "Es que lo leo desde chica", comenta en una charla improvisada mientras examina cada detalle del corredor que lleva hacia el interior del castillo. Por las edades en la fila, son varios los lectores de Potter de la primera hora, y también los miniaprendices que visten túnica y anteojos redondos, con una cicatriz en forma de rayo pintada sobre la frente. Paso a paso se va descubriendo el despacho de Albus Dumbledore, la clase de Defensa contra las Artes Oscuras, la sala común de Gryffindor, los retratos parlantes, todo recreado con una minuciosa atención hacia los detalles.

Finalmente llega la hora de subirse al juego, ajustarse las barras de seguridad sobre los hombros y salir literalmente a volar. A toda velocidad, los carritos se desplazan y se sacuden entre gigantescas pantallas 3D que dan la impresión de entrar en la película: no es una montaña rusa, sino un viaje entre la recreación de escenas inspiradas en los libros y las películas del personaje. La tecnología usada es de KUKA Robotics, de origen alemán, que permite a los asientos de cada participante girar sobre sí mismos sostenidos por un brazo robótico: así van desfilando frenéticamente los dementors, un partido de quidditch, el vuelo alrededor de Hogwarts, el bosque prohibido, la araña Aragog, un robot de animatronic que arroja humo por las fauces y, una vez terminado el juego, ya sin robots a la vista, el imprescindible gift shop bautizado Filch´s Emporium of Confiscated Goods, es decir el emporio de objetos confiscados por el malévolo preceptor Filch. Una auténtica proeza técnica a la que dan ganas de subir nuevamente apenas se puso un pie en tierra.

Otros dos juegos completan la oferta del sector: el más fuerte es el Dragon Challenge, una montaña rusa doble e invertida que existía en Islands of Adventure y fue reformulada para el sector de Harry Potter, convirtiéndola en un desafío entre dos dragones, el Chinese Fireball y el Hungarian Horntail. Durante la fila se pueden ver las banderas del Torneo de los Tres Magos, la cabaña de Hagrid y el auto volador de los Weasley. Y después, a toda velocidad, durante dos minutos y veinte segundos los dragones circulan por vías adyacentes y varias veces dan la impresión de estar a punto de chocar, mientras los pies de los participantes voladores subidos a los dragones prácticamente se rozan por la cercanía.

Los más chicos y los menos aventureros se sentirán más cómodos probablemente en el tercer juego, el Hippogrif´s Flight o Vuelo del Hipogrifo, también una reformulación del existente Flying Unicorn. Esta montaña rusa familiar se inspira en Hagrid, el gigante que enseña a los jóvenes magos a volar sobre un Hipogrifo en su clase sobre las Criaturas Mágicas. Muy corto, lo más lindo es sin duda la vista área de todo el sector Harry Potter en el comienzo del recorrido.



Hogsmeade, casi real
La ambientación del Wizarding World of Harry Potter es digna de Disney, el único parque de diversiones donde se ve el mismo amor por los detalles. Un logro que se refleja en la calle principal de Hogsmeade, el pueblo mágico reconstruido en Islands of Adventure: a escala real, al menos según cabe imaginarlo, su único inconveniente es la incapacidad para recibir la cantidad de gente dispuesta a visitarlo. En los días más concurridos hay que hacer cola en la puerta de cada negocio, como el local de varitas mágicas de Ollivander, que incluye un mini show en el que la varita elige al mago, exactamente como en los libros. También atrae Zonko´s, local de chascos como el de los gemelos Weasley, y sin duda Honeydukes, negocio de golosinas donde se consiguen las famosas ranas de chocolate (se pueden comer sin temor, porque no se mueven) y las más famosas aún grajeas de todos los sabores de Bertie Bott´s (y a no confiarse, porque hay sabores auténticamente espantosos). Parece que una con gusto a pescado tomó por sorpresa a una chiquita émula de Hermione, al menos a juzgar por la cara de espanto nada fingida con que arroja el confite, entre las risas de sus hermanos mayores más informados de los secretos mágicos de las pastillitas en cuestión...

Por Pierre Dumas

Datos Utiles
Horarios
Universal Studios e Islands of Adventure abren todos los días, a las 9, y cierran, según el día y la estación, entre las 18 y las 22. Los horarios se pueden consultar en www.universalorlando.com

Precios
El pase diario, con acceso a los dos parques, cuesta 112 dólares para los adultos y 104 para los chicos. El pase de dos días, 135 y 122, respectivamente. El pase Express Plus permite evitar las filas habituales por un pago extra que puede ir de 26 a 70 dólares, según la demanda, por persona. Pero conviene consultar qué juegos están incluidos en la boletería o en la Web del parque.

Requisitos
Las atracciones requieren también requisitos mínimos para participar. Para Harry Potter and the Forbidden Journey, la estatura mínima es de 1,20 m. El Dragon Challenge requiere 1,37 metros, y el Flight of the Hippogriff por lo menos 0,91 metros.

UNIVERSAL, PARQUE DE PELICULA
Dado que el cine y la televisión son la especialidad de Universal, Harry Potter no es el único personaje ni la única serie de películas que inspiró uno de sus sectores. La parte más tradicional del parque es un auténtico homenaje a los grandes éxitos del cine, desde clásicos como Tiburón, con la reconstrucción del pueblo costero de Amity y el temible tiburón gigante (nadie deja de sacarse una foto entre sus fauces), hasta novedades como Shrek, con un espectáculo 4D para sentirse como andando al lado del Burro y el ogro verde. También hay un sector para la romántica ET y su vuelo nocturno en bicicleta; para las tremebundas tormentas y tornados de Twister (una de las mejores atracciones), y para la terrorífica La venganza de la Momia. También hay que visitar Disaster!, una atracción centrada en la creación de efectos especiales de películas célebres: a pesar de que es necesario seguir explicaciones en inglés, la experiencia vale la pena.

RECUERDOS HECHIZANTES
El auténtico aficionado no puede sino tentarse con la multitud de gadgets y recuerdos inspirados en el mundo de Harry Potter. Desde las túnicas de las cuatro casas respectivas -Gryffindor, Slytherin, Hufflepuff y Ravenclaw, a 100 dólares cada una- hasta remeras de rugby de Gryffindor (48 dólares) y las varitas mágicas de distintos modelos, según correspondan, por ejemplo, al propio Harry, a Dumbledore, a Sirius Black o al mismísimo Voldemort (30 dólares cada una). En peluche, lo más lindo es la réplica de Hedwig, la lechuza de Harry y el perro de tres cabezas Fluffy (30 dólares). Además hay escudos metálicos de las cuatro casas de Hogwarts, una réplica del ojo de Ojoloco Moody, tazas, remeras y chascos.
Fuente: La Nación, domingo 5 de diciembre de 2010.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Hotel Boutique al estilo Versace...

En Miami, ciudad de lujo y consumo desmedido todo es posible, incluso vivir unos días de glamour como el mismísimo Gianni Versace....




MIAMI.- El hotel The Villa by Barton G, que abrió hace apenas unos meses en lo que fue la casa del millonario diseñador de ropa en pleno Miami Beach, mantiene intacta la decoración original.

"Conservamos el legado de Versace, invertimos mucho en decoración", cuenta Shelley Acoca, una de las anfitrionas, en un recorrido por el hotel boutique de apenas 10 suites.

Después de atravesar las escalinatas de la gran mansión blanca, que se hizo aún más conocida porque a metros del ingreso fue asesinado en 1997 Versace, se entra en un mundo exquisito.

Es un hotel caro y exclusivo, de eso no hay dudas, pero definitivamente parece un museo, con un estilo cargado, fastuoso, pero también muy acogedor.

Las paredes están decoradas con técnicas de mosaicos hechos a mano, hay frescos en los techos, y mármol y oro en los inmensos baños. Vajilla de porcelana exclusiva, mayordomo privado y atención superpersonalizada.

Ahora no se aceptan visitas guiadas, como hace unos años, sólo acceden los huéspedes y los comensales del restaurante, con estricta reserva previa.

Cada una de las suites tiene una decoración diferente. Sin duda la más impactante es la que usaba el diseñador, de 110 m2. Hace apenas unos días se abrió para huéspedes. Tiene una cama doble king size (sí, enorme), siete placares, paredes espejadas, tres balcones con vista al mar, frescos en las paredes y el techo. Para vivir la experiencia en esta habitación hay que desembolsar 10.000 dólares por noche. Si anda corto con el presupuesto, las otras suites cuestan desde 800 dólares la noche.



Una opción claramente más económica es ir a comer. Eso sí, abstenerse de ordenar los platos con caviar, que cuestan desde 350 dólares.

La Casa Casuarina es una de las construcciones más antiguas de la zona. Fue levantada en 1930 a imagen y semejanza del Alcázar de Colón, en Santo Domingo.

Después alojó a artistas hasta que en 1992 la compró Versace, la restauró y le incorporó el área de la pileta y el jardín.

Cuando Versace fue asesinado la casa se convirtió en un club privado, hasta que a fines del año último el empresario y restaurador norteamericano Barton G. Weiss se hizo cargo de la mansión, la renovó con una inversión millonaria y la abrió como hotel, pero conservando la tradición del excéntrico diseñador.

Datos Útilies
Ubicación
1116 Ocean Drive - Miami Beach, FL 33139. Sólo con reservas previas.

Tarifas
Alojamiento, desde 800 dólares la noche. La suite de Versace, 10.000 dólares

Restaurante, platos en promedio US$ 50

Fuente: La Nación, noviembre de 2010.

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