lunes, 21 de marzo de 2011

Redescubrir América...

Historias de viajeros que se animaron a la ruta y recorrieron más de 30.000 kilómetros, de punta a punta del continente americano, en camionetas ultraequipadas o en un Citroën del 70, casi como conquistadores de tierras desconocidas


Redescubrir América


Desde Boston con Maribel
A fines de 2008, Sebastián Guirao comenzó a planificar la aventura que finalmente se concretó junto a otros cuatro amigos, en marzo de 2010. Partieron de Boston, donde los esperaba Nicolás, con la Chrysler Caravan que los acompañó durante 35.000 kilómetros y poco más de cinco meses de travesía. Sebastián, Rafael, José, Pablo y Nicolás iniciaron el viaje a bordo de Maribel, tal como bautizaron a la camioneta. "Llegamos de Boston a la Argentina preguntando", rememora Sebastián, en alusión a que decidieron no planificar las rutas y despojarse del GPS al dejar Estados Unidos para poder relacionarse con la gente a medida que avanzaban. La meta del viaje se convirtió en encontrar las mejores playas para hacer surf, así que cargaron las tablas y descubrieron las mecas de este deporte bordeando la costa del Pacífico. Entre otras historias, surgen las tres noches en velero para llegar de Panamá a Cartagena, mientras la camioneta cruzaba en un ferry. Finalmente Maribel encontró nuevos dueños en un hogar de ancianos en Bolivia, donde los chicos donaron el vehículo y siguieron viaje hasta Lincoln, desde el norte argentino, en el auto de uno de sus padres.


A San Francisco, por la costa
"Algunos problemas de salud en el camino nos hicieron dar cuenta de que la vida es una y hay que vivirla de otra manera", cuenta Jorge Giorgi, que con Hebe Games, su esposa desde hace casi cuarenta años, iniciaron en 2008 un viaje de seis meses uniendo Mar del Plata con San Francisco, Estados Unidos. Tenían 61 y 59 años, una camioneta Chevrolet S10 y mucho entusiasmo por recorrer los 30.000 kilómetros de ruta hasta la meta ansiada. La particularidad del viaje estaba en hacerlo por la costa atlántica para recorrer las playas de Brasil antes de aventurarse por América Central. Por eso, entre las anécdotas está una navegación por el Amazonas durante seis días, con la camioneta a bordo. Nombrados como embajadores de Mar del Plata, partieron equipados con folletería y monedas argentinas, para repartir a los amigos que hacían durante el viaje. Para que la travesía fuera un disfrute constante, no manejaban más de cinco horas diarias y contaban con la ayuda de los mapas ruteros y las guías Lonely Planet. La cábala de descorchar un champagne al traspasar cada frontera no falló: 30.000 kilómetros y seis meses después arribaron a San Francisco.


Ligeros de equipaje
Facundo y M. Dolores Laiz Navarro tenían un sueño que para muchos podía sonar a utopía, casi un delirio romántico en el que sólo ellos tenían fe. Después de 73.227 km, 1053 días y 17 países recorridos en un Citroën 3CV de 1970, que unió la Mar del Plata natal de este joven matrimonio con Ushuaia y de allí Alaska, con miles de escalas e historias? Facu y Loli demostraron con su travesía mucho más que algo que parecía una imposibilidad técnica. La nave, como le llaman, y sus fieles tripulantes son la viva prueba de que cualquier sueño es posible si uno se entrega al viaje. "Como todo el mundo, buscamos respuestas. Elegimos hacer nuestra búsqueda en lo incierto del camino", explica Facundo, un ingeniero con pluma de poeta. Así fue como un 27 de diciembre de 2007 salieron sin rumbo cierto, pero con el corazón ávido de historias por vivir. Con poco equipaje y un presupuesto mínimo, sostenido con la venta de artesanías, más la mano amiga de todos los que fueron testigos del paso de estos aventureros, un día Facu, Loli y el Citro llegaron a Alaska. Hoy, pocos meses después de concluido el gran viaje, el autito los sigue transportando por Mar del Plata, como si fuera uno más, pero con la historia en las ruedas de haber cruzado ríos, subido montañas, volcanes, y oficiado de compañero de incontables caminos y anécdotas.
www.americaencitro.blogspot.com



Un largo regreso a casa
Máximo Díaz y Romina Polnoroff habían vivido en Nueva York durante casi una década. En 2008 nació Joaquín y con él las ganas de verlo crecer con la familia completa, en la Argentina. Pero el regreso se vio atenuado por una aventura que los sedujo por completo: cambiar las once horas de avión por un año en la ruta con su camioneta como único transporte y un itinerario sin prisas. "Queríamos planear todo lo que venía por delante, pero es ridículo, todo va cambiando en el camino", explica Max, al tiempo que admite que no fue fácil embarcarse en una travesía tan larga con un bebe de un año y medio, pero la fantasía de un viaje por tierra siempre estuvo y la historia de la familia Zapp (ver cuadro) los ayudó a decidirse. Parte de la aventura fue dormir en casas de familia, que ofrecen voluntariamente hospedaje a través de las redes CouchSurfing (www.couchsurfing.org) y Servas (www.argentina.servas.org), lo que les permitió conocer la cultura de cada lugar, desde adentro. Según las palabras de sus papás, que aseguran conocer todas las plazas de NY a Buenos Aires, Joaquín era el amuleto: muchos grandes amigos del viaje surgieron a través de él. "La clave fue respetar los horarios de Joaco, todo giraba en torno a sus tiempos", cierra Romina, orgullosa del sueño hecho realidad.
www.nytoba.com



Una obra de ingeniería
Sin duda, las profesiones de Walter Pagani, ingeniero, y Marcelo Adaro, piloto y abogado, sumadas a una pasión por las travesías en camioneta, dieron como resultado un viaje que fue casi un rally: 72 días y 33.100 kilómetros para unir Buenos Aires con Alaska a bordo de una Toyota Land Cruiser. Un año de minuciosa planificación fue fundamental: cada día los encontraba desde temprano en la ruta, siguiendo el camino que previamente habían marcado en los mapas y confirmado con el GPS, compañero infaltable. Después de un itinerario que atravesó América Central, gran parte de Estados Unidos y Canadá, el día 49 arribaron al objetivo del viaje: el último punto por tierra en el continente, conocido como Deadhorse, en Alaska. Después del hito, la vuelta a Buenos Aires fue en avión y la camioneta navegó desde San Francisco hasta Valparaíso, Chile. Allí la dupla fue a buscarla para dar por concluida la travesía, no sin antes ponerle nombre a la próxima aventura: Rusia-Mongolia.
www.hastaalaskaentoyota.com.ar


Los Zapp, familia rodante
El 25 de enero de 2000 empezó el viaje de los Zapp. Claro que en ese entonces eran sólo Herman, Candela y un glorioso Graham Paige de 1928 que amenazaba con dejarlos a pie en los primeros kilómetros del viaje con el que planeaban unir Ushuaia con Alaska. No sólo llegaron al destino propuesto -cuatro años después-, sino que en el camino nació Pampa, el primer hijo del matrimonio, y una forma de vida a bordo del Macondo Cambalache, como apodan al Graham. Le siguió la ruta La Quiaca-Ushuaia, otra vuelta por Estados Unidos y Canadá, luego Australia y Nueva Zelanda, y en la ruta, la llegada de Tehue, Paloma y Wallaby, los otros tres hijos que completan la familia. El largo camino recorrido también dio origen a un libro, Atrapa tu sueño, inspirador y referente de todos los viajeros de alma, y que ya va por su octava edición. Las aventuras de los Zapp pueden seguirse a través de su Web, www.argentinaalaska.com. Por estos días se encuentran en Filipinas, intentando llegar a Malasia. Según palabras de Herman, el único requisito para embarcarse en un viaje como éste es "querer vivir la vida. Porque la vida es una aventura, quien no se aventura... se la pierde".


TIPS INDISPENSABLES

  • Documentación personal: Es fundamental tener el pasaporte al día, la visa para entrar a Estados Unidos, y el registro internacional, que puede tramitarse en ACA, Libertador 1850, por $ 100. Tenga fotocopias de todo, suelen pedirlas en las fronteras.

  • Documentación del vehículo: título original del auto y tarjeta verde. El seguro generalmente se adquiere en las fronteras y algunos son válidos en países limítrofes.

  • Para salir a la ruta: en ciertos destinos es obligación llevar matafuegos, triángulo de emergencia y kit de primeros auxilios. Es ideal equiparse con mapas ruteros, guías y GPS.

  • Embarcar el auto: esto será inevitable y el viajero debe prepararse para trámites caros y engorrosos, aunque no imposibles. El llamado tapón de Darien, que une Panamá con Colombia, obliga a cruzar el auto en barco, y el valor puede ascender a US$ 1500 más la tarea de un gestor. Una empresa naviera que ofrece buenos servicios es www.seaboardmarine.com . Para embarcar el auto desde Estados Unidos hasta Chile, www.seashipping.com , es una buena opción y el costo estimativo es de US$ 4500.

  • Dinero: tarjetas de crédito y débito son lo más recomendado; lleve poco efectivo. Los cheques de viajero son difíciles de cambiar en varios destinos de América.

  • Salud: es importante consultar con tiempo para hacerse análisis y constatar qué vacunas serán necesarias, según las recomendaciones de cada destino. También, los antecedentes del paciente. El Hospital Italiano cuenta con un sector de Medicina al Viajero y un correo de consulta las 24 horas: medicina.viajeros@hospitalitaliano.org.ar
Por Daniela Dini Para LA NACION, marzo de 2011.-

miércoles, 16 de marzo de 2011

Guatemala, la antigua que atrae a los más jóvenes...

Con la mochila a cuestas, a pie o en las coloridas guaguas, un amplio recorrido entre ruinas precolombinas y también coloniales, mercados interminables, volcanes, lagos y más...
 
 
 

CIUDAD DE GUATEMALA.- Guatemala en lengua azteca significa lugar de muchos árboles, algo que se ratifica desde el momento que se pisa este país. Con variados ecosistemas y paisajes en una superficie de 108.889 kilómetros cuadrados, las dos terceras partes del territorio están formadas por montañas de origen volcánico.
Moverse por Guatemala no es fácil. Mucho menos para quienes, como en este caso, lo hacen con bajo presupuesto. Su principal medio de transporte público son las guaguas, también conocidas por la comunidad internacional de mochileros como chicken bus. Estos micros tienen el mismo tamaño que los clásicos y amarillos escolares norteamericanos, esos que vemos en las películas de Hollywood o en los capítulos de Los Simpson, pero pintados de mil colores y repletos de pasajeros, valijas y hasta animales.
En un asiento para dos fácilmente se acomodan cuatro y los choferes manejan rápido sin importar el estado de la ruta. El viajero debe prestar mucha atención al subir. Por lo general es necesario hacer combinaciones en las que, entre otras cosas, hay que rezar para que, en el momento de cambiar de bus, alguien se acuerde de alcanzarnos el equipaje que va en el techo, todo a tiempo para abordar el próximo vehículo.

Chichicastenango
 
El primer destino de este viaje fue Chichicastenango. En el centro del país, a 145 kilómetros de la capital, esta ciudad es sede de un famoso mercado. Los jueves y domingos, la feria más grande de América Central se extiende por calles y más calles, al aire libre, con puestos de ropa, comida, artesanías en cerámica, madera, máscaras, flores, joyerías y mucho más, donde los precios no existen, todo depende de la habilidad para regatear.
Más allá de las compras, el pueblo de Chichi da muestras de una asombrosa fusión de ritos católicos e indígenas. En la iglesia de Santo Tomás, por ejemplo, muy cerca del mercado y construida en el siglo XVI sobre estructuras mayas, los locales arrodillados rezan en la oscuridad de pisos cubiertos por velas y ramas venerando la cultura chamánica; en el cementerio, donde aún hoy en ciertas ocasiones se sacrifican animales, se puede apreciar una cantidad de colores fascinantes alejados del negro o gris de la tradición católica.




El hit turístico
 
Desde Chichi, bastaron dos tramos en chicken bus para llegar a Antigua Guatemala, principal destino turístico guatemalteco, designado patrimonio de la humanidad por la Unesco en 1979.
En la pequeña ciudad hay mucho para ver y los guías ofrecen sus servicios en cada punto de atracción. Así fue como conocimos a Raúl y, a través de sus palabras, un poco de la historia de Antigua.
La ciudad, que comenzó a construirse en 1543, fue la capital del entonces Reino de Guatemala. Pero luego de una serie de fuertes sismos, recordados como los terremotos de Santa Marta, la capital fue trasladada, en 1773, a la actual ciudad de Guatemala. Así es como hoy Antigua, detenida en el tiempo, cuenta con un gran número de ruinas de iglesias, entre otras construcciones barrocas, muchas obra del arquitecto De Porres. Entre ellas, la catedral, frente a la Plaza Mayor, con paredes que datan del 1600, una cúpula sin techo y una hermosa fachada.
El Palacio del Ayuntamiento, junto a la catedral, hoy sede de museos. El Convento de las Capuchinas, claustro de aspirantes a monjas de clausura, fundado en 1725, hoy está ocupado por el Consejo Nacional para la Protección de la Antigua Guatemala. El Convento de la Recolección, fundado en 1700 como el Colegio de Cristo Crucificado de los Misioneros Apostólicos, aún en ruinas, no fue reconstruido. La iglesia y convento La Merced, con su maravillosa fachada amarilla de mínimos detalles y estilo barroco, contiene una de las fuentes más grandes de la ciudad en medio de su patio interno.
El arco de Santa Catalina Pila de la Unión, creado con el fin de que las monjas de su convento no sean vistas al cruzar de un lado al otro del predio, es hoy ícono del centro de la ciudad. El palacio de los capitanes, edificado en el siglo XVI con arcos de medio punto a lo largo de la Plaza Mayor, ocupa una manzana completa, hoy con oficinas de la policía y de asistencia turística. También las iglesias de Santa Lucía, San Sebastián, San Agustín, San José, Santa Teresa, del Carmen, San Pedro, del convento Santa Clara, de San Francisco, de la Concepción, de la Santa Cruz, de Candelaria, de Santa Rosa de Lima, de Santo Domingo, de San Jerónimo.
Aparte de tan amplia colección arquitectónica, está el cerro de la Cruz. Para conocerlo, una opción es escalarlo en grupos guiados para apreciar las vistas de la ciudad y el volcán de agua en el fondo.
A la noche hay variedad de restaurantes, desde comida japonesa, francesa, italiana hasta mexicana y guatemalteca, todos ambientados con luz tenue y amarilla acompañando la magia de las antiguas construcciones de la ciudad y sus calles de piedra. También hay bares con música bailable donde se puede tomar algo y conocer gente. Lo recomendable de todas formas es salir temprano ya que a las 22 los lugares comienzan a cerrar y la gente se retira a descansar.


Panajachel, portal del Atitlán
 
Otro día, más guaguas. Nos alejamos de las ruinas de la ciudad hacia el verde y azul de los volcanes y los lagos. Emprendimos camino a Panajachel, portal del lago Atitlán formado por un accidente hidrográfico que hoy muchos agradecemos. Alrededor de él se alzan volcanes y distintas poblaciones de nombres religiosos como Santa Catarina, Santa Cruz, San Marcos, San Juan, San Lucas y San Pedro, al que una lancha nos llevó por dos dólares.
Pocas palabras existen para describir la armonía, la felicidad y el agrado que provoca este lugar. Al llegar, un niño nos guió hasta un hostal llamado Luna Azul frente al lago. Allí nos recibió Alex, un joven norteamericano que alquila este espacio para vivir viajando. Nos sentimos como en casa en este sitio donde cada huésped, con libertad y respeto, puede sacar de la heladera una cerveza, agua o gaseosa y luego anotarla a su nombre en un cuaderno.
Por la mañana María, la cocinera, sirve scones caseros con manteca o mermelada y café con leche calentito. También esto se anota a cuenta en el cuaderno, al igual que el almuerzo o la cena. Además, todas las tardes, a las 17, se sabe que llega Olivia, la vecina, con una exquisita torta de chocolate.
La noche en San Pedro es tranquila. Hay un bar donde se proyectan películas los miércoles; alguno sirve tragos y otro ofrece bandas en vivo los viernes. Durante el día se disfruta del paisaje y la paz: jugar a las cartas, pintar, leer, escribir, nadar, caminar, escalar el volcán, alquilar un kayak, o salir de visita para conocer otros pueblos.
Antes de irnos, a la noche, pagamos las cuentas pendientes. No podíamos creer que habíamos comido, dormido y disfrutado cinco días por un total de... ¡40 dólares!
Sólo hay una guagua para salir de San Pedro, a las 5.30 A.M. Así que temprano seguimos viaje, con parada en Guatemala City, pero con destino Cobán, donde contratamos una camioneta para ir hasta Semuc Champey, ubicado en el municipio Lanquín.
Semuc Champey es mágico. El río Cahabón fluye y choca contra piedras calizas formando pozas de entre uno y tres metros de profundidad, con aguas tranquilas y cristalinas rodeadas de un bosque húmedo subtropical y unidas por pequeñas cataratas. La entrada al parque cuesta 4 dólares. Además de disfrutar del paisaje y bañarse en las pozas se puede escalar hasta el mirador y observar la totalidad del parque, una vista imperdible.
Otra excursión realmente aventurera es a las cuevas Kan-Ba. Estas cuevas escondidas en la piedra sobre un río templado requieren sacarse los zapatos y ponerse el traje de baño. El tour guiado provee velas y un salvavidas para quien no pueda nadar. Dura aproximadamente una hora y cuesta 6 dólares. Dentro de las cuevas se observan estalactitas y estalagmitas, también cascadas que sorprenden en este mundo subterráneo. Al finalizar el tour volvimos por el río Cohabón hasta la posada donde nos alojábamos, Las Marías.

RECUERDOS DE LA CIVILIZACION
Tikal, que significa lugar de las voces, fue la ciudad más grande del período clásico de la civilización maya. Llegó a extenderse hasta una superficie de 576 km2, de los cuales sólo 16 se pueden apreciar hoy y están entre los sitios más visitados por los turistas que llegan a Guatemala. Distintas investigaciones concluyen que la ciudad se habría originado hacia el 600 a.C. Se estima que llegó a tener una población de 100 a 150 mil habitantes. Los primeros científicos la encontraron en 1848. Y entre 1950 y 1970 la Universidad de Pensilvania realizó importantes excavaciones, aunque en 1979 el gobierno guatemalteco decidió iniciar un proyecto arqueológico que hoy sigue en desarrollo.
La Plaza Mayor es el centro del parque que hoy se visita, rodeada de los templos I y II, la acrópolis norte y la central. Además existen otros cuatro templos piramidales (siempre en busca del cielo) y el palacio real.
Además de los restos arqueológicos de lo que un día fue la ciudad de Tikal, el predio es un buen lugar para observar la fauna. Desde una incontable variedad de aves hasta tarántulas gigantescas, pasando por los sorprendentes monos aulladores, cuyos fuertes rugidos se suelen confundir con los de un animal feroz y carnívoro, a pesar de que come frutas y hojas.

Por Victoria Verzini Para La Nación, marzo 2011

viernes, 11 de marzo de 2011

Todo Piazzolla en Mar del Plata...

 Mar del Plata se prepara para festejar el nacimiento del gran compositor argentino Astor Piazzolla con múltiples actividades durante todo marzo. Además, habrán visitas guiadas gratuitas por zonas geográficas donde Piazzolla tuvo vinculación desde pequeño...



En el 90º aniversario de su nacimiento se prevén diversas actividades y el EMTUR organizó visitas guiadas.
La tercera edición de “Piazzolla Marplatense”, mes dedicado a homenajear la figura del músico argentino más importante del siglo XX, nacido en nuestra ciudad, quedará inaugurada este viernes a las 21, en el Teatro Municipal Colón, con el estreno de una de sus obras máximas: la operita “María de Buenos Aires”, con la actuación del Quinteto de la Fundación Astor Piazzolla.
En el papel de “El duende”, el actor Juan Vitali, Sebastián Holz (voz) y Noelia Moncada en el rol de María. Dirección Musical Julián Vat. Dirección general y vestuario: Laura Escalada Piazzolla.
“María de Buenos Aires” en formato de ópera-tango (u “operita” como se la llamó coloquialmente), consta de dos partes y dieciséis cuadros y fue escrita por Astor Piazzolla y Horacio Ferrer entre diciembre de 1967 y febrero de 1968, para bandoneón, recitante, cancionista, cantor, diez instrumentos y coro mixto.
Fue estrenada en la sala Planeta de Buenos Aires el 8 de mayo de 1968 por sus autores, con Amelita Baltar (María), Héctor de Rosas (cancionista), Horacio Ferrer (el Duende) y los músicos dirigidos por Astor Piazzolla (bandoneón), Antonio Agri y Hugo Baralis (violines), Néstor Panik (viola), Víctor Pontino (cello), Kicho Díaz (bajo), Jaime Gosis (piano), Tito Bisio (vibrafón, xilofón y campanelli), José Corriale (percusión), Cacho Tirao (guitarra) y Arturo Schneider (flauta).



Fue representada en incontables oportunidades en todo el mundo, por distintos actores y músicos, recibiendo excelentes críticas, distinciones y premios. En 2003, Laura Escalada Piazzolla, presidenta de la Fundación Astor Piazzolla, reunió a importantes figuras del tango contemporáneo y reestrenó la obra en nuestro país.
La versión que se estrenará en nuestra ciudad será interpretada por el Quinteto de la Fundación Astor Piazzolla integrado por Nicolás Guershberg (piano), Sergio Rivas (contrabajo), Pablo Mainetti (bandoneón), Germán Martínez (guitarra), Sebastián Prusak (violín) y los músicos invitados, Néstor Tedesco (cello), Gabriel Falconi (viola) y Julián Vat (flauta). En el papel de “El Duende”, el actor Juan Vitali y las actuaciones de Sebastián Holz (voz) y Noelia Moncada en el rol de María.


Luis Reales, director del teatro Municipal Colón anticipó lo que será “algo inédito en Mar del Plata, el estreno, la primera audición de la operita ‘María de Buenos Aires’, un hecho absolutamente único, porque también va a ser la única función que se va a realizar. La versión es la que presenta la Fundación Astor Piazzolla, será con entrada libre y gratuita y se pondrá una pantalla gigante fuera del teatro para los que no tengan la posibilidad de acceder, puedan disfrutarla desde afuera”.
Toda la programación del mes será realizada con elencos marplatenses y artistas que vienen de la Fundación Astor Piazzolla y esta programación recorrerá también los barrios marplatenses en el marco del programa “El Colón camina”, un programa que utiliza la cultura como una herramienta de inclusión social.

El EMTUR realizará visitas guiadas gratuitas
En el marco de la conmemoración que realiza la Municipalidad de General Pueyrredon denominada “Piazzolla Marplatense – 90 años”, que se realiza durante todo el mes de marzo y que incluye diversos actos y espectáculos, es que el Ente Municipal de Turismo (EMTur) ha programado una serie de City Tours gratuitos que recorren las zonas geográficas de nuestra ciudad en donde Astor Piazzolla tuvo vinculación desde pequeño.
Los City Tours se desarrollarán los días 11, 14, 16, 22 y 24 de marzo, a partir de la hora 18, y el lugar de partida es el local 51 que el Ente de Turismo posee en la Rambla Casino. Quienes deseen inscribirse para participar deben hacerlo con antelación personalmente en la Oficina de Informes ubicada en Boulevard Marítimo 2267, local 51, a partir de la hora 8 y hasta las 20; o bien en Belgrano 2740, en el horario de 8 a 16. También pueden hacerlo telefónicamente al número 495-1777.
Los City Tours son gratuitos y tienen una duración aproximada de dos horas, ya que los mismos contemplan, entre otras cosas, la proyección de un video en la sede de la Biblioteca Musical “Ástor Piazzolla”, de la Fundación Papelnonos. Asimismo, el micro ómnibus recorre –junto a guías turísticas provistas por el EMTur- las distintas zonas y barrios en donde el artista desarrolló parte de su vida, como la casa donde nació y vivió o el barrio de la ex terminal.
Fuente: puntodenoticias.com

jueves, 3 de marzo de 2011

Por las calles de Londres con James Bond...

Rincones de Mayfair y Chelsea, un itinerario por St. James’s Street con los clubes privados, hoteles y casinos que inspiraron al escritor Ian Fleming para las aventuras del inolvidable agente secreto 007.


En el barrio de Mayfair, cerca de Hyde Park y Marble Arch, se entrecruzan los destinos reales o imaginarios del escritor Ian Fleming (1908-1964) y su creación literaria, James Bond, el atlético espía británico. No sorprende comprobar que Bond y Fleming compartían ciertos gustos y experiencias: ambos eran agentes de inteligencia al servicio de Inglaterra, apasionados por el juego, los autos deportivos, las mujeres hermosas y las cosas buenas de la vida. Ambos eran viajeros que saltaban de un sitio a otro del mundo, pero consideraban que Londres era su hogar.
La caminata empieza en la casa natal de Fleming, justo a la vuelta de Marble Arch, en 27 Green Street, una casa de columnas blancas entre las mansiones victorianas de uno de los barrios más prestigiosos. Tanto Fleming como Bond eran socios del Royal Naval Volunteer Reserve’s Club, ubicado en 38 Hill Street. Muy cerca está Berkeley Square, con los lujosos salones concesionarios de autos –Rolls Royce, Bentley– frecuentados por Bond, quien en la película “Moonraker” usa un Bentley.


El mundo de James Bond está vivo en St. James’s Street, que termina justo una cuadra antes de donde empieza Old Bond Street, un nombre evocador, aunque sea por coincidencia. Aquí está el más famoso de los clubes privados para hombres, “White’s” (en los números 37 y 38 de St. Jame’s Street). Entre sus asiduos visitantes estaban Fleming, el príncipe Carlos de Inglaterra y el actor David Niven, que era el preferido de Fleming para interpretar a su personaje. Se sabe, Niven rechazó el papel cinematorgáfico y Sean Connery se hizo famoso. Luego de Connery, Bond fue interpretado por George Lazenby, Roger Moore, Timothy Dalton, Pierce Brosnan y Daniel Craig.


Frente al club, en 50 St. James’s Street, está el edificio gris y cerrado de un casino que fue célebre por sus aristocráticos jugadores e inspiró a Fleming para su primera novela, “Casino Royale”. Al lado del club “White’s” está la Beretta Gallery –una sala de exposiciones de la fábrica italiana de armas Beretta– donde Bond eligió su pistola Beretta 418.
Si el viajero camina hacia el sur, en 28 St. James’s Street se encontrará con “Boodles”, el segundo “gentlemen’s club” más antiguo del mundo. Fleming era socio de “Boodles”, que le inspiró un cóctel hecho con gin y también un club imaginario, “Blades”, que aparece en la novela “Moonraker”. El escritor dedicó cuatro capítulos de ese libro a narrar una complicada partida de bridge –que transcurre en “Blades”– con un siniestro tramposo, Hugo Drax. No es posible acceder a “Boodles” –el club real– a menos que uno sea socio. Pero se puede curiosear en el edificio de ladrillos rojos y sus ambientes alfombrados lo suficiente para admitir la ficción que propone Fleming.


Otra manera de acercarse al mundo de James Bond es beber lo que él tomaba, en el bar del hotel donde –según la leyenda– nació el famoso “Vesper Martini”. El hotel se llama “Duke’s”, está en la categoría cinco estrellas –cobra unos 400 dólares la noche– y funciona en 35 y 36 St. James’s Place, cerca de King Street. El hotel tiene un siglo de antigüedad y todo en este edificio es añejo.
Bond se habría sentido “en casa” entre los mozos del bar del hotel “Duke’s”, vestidos con chaquetas blancas. Las sillas tapizadas de terciopelo y la clientela elegante tienen un toque evocador de la década de 1950. El bar está junto al lobby. Hay que evitar la tentación de pedir un “Miss Moneypenny Martini”, porque más bien hace pensar en un “Margarita”. Lo correcto es pedirle al barman un “Ian Fleming’s Classic Vesper”, que se prepara a la vista, en un carrito con todos los ingredientes necesarios. La receta de este cóctel cambió un poco desde que Fleming frecuentaba el bar –algunos ingredientes ya no se elaboran más– pero lo básico sigue allí: vodka, gin, bitter, un vino aperitivo y cáscaras de limón.
La leyenda dice que Fleming estaba buscando un cóctel que funcionara como símbolo de identidad para Bond. El barman de aquella época recomendó esta versión del Martini y el método de preparación “sin agitarlo ni revolverlo”. El nombre de esta bebida evoca a Vesper Lynd, un personaje de “Casino Royale”.
Si se trata de comer, el lugar es el restaurante “Scott’s” en 20 Mount Street. Era el favorito de Fleming por sus platos de cocina marinera: ostras, caviar ruso y arenques ahumados. Un plato de ostras puede costar más de cien dólares, pero éste era el lugar donde Bond almorzaba –según cuenta Fleming– para ver algunas mujeres de curvas generosas.
Para los fanáticos del espía queda “The Bond Room” en Planet Hollywood –en los números 57 y 60 de Haymarket– donde se pueden ver objetos de algunas películas inspiradas en la saga de Fleming. Allí están las pistolas Walther PPK del espía. Y el inolvidable bikini usado por Ursula Andress en el filme “El satánico Dr. No”. En el Imperial War Museum se exhiben algunos artefactos de los servicios de inteligencia británicos –máquinas encriptadoras, tinta para mensajes invisibles, microfilms–bajo el título “The secret wars”. Aquí un video recuerda los filmes de Bond.
Fuente: Diario Clarín, marzo de 2011.

martes, 1 de marzo de 2011

Apagá la luz, encendé el futuro

Por cuarto año consecutivo, apoyamos la convocatoria que realiza la Fundación Vida Silvestre y la Organización Mundial de Conservación (WWF), a individuos, empresas y gobiernos a apagar las luces por una hora, el próximo sábado 26 de marzo a las 20.30 horas, en una acción simbólica contra el cambio climático, y a unirse a la iniciativa ingresando en http://www.vidasilvestre.org.ar/lhp/registrate/




La Ciudad Autónoma de Buenos Aires se unirá a La Hora del Planeta apagando monumentos y edificios emblemáticos como El Obelisco. A su vez, Gualeguaychú, Rosario y San Fernando del Valle de Catamarca, entre otras ciudades, también confirmaron su adhesión.

APSA Centros Comerciales S.A (Paseo Alcorta, Alto Palermo, Patio Bullrich, Bs As Design, Dot Baires, Abasto Shopping, Alto Avellaneda, Alto Noa, Alto Rosario, Córdoba Shopping Villa Cabrera y Mendoza Plaza Shopping), Coca Cola de Argentina y McDonalds son los socios auspiciantes de la campaña, que se sumarán apagando las luces de sus marquesinas y difundiendo la iniciativa entre sus clientes, proveedores y empleados.

“El cambio climático ya está afectando, en diferentes regiones del mundo, no sólo a las especies silvestres -donde se estima que un 35% de las especies terrestres podrían extinguirse para el año 2050-, sino también a las propias actividades humanas, incrementando el riesgo de inundaciones en áreas costeras, o acentuando las sequías o exceso de agua con su consecuente impacto sobre el rendimiento de la producción agropecuaria”, sostiene Diego Moreno, Director General de la Fundación Vida Silvestre Argentina. Y, concluye: “Todos podemos hacer algo para mitigar los impactos del cambio climático: como individuos, cambiando nuestros hábitos de consumo y exigiendo a los gobiernos que tomen medidas concretas y urgentes; las empresas, adoptando buenas prácticas ambientales en las actividades productivas, de consumo y provisión de servicios, y los gobiernos legislando y fiscalizando para proteger los recursos naturales”.

La Hora del Planeta busca lograr un compromiso para encontrar soluciones al cambio climático, demostrando que juntos, cada uno de nosotros puede dar una señal positiva para hacerle frente al calentamiento global. Surgió en Sydney, Australia, durante el año 2007 y convocó a dos millones de personas. Cuatro años después, en 2010, ciudadanos de 128 países de todos los continentes apagaron sus luces; más de 1300 monumentos y edificios emblemáticos se oscurecieron como, la Ópera en Sidney, el City Hall en Londres, el Empire State en Nueva York, la Torre Eiffel en París y el Obelisco en Buenos Aires; al menos, 1.475.687 personas de 205 países visitaron la página www.earthhour.org ese día, y Google marcó 74.6 millones de menciones sobre La Hora del Planeta esa noche.

Para más información: www.vidasilvestre.org.ar/lhp

lunes, 21 de febrero de 2011

Lisboa, dulce y melancólica...

Un recorrido por la fascinante capital portuguesa. Entre monumentos, plazas y magníficos edificios. El colorido de sus históricos barrios, los reductos del Fado y las huellas de un pasado glorioso.



Calles angostas que cruzan como sorpresas. Adoquines y pendientes, hacia arriba y hacia abajo. Techos rojos y traqueteo de tranvías. Y cerca de todo, el río Tajo –o Tejo, como lo llaman aquí– con su generoso estuario, y claro, el rumoroso mar. En Lisboa, como escribió Fernando Pessoa, “hombres, casas, piedras, letreros y cielo, somos una gran multitud amiga”. Y eso es lo que se respira en la plácida, antigua y bella capital de Portugal.

Esta es una de las pocas capitales europeas con río y mar, en la que el viajero no podrá abstraerse de su impresionante arquitectura, producto de siglos de historia y arte, que fueron plasmados en una diversidad de estructuras como plazas, castillos, iglesias y cientos de monumentos.

En esa urdimbre, el legendario tranvía es algo más que una atracción turística; es, por cierto, uno de los transportes más eficientes de la ciudad. Sus rutas establecidas marcan recorridos atractivos para los visitantes, pues a bordo de estos modernos tranvías se pueden recorrer los históricos barrios. Pero también es una ciudad muy cómoda para caminar.


Lisboa es una de las ciudades más bellas de Europa. Y en eso, mucho tiene que ver la música que la identifica: el nostálgico fado; el más genuino representante de la música popular de Portugal. El barrio de Alfama es el lugar a recorrer para los amantes del fado. “Vive en una calle de Alfama/ y la llaman madrugada/ pero ella, de tan alocada/ ni sabe cómo se llama”, le cantaba al barrio Amalia Rodríguez, la reina del fado. Algunos de los mejores reductos para escuchar fado: O Forcado, Café Luso, Casa do Fado, A Baiuca, A Severa y Adega Mesquita, entre otros tantos.



Influencias culturales

Los primeros pobladores de Lisboa fueron los fenicios, quienes la bautizaron Allis Ubbo, que significa “Puerto encantado”. Luego llegaron aventureros griegos y cartagineses. Pero a los portugueses les fascina la leyenda que dice que Lisboa fue fundada por Ulises, en su largo derrotero entre Troya y su patria, la amada Itaca. En épocas posteriores la cultivaron los romanos y tras la caída del Imperio, llegaron alanos, suevos y visigodos, quienes ocuparon la ciudad hasta que los musulmanes la conquistaron en el siglo VIII.

Tanta historia debía quedar registrada en sus calles, sus edificaciones, sus templos, y algo de eso se respira en la antigua Lisboa que en 1147 pasó a manos cristianas, y que a finales de 1400 se convirtió en el bastión de la ruta marítima hacia la India, con lo que alcanzó su etapa de mayor esplendor.

En esa época de gran desarrollo económico, y convertida ya en imperio colonial, Portugal desplegó el estilo manuelino (corriente estética que se desarrolló en el reinado de Manuel I de Portugal entre 1495 y 1521), cuya arquitectura dejó marcas en todo el territorio. Por doquier el visitante se tropieza con bellos decorados en azulejos –reveladores de la herencia cultural de la dominación árabe–, a lo que se suma la gran preponderancia de la mayólica italiana.



Barrios legendarios

Como en todas las ciudades antiguas, Lisboa ofrece cantidad de rincones tan bellos y misteriosos, que sería imposible registrarlos en una guía turística; por eso, el mejor consejo es recorrerla y descubrir con los propios ojos.

El barrio de Alfama es una de las esencias de Lisboa; un pueblo inmerso en la capital de una nación donde todos se conocen y se saludan. José Saramago se declaraba un enamorado del barrio y aconsejaba perderse por sus “callejones inquietantes”. Sus calles estrechas son encantadoras y las casas apretadas bajan desde una de las siete colinas verdes y parecen hundirse en un mar salpicado de barcos de pescadores. Las calles de Alfama están protegidas por santos a los que se puede descubrir en pequeños paneles colocados a la entrada de las casas. Ellos son los que dan aliento para seguir caminando por esas calles que suben y bajan.

Reconstruido después del terremoto del 1755, La Baixa es el barrio más céntrico. De estilo clásico, tiene calles geométricas y fachadas cubiertas de azulejos. Desde la Plaza de Comercio, un espacio abierto que da al río Tajo, pasando por el arco que da a la rua Augusta, se puede tomar el tranvía que va al Castelo.

Antes, es recomendable visitar la Catedral Sé. Este templo, mezcla de arquitectura gótica y románica, tiene aspecto de edificio defensivo. Lo curioso es que sus muros se levantaron sobre una antigua mezquita. De la parte superior de las torres gemelas se tiene una panorámica imperdible de la serena Lisboa.

El Chado o Barrio Alto es un vecindario del siglo XVI, de aspecto melancólico, rozando el romanticismo. Sus fachadas de azulejos cuentan pequeñas historias y las calles se empinan como desafíos. Bien lo valen; desde las alturas se respira el mar y se consiguen las mejores vistas para fotografías inolvidables. La Casa del pintor Ferreira das Tabuletas, uno de los artistas de azulejos más representativos del siglo XIX, es hoy un museo muy visitado. Conocido por haber iniciado su carrera artística pintando tabuletas (tablillas o placas con indicaciones de interés público), Ferreira vivió en un edificio de azulejos en una gama de colores entre el sepia y el amarillo, con un frontón triangular y el ojo de la providencia acompañado por la estrella de cinco puntas. Flanqueando las ventanas centrales del edificio, alineadas en vertical, hay seis figuras alegóricas en hornacinas, vestidas con atuendos de la época clásica, que representan la ciencia, la agricultura, la industria y el comercio; y dos elementos naturales como la tierra y el agua.



La colina más alta

En la cima de la mayor colina de la ciudad está el Castelo de Sao Jorge, del siglo VI. Además de apreciar su belleza, el visitante disfrutará del movimiento del río, de los delicados puentes y de las colinas que asoman como una promesa.

Si el cansancio sorprende en las cercanías de la Plaza de Rossio nada mejor que gratificarse en esa animada zona de la ciudad con el típico bica, un café fuerte. En las mesas de los bares, sembradas en las veredas, dejan pasar las horas los vecinos, los paseantes y los peregrinos.

La Plaza de Comercio, sirve de eje a la hora de elegir posibles itinerarios, como el que corre paralelo al río, rumbo a la zona de Belém. En ese recorrido, la primera parada es el renacido mercado da Ribeira que, tras su última restauración, se ha convertido en un espacio multifunción.

En la planta baja abundan los puestos de frutas y verduras; y en la alta, tiendas modernas de artesanías, en sintonía con el espíritu del barrio de al lado: Santos Design District, el más fashion de toda la ciudad.

Río abajo, donde el Tajo se funde con el mar, asoma el barrio de Belem, que concentra, en un reducido espacio, algunos de los monumentos más importantes de Lisboa.

El monasterio Los Jerónimos de Belem está considerado una joya arquitectónica. La decoración exterior está adornada por piedra, tiene amplias galerías abiertas y torres de vigilancia en estilo arábigo. Allí se puede admirar la cruz de la orden de Cristo y elementos naturalistas, características del estilo manuelino.

La estructura está formada por la torre y el baluarte. En los ángulos del piso inferior de ambos sobresalen torrecillas cilíndricas coronadas por cúpulas con forma de gajos de naranja y decoradas en cantería de piedra.

Muy cerca del monasterio se erige Pasteis de Belem, un monumento a la pastelería donde también sirven café. Allí se encuentran los deliciosos pasteles de Belem recién hechos. Los ofrecen calentitos; irresistibles.


Rincones de arte

En el barrio de Santos, los últimos jueves de cada mes reluce la creatividad y la originalidad. Las escuelas de diseño ocupan un lugar destacado; los alumnos tienen la posibilidad de mostrar sus trabajos en las diversas tiendas: piezas únicas de diseño, a precios especiales. Al final de la tarde, en el teatro A Barraca se puede tomar un aperitivo al son del fado.

Lisboa ofrece una variada oferta de museos. Las siempre sorprendentes colecciones de arte Oriental, que proceden de Egipto o Siria, la espada del conquistador Vasco de Gama y el hidroavión que hizo la primera travesía sobre el océano Atlántico, son solo algunos de estos atractivos.

En la Fundación Calouste Gubelkian, en el Parque de Santa Gertrudes, se pueden contemplar unas 1.000 piezas de las 6.000 que componen la colección: arte egipcio, grecorromano, islámico, chino y japonés. Además, obras de pintores como Rembrandt, Rubens, Hubert Robert, Edouard Manet y Edgar Degas, entre otros. Además del Museo Nacional de Arte Antiguo, Lisboa ofrece algunas curiosidades como el Museo de Carruajes, el Museo del Azulejo o el Museo de la Marina. Y en la Baixa, bajando por la peatonal Rua Augusta, hay un rincón artístico de vanguardia.

Hacia la Plaza de Comercio, el tranvía 15E, que va hacia Belem, conduce hasta el edificio Transboavista VPF donde hay exposiciones de arte contemporáneo, performances y video instalaciones en forma permanente. También en el Centro cultural de Belem, frente a la Praca do Imperio, brilla el arte contemporáneo. El Museo Berardo muestra las mejores expresiones de las vanguardias portuguesas con piezas de Bacon y Warhol, entre otros.

Desde la remodelación de los antiguos muelles, junto al Puente 25 de Abril, la noche de Lisboa ha cambiado. Antaño algo provinciana y aburrida, hoy ofrece una gran movida, con restaurantes y locales de copas, abiertos hasta la madrugada.

Muchos restaurantes con terrazas al aire libre miran hacia un pequeño y coqueto puerto deportivo. También hay varios boliches que invaden el aire con su música, todos abiertos hasta esos amaneceres de ensueño que cada día despiertan al milagro de esta ciudad.

Melancólica, mágica, inolvidable. Así es Lisboa.

Por Josefina Mol. Diario Clarín, Febrero 2011

viernes, 18 de febrero de 2011

Buenos Aires: La ruta del Tango...

Un recorrido por la capital de La música porteña. Los shows que deslumbran a turistas y locales, el encanto de los salones y bares históricos, Los códigos milongueros y otros secretos. Aquí, una completa guía con los imperdibles del 2x4.

De gala. El tango de escenario combina brillo y encajes, con un vestuario que recrea el estilo típico de los años 40.



Dónde te fuiste, tango/que te busco siempre/ y no te puedo hallar? El tema suena en la mañana gris entre las mesas de una tradicional esquina tanguera. Detrás de la ventana, Buenos Aires se mueve al compás de un tango caprichoso, compuesto bajo el ritmo tristón de las veredas, las charlas de café y las calles húmedas por la lluvia. Pero la atmósfera nostálgica detrás de la vidriera no alcanza para definir al tango, y entonces la música insiste desde los parlantes: ¿Dónde te fuiste tango?

Responder a la pregunta no es tarea sencilla. Cada uno de los cien barrios porteños reclama sus títulos con lugares en los que la gente se reúne a bailar y escuchar música, como si formara parte de un ritual. Lo cierto es que el tango se desparrama por la geografía porteña y toma distintas formas: desde suntuosos espectáculos frecuentados por turistas, hasta bares y tanguerías donde los amantes de la música se juntan para escuchar a las orquestas; sin olvidar a las milongas, fenómeno popular que convoca a locales y visitantes, unidos por el gusto de improvisar sus pasos en la pista.

En los shows se luce el tango de escenario, con sus coreografías precisas, que funcionan como un mecanismo de relojería. En las milongas, en cambio, reina el tango de salón, donde el baile es una creación espontánea entre parejas que –en su mayoría– apenas comparten un encuentro de minutos.

En estos escenarios las glorias del tango conviven con jóvenes que han revitalizado el género, mientras en las milongas los viejos códigos van dando lugar a reglas más flexibles. En muchos de estos lugares, tacos y zapatos se entrecruzan con chatitas y zapatillas, mientras en otros se juega al intercambio de roles entre hombres y mujeres.

Más allá de estas novedades, desde las elaboradas coreografías de los espectáculos hasta la espontaneidad de las milongas, y desde el inconfundible fraseo de Gardel hasta los acordes urbanos de Piazzolla, el tango sigue siendo el ritmo de Buenos Aires. Una música con tal presencia que hasta se ha ganado su monumento en Puerto Madero, en un fuelle polifacético que encierra infinitas melodías.

Armamos nuestro propio recorrido, entre el brillo de los espectáculos, el ritmo de las orquestas y las milongas en las que el deleite de la vista sólo es superado por la experiencia del abrazo. Mientras completamos la lista, suenan más acordes en el bar de la esquina. Los hombres siguen discutiendo de fútbol y el semáforo libera el tránsito, al otro lado del vidrio. Desde los parlantes, la voz de Eladia Blázquez impone su ritmo: Siempre se vuelve a Buenos Aires a buscar/esa manera melancólica de amar...

A continuación, algunos espacios para disfrutar de orquestas de gran nivel –típicas y de estilo moderno–, shows de baile tradicional o for export, y una selección de tanguerías, y museos temáticos.

Café de los Angelitos

En la mítica esquina de Rivadavia y Rincón, por la que alguna vez pasaron artistas inolvidables como Carlos Gardel, José Razzano o Florencio Parravicini, aún es posible tomar un café y ver transcurrir la ciudad tras las ventanas. Pero si la idea es cenar mientras se disfruta de un cuidado show de tango, habrá que acercarse al salón del fondo, ambientado en celeste con ángeles dorados. Si los colores tenues y la bella arquitectura no alcanzaran para transportarlo al cielo, habrá que esperar a que salgan las cinco parejas de baile, los músicos del Quinteto Viceversa, comandado por Emiliano Greco, y los cantantes Ariel Altieri y María José Rojas. El vestuario y la puesta en escena transitan distintas épocas y culminan en una notable versión de Adiós Nonino, en la que se lucen las virtudes del bandoneonista Lautaro Greco.

Rivadavia 2100 (4952-2320) http://www.cafedelosangelitos.com/


Tango Porteño

Ubicado a pasos del Obelisco, en pleno Microcentro, el salón de estilo art decó del antiguo cine Metro es el marco de un espectáculo con un impresionante despliegue escenográfico y artístico que lleva la impronta de Juan Fabbri, su creador. La antigua pantalla de cine sirve para evocar al Buenos Aires color sepia de otros tiempos. El espectáculo comienza con la potente música de la orquesta típica comandada por la violinista Erica Di Salvo –que en otros tiempos solía tocar con Charly García–, quien invita a volar con sus precisas interpretaciones. Sobre el escenario se desplegarán las luces de la calle Corrientes, un lujoso cabaret y hasta un edificio montado en altura con una pareja bailando en cada ventana. La elaborada puesta en escena sirve de marco para la salida de ocho parejas de baile, entre las que se encuentra el legendario Juan Carlos Copes, acompañado de su hija Johana. No se puede dejar de mencionar el sorprendente número de la maga Inga Savitskaya y su “amigo imaginario”.

Cerrito 570/ Tel: 4124-9400. http://www.tangoporteno.com.ar/  


Esquina Carlos Gardel

El antiguo restaurante y hotel Chanta Cuatro en el que el morocho del Abasto pasó su infancia y adolescencia, hoy se ha convertido en la lujosa Esquina Carlos Gardel. Lejos de los pisos de tierra, las riñas de gallos y las canchas de bochas que solían poblar el viejo bodegón, el local se destaca por sus arañas de caireles, sus paredes color crema y las mesas negras que recrean el brillo de los años 30. Carlos Gardel revivirá a lo largo del espectáculo en la impresionante caracterización del cantante Rafael Rojas, con el porte y el timbre de voz exactos. En el repertorio no faltarán clásicos como Mi Buenos Aires querido, Volver o El día que me quieras, con una impactante puesta de luces, escenografía y vestuario. Las seis parejas de baile y la intérprete Patricia Lasala aportarán lo suyo para que a uno le queden ganas de volver.

C. Gardel 3200 / Tel: 4867-6363  http://www.esquinacarlosgardel.com.ar/

El Viejo Almacén

La esquina sin ochava de Independencia y Balcarce es sinónimo de tango. En la antigua casona colonial con paredes de adobe y faroles colgantes revive cada noche el espíritu que supo imprimir el inolvidable Edmundo Rivero al Viejo Almacén, en 1969. Por aquí pasaron los músicos más destacados de la época como el “Polaco” Goyeneche, Aníbal Troilo, Osvaldo Pugliese y Horacio Salgán, entre muchos otros. El lugar hoy alberga un show de tango por el que cada noche desfilan cantantes de la talla de Hugo Marcel y Virginia Luque, con música de un sexteto dirigido por Carlos Galván y cuatro parejas de baile que recrean los tiempos de malevos y arrabales.

Balcarce 793 / Tel: 4307-7388 http://www.viejo-almacen.com.ar/

Señor Tango

Ubicado en el barrio de Barracas en un antiguo almacén de ramos generales, este espectáculo lleva la impronta de Fernando Soler, su creador y productor. El show, de proporciones hollywoodenses, tiene más de cuarenta artistas en escena, un escenario giratorio y la presencia de una orquesta comandada por el maestro Ernesto Franco, bandoneonista de la orquesta de Juan D’Arienzo.

Vieytes 1655 / Tel: 4303-0231. http://www.senortango.com.ar/


Los Treinta y Seis Billares

Inaugurado en 1894, este clásico café de la Avenida de Mayo recibió a personajes notables como Federico García Lorca. La calidez de la madera y las mesitas que rodean al escenario crean un ambiente intimista, ideal para escuchar buena música. Los sábados se presentan artistas como Rita Cortese, y luego hay trasnoche a cargo del sólido intérprete Esteban Riera, acompañado por el maestro Carlos Galván –que parece encerrar una orquesta entre los fuelles de su bandoneón– y los guitarristas Ignacio Iruzubieta y Nazareno Altamirano.

Av. de Mayo 1265 / Tel: 4381-5696. http://www.los36billares.com.ar/


C. Cultural Torquato Tasso

Ubicado frente al Parque Lezama, en una casona de San Telmo, en este centro cultural suelen tocar glorias del tango como Horacio Salgán, Leopoldo Federico, el Quinteto Real y el Sexteto Mayor, entre otros. El Centro se especializa en conciertos, ofrece gastronomía a precios razonables y es el elegido por el público local para escuchar música. Los conciertos son de martes a sábados y sólo los domingos funciona una milonga con orquesta en vivo.

Defensa 1575 / Tel: 4307-6506. http://www.torquatotasso.com.ar/


Esquina Homero Manzi

La vieja esquina de San Juan y Boedo inmortalizada en el tango Sur ha sido cuidadosamente remodelada y funciona todo el día como bar. Si la idea es escuchar tango en vivo, está la opción de la cena show (todas las noches a partir de las 21), con un quinteto en vivo bajo la dirección musical de Julián Hermida, los cantantes Carlos Rossi y Karina Rivera, y tres parejas de baile, con dirección artística de Gachi Fernández. Cada domingo al mediodía el local organiza almuerzos tangueros en los que canta Eduardo Romero con un cuarteto y una pareja de baile.

San Juan 3601 / Tel: 4957-8488. http://www.esquinahomeromanzi.com.ar/


Museo Casa de Carlos Gardel

El museo está ubicado en pleno barrio del Abasto en la casa chorizo que Carlos Gardel compró a su madre en 1927. La casa está cuidadosamente ambientada con reliquias, antiguos discos, tapas de diarios y revistas de época. La sonrisa del Zorzal asoma en antiguas fotos, mientras su voz puebla cada rincón con su fraseo inconfundible. El patio, el piletón para lavar la ropa, la cocina, el cuarto de planchado recuerdan al Buenos Aires de otros tiempos. Se trata de uno de los museos más concurridos de la ciudad, indispensable para sumergirse en el ambiente gardeliano. Además, el museo organiza ciclos de conciertos de tango.

Jean Jaurés 735 / Tel: 4964-2015 http://www.museocasacarlosgardel.buenosaires.gob.ar/  


Bar de Roberto

Este bodegón de 1893, en Almagro, reúne a un público ávido de escuchar tangos en un ambiente espontáneo, donde los músicos interpretan sus canciones sobre una minúscula tarima. De martes a sábados desde las 22.30 se presentan con entrada libre cantantes como Maricruz Terrazas, Osvaldo Peredo, Agustin Ortega y Carlos Señorelli. Este Bar Notable conserva sus paredes de ladrillo a la vista, los pisos de mosaico calcáreo y la vieja barra de madera.

Bulnes 331 / Contacto en Face- book: “Lo de Roberto”.

Club Atlético Fernández Fierro

Una de las orquestas que más notablemente ha incursionado en el género es sin dudas la –aclamada por la juventud tanguera– Orquesta Típica Fernández Fierro, compuesta por once virtuosos músicos y la carismátca voz de Walter “el Chino” Laborde. En el CAFF, el club social y cultural (ex taller mecánico) que fundaron, se presentan buenos conciertos de tango y exposiciones de arte

S. de Bustamante 764/ 4867-4037 http://www.caff.com.ar/

Las hay prestigiosas y también más chicas y barriales. Informales y juveniles o de adultos empilchados y “niños bien”, el éxito de un salón de baile depende del DJ y de la calidad de su pista. Aquí, una guía para todos los gustos.


El Club Sunderland

Esta milonga de los sábados que se hace en la cancha de básquet del Club Sunderland de Villa Urquiza es tal vez la más emblemática de todo el circuito. Aunque la pista es de mosaico y no hay orquesta en vivo, la mística del lugar convoca a los bailarines más experimentados. Pasada la medianoche, la pista se puebla de trajes oscuros, brillos y tacos altos. A los viejos tangueros se agregan los hijos y nietos, curiosos, turistas y bailarines llegados de todos los barrios porteños. Los códigos se respetan y en la pista no hay lugar para improvisados.

Lugones 3161 / Tel: 4541-9776  http://www.sunderlandclub.com.ar/  

El Salón Canning

En el barrio de Palermo, el Salón Canning se destaca por su pista con piso de madera –una de las mejores de la ciudad– y el excelente nivel de las parejas que se lucen en ella. Además, aquí se pueden ver espectáculos de bailarines experimentados, orquestas y tomar clases de baile antes de la milonga, que funciona de lunes a domingos, convocada por distintos organizadores.

Scalabrini Ortiz 1331 / 4832-6753 http://www.parakultural.com.ar/

La Viruta

“Entrás caminando… salís bailando”, dice el lema de esta milonga –la más concurrida de la Ciudad– que ofrece clases de tango, de salsa y de rock and roll. La Viruta funciona desde 1994 en el subsuelo de la Asociación Cultural Armenia, en plena movida del barrio de Palermo. Tiene fama de “milonga joven”, aunque asiste público de todas las edades. Aunque suele llenarse (razón por la cual algunos principiantes pueden quedar atrapados en la marea de bailarines), aquí los códigos son relajados y, realmente, no hace falta ser avanzado en el baile para intentar dar unos pasos en la pista, donde se mezclan tacones y zapatillas, vestidos de fiesta y pantalones de jean.

Armenia 1366 / Tel: 4779-0030. http://www.lavirutatango.com/


En San Telmo y al aire libre

En Plaza Dorrego, en el barrio de San Telmo, los domingos tiene lugar la milonga solidaria a cielo abierto que organiza Pedro “el Indio” Benavente. Favorita tanto por jóvenes como por viejos milongueros, aquí resalta una selección musical que incluye el canyengue, un estilo “callejero y orillero” de principios del siglo XX que casi ha dejado de bailarse. La entrada es a la gorra y se aceptan alimentos no perecederos que luego son distribuidos en comedores comunitarios.

Humberto Primo y Defensa /


El encanto de la Glorieta

En la otra punta de la ciudad, vale la pena conocer la milonga de la glorieta de Barrancas de Belgrano, un bello patio techado en el que el bailarín Marcelo Salas organiza un alegre y concurrido baile. Cuando la jornada llega a su fin y la glorieta empieza a vaciarse, los jóvenes aprovechan el espacio libre para improvisar y jugar con pasos amplios y desacartonados.

11 de Septiembre y Echeverría / http://www.glorietadebelgrano.com.ar/

Con sello “queer”

En el tango, los roles de género suelen estar bien definidos. “El hombre conduce y la mujer se luce”, aseguran con énfasis los viejos milongueros. Pero en los últimos años han surgido nuevas tendencias en las que el tango se ha liberado de su rígida estructura y los bailarines eligen qué rol les interesa ocupar. No es extraño entonces ver bailes entre personas del mismo sexo que, incluso dentro de un mismo tema, pueden intercambiar sus roles. Los espacios más recomendados son las milongas La Marshall (http://www.lamarshall.com.ar/), la de la Casa Brandon (http://www.brandongayday.com.ar/) y Tango Queer (bueno sairestangoqueer.blogspot.com).

Otros imperdibles

Entre las antiguas columnas, lámparas de bronce y pisos de mosaico de la elegante confitería La Ideal fundada en 1912, funciona una milonga que comienza en las primeras horas de la tarde. El horario y la ubicación hacen que sea la preferida de los oficinistas que trabajan por la zona. (Suipacha 380 / 5265-8069 / http://www.confiteriaideal.com/) .

En el local de Riobamba 416, con sus pisos de madera funciona la tradicional milonga El Beso (martes, miércoles, jueves y domingos a partir de las 22) y los sábados a partir de las 22.30 la milonga Las Morochas, que convoca a bailar a los “sin pareja” (http://www.milongalasmorochas.com.ar/ ).

Muy cerca de allí, en Porteño y Bailarín, entre globos de espejos y luces tenues las parejas despliegan sus pasos con habilidad, los martes y domingos desde las 22.30 (Riobamba 345 / http://www.porteybailarin.com/).

La amplia y perfecta pista de pinotea del Club Gricel, en San Cristóbal, convoca a algunos de los maestros más clásicos y experimentados del tango (La Rioja 1180, http://www.clubgriceltango.com/ , lunes a domingos por la noche, salvo martes y miércoles).

Hay que sumar a las milongas consideradas “juveniles” las que funcionan en los clubes Fulgor de Villa Crespo (Loyola 828, fulgordevillacrespo.com.ar) y en el Villa Malcom (Córdoba 5064, http://www.elmotivotango.com/ , en especial, son buenos los bailes de los lunes y viernes). Por último, dos espacios originales: la milonga La Catedral (Sarmiento 4006) y la del Centro Cultural “Lola Mora”, el primer sábado de cada mes, en Río de Janeiro 986.

Por Silvina Quintans para Diario Clarín

miércoles, 16 de febrero de 2011

Buenos Aires: Galerías Subterráneas...

Un entramado del mejor arte recorre las entrañas del metro porteño. Cada día, un millón de pasajeros admira el ingenio de Quino, los trazos de Molina Campos y más.



Pasaje. Compuesto por 600 cerámicos, el mural de Pablo Siquier divide las líneas B y C en la estación Carlos Pellegrini. Bautizado 0908, el artista lo catalogó como “arte digital”.


Arte por $ 1,10


En la década del 30, Buenos Aires era una fiesta. La París de Sudamérica, como se la llamaba, recibía al mundo con progreso y ampliaba su transporte subterráneo. En 1934, la Compañía Hispano Argentina de Obras Públicas y Finanzas, responsable de la flamante línea C, decidió importar mayólicas con trabajos de artistas españoles y montarlas en sus estaciones.

Años más tarde, con el armado de las líneas D y E, se invitó a artistas como Otto Durá, Alfredo Guido y Léonie Matthis de Villar a inspirarse en las leyendas, tradiciones y costumbres nativas. El resultado, que convive en esos recorridos con los trabajos de artistas contemporáneos, incluye desde el casamiento de los guaraníes en Iguazú hasta la batalla de Caseros o la Conquista del Desierto.


En Plaza Italia, el arte se plasmó sobre el suelo, con un diseño portuario de Benito Quinquela Martín

 

El paso del tiempo, las filtraciones y las roturas de algunas piezas fueron deteriorando ese acervo y convirtiéndolo en un elemento más dentro de las estaciones. Pero desde un poco más de una década, la empresa concesionaria decidió trabajar en la restauración y el crecimiento de ese patrimonio. A través del programa SubteVive, ya son 25 los nuevos murales emplazados en las seis líneas porteñas, dando lugar no sólo a artistas plásticos consagrados sino también a otros cuyo oficio primario es el dibujo.



Mafalda llegó bajo tierra de la mano de Quino, en el pasaje Lima de la línea A. Los turistas se asombran al descubrirla.

Así, Rogelio Polesello (en la línea D, estación José Hernández); Josefina Robirosa (misma línea, estación Olleros); Carlos Páez Vilaró y el fileteador Andrés Compagnucci (línea B, estación Carlos Gardel) conviven con las viñetas de Horacio Altuna (línea C, pasaje Lima Norte), Quino (en el mismo espacio) y Hermenegildo Sábat –que rinde homenaje a los “próceres” del tango, en Lima sur.

Los visitantes los fotografían, los admiran y los notan. Los porteños, sumidos en la vorágine, difícilmente reparen en ellos. Pero tomarse un segundo para apreciarlos cambia, sin dudas, la rutina del viaje.

Por Clara Fernández Escudero para Diario Perfil, febrero de 2011.

martes, 15 de febrero de 2011

India: Himachal Pradesh y sus caminos de aprendizaje

Diario de viaje por uno de los estados de la India más apartados del turismo y con rasgos budistas, junto a los Himalayas


 

Popularmente conocido como Dev Bhumi, Tierra de los Dioses, Himachal Pradesh es un montañoso estado de la India al oeste de los Himalayas. La mayor parte de su población vive de la agricultura en pequeñas aldeas. Y si bien la gran mayoría es hindú existe allí también un significativo número de budistas.
Con una altitud que varía de los 350 a los 7000 metros sobre el nivel del mar, sus vastas montañas están cubiertas de bosques, flores silvestres, ríos, cascadas, huertos de manzanas y... plantaciones de cannabis.

A 40 kilómetros hacia el norte de Kullu -capital del distrito-, Manali es la población más frecuentada por los mochileros en esta región apartada del turismo tradicional. Allí, lo ideal es visitar los templos y recorrer los senderos junto al río Beas. El pueblo se divide en dos partes: una nueva, con la estación de buses, el mercado y varios hoteles; y un viejo Manali, elegido por los mochileros, adentrado 5 kilómetros en la montaña, lleno de casas donde alojarse y panaderías.

Una de las primeras cosas que captan la atención son las plantaciones de cannabis, como yuyos de un color verde fosforescente por todas las calles. Las plantas no sólo se ven, sino que también se huelen, entremezcladas con flores salvajes de la zona y otras cuidadosamente cultivadas como la caléndula, los claveles y gladiolos amarillos, blancos, rojos.

Dejamos nuestras cosas en el cuarto de Om Guest House (la habitación, 3,5 dólares la noche), con su cama poco cómoda pero limpia, baño privado y dos sillas con una mesa para desayunar, pasar la tarde o cenar mirando el hermoso jardín. Y bastó el primer ascenso para chocarnos con el único templo en la India dedicado a Manu, sabio creador de la humanidad y escritor del Manusmriti. Reconstruido en 1992, es visitado diariamente por locales que llegan a rezar y agradecer junto con turistas de todo el mundo.


 
Por la única calle que recorre el viejo Manali uno se topa con puestos de ropa, chicos jugando, panaderías, restaurantes, vacas y turistas. Imposible no parar en las panaderías y probar por un dólar las tortas de manzana, chocolate, nueces, queso, las galletitas, medialunas o los sándwiches.

Acompañados por un espléndido sol, emprendimos la caminata de seis kilómetros hacia Vashisht y Kothi, donde los locales recomiendan ir para sentir la montaña en su plenitud y conocer las cataratas. Siguiendo el río Beas llegamos a un templo dedicado a Rama construido con piedras alrededor de un inmenso roble. Uno de los tantos babas, personas espirituales de la zona, vino a recibirnos. Con sus largas rastas, tez oscura, ojos transparentes y edad indescifrable nos dio un fuerte abrazo e indicó el camino a las cataratas. El opto por quedarse. Sin embargo apareció sorpresivamente antes que nosotros allí arriba.

"Llegaste volando", le dije. "Me gustaría volar." Me respondió que era posible, tomó mis manos y me guió hasta una piedra llana donde nos sentamos. Con las piernas cruzadas, las manos sobre las rodillas y las palmas hacia arriba comenzamos a meditar, mirándonos fijamente a los ojos. No puedo definir cuánto tiempo pasó, pero aún recuerdo la sensación de relax. Lo invitamos a tomar un chai y nos contó que, según su creencia, nacemos y morimos solos ya que todos somos uno, pero nos vamos haciendo amigos por el camino.

A la tarde, de vuelta en Manali, un señor mayor que cargaba con una valija llena de esencias y aceites nos ofreció un masaje mientras esperábamos nuestra comida en Friend Restaurant. Por la módica suma de un dólar, cada uno recibimos un masaje de pies, manos y cabeza. Cada vez más relajados disfrutamos de unos fideos salteados con verduras, plato clásico en cualquier restaurante turístico para quienes no toleran la comida picante.

Juegos en el bosque

Con un bus desde Manali recorrimos 50 kilómetros en tres horas hasta Banjar, y luego otro bus local para llegar al Great Himalayan National Park.

El parque, fundado en 1984, abarca 754 kilómetros cuadrados. Caracterizado por su biodiversidad, sus aldeas y el poco turismo, cuenta con inmensos bosques de robles y bambúes, prados alpinos, el rápido río Thirtan y 375 especies de mamíferos, aves, reptiles y anfibios. Los locales viven en un nivel primario de subsistencia con un contacto exterior muy limitado más allá de las zonas cercanas. La ruta principal que comunica el parque se pierde en la montaña alejándose de la civilización.

Para alojarse, la mejor opción es el pueblo de Sai Ropa, donde comienza el parque y donde está su refugio principal. El refugio ofrece habitaciones dobles con baño privado por US$ 3, dobles con baño compartido por US$ 2 y dormis por un dólar. Optamos por el dormi, una habitación con 10 camas y baño compartido donde, de todos modos, estábamos solos.


Caminando, conocimos a un grupo de chicos que jugaban al costado de una ruta con unas frutas redondas y verdes. Nos enseñaron con mucho entusiasmo cómo trepar a los árboles y remover el fruto que luego hay que partir contra una roca para llegar a la nuez que tiene dentro. Esos mismos frutos verdes los usaban para dibujar sobre las rocas. También nos demostraron su habilidad física para pararse de cabeza como todo yogui y hasta colgarse como trapecistas de cables de teléfono. Siempre con sus sonrisas sinceras, con ganas de aprender, de compartir, de enseñar, de observar, jugamos toda la tarde. Ninguno sabía inglés, pero nos comunicamos. Estaban felices de que les sacáramos fotos y después ver su imagen en la pantalla de la cámara. Mientras, pasaban buses llenos de gente (hasta en los techos) saludando y sonriendo. Hasta que el padre de los chicos los vino a buscar para volver a casa, era hora de que la familia saliera a juntar agua para el día siguiente.

Al otro día volvimos a verlos, esta vez en el colegio, con uniformes de colores que variaban según el grado al que pertenecían, marchando en fila al compás de los tambores que hacían sonar los más grandes. Les preguntamos a las maestras, qué hablaban poco inglés, si nos podíamos quedar y contentas accedieron. En un pizarrón dibujamos animales, flores, casas, árboles; ellos levantaban la mano y nombraban cada cosa en inglés y en hindi. Jugamos en el patio al pato ñato, a la mancha, al pulpo, y bailamos, saltamos, cantamos y aplaudimos. Atentos, copiaban todo lo que hacíamos. Nos despedimos con abrazos y besos.

Caminar por el parque nacional es absorber energía verde. Por la única ruta decidimos hacer dedo para avanzar más rápido. El primer auto que pasó nos acercó al próximo y último pueblo accesible en cuatro ruedas. Nos indicaron que tomáramos el camino que nace al costado izquierdo del templo y empezamos a subir por la montaña. Los locales, felices de vernos, nos ofrecían manzanas. El estado de Himachal Pradesh tiene una vasta producción de manzanas y los trabajadores -hombres, mujeres, jóvenes, viejos- cargan desde lo alto de la montaña cajas de 20 kilos todos los días. Nosotros estábamos cansados de llevar una mochila de dos kilos.

El paisaje es imponente: árboles que parecen dibujados, ríos fuertes y ruidosos, cabras pastando y los tradicionales perros que acompañan y guían en el viaje. Nunca encontramos el cartel tallado en madera que indicara Bienvenidos a la entrada principal del parque, porque no existe. El parque es todo y dentro de él viven familias en aldeas alejadas a las que sólo se arriba a pie, saltando ríos y esquivando animales, en medio del paraíso. Frenamos a tomar un chai y la gente del lugar nos miraba asombrada; muy pocos turistas llegan a esta zona.

El hogar del Dalai Lama

En 1950 la recién nacida República Popular China liderada por Mao Tse Tung invadió Lhasa, capital del Tíbet. En 1959 tras la trágica represión en la que murieron miles de tibetanos, el guía espiritual -el 14° Dalai Lama- y sus seguidores se exiliaron en la India y Nepal. McLeod Ganj, suburbio a 9 kilómetros de Dharamsala en el oeste del estado de Himachal Pradesh, es hoy su hogar.

Por las angostas y sinuosas calles de McLeod Ganj circulan cientos de monjes -tanto hombres como mujeres- rapados y con largos trajes amarillos o anaranjados que simbolizan la vida sencilla y la sabiduría. Se venden artesanías tibetanas y momos, thenthuk y balep korun, entre otras típicas comidas del Tíbet, en la mayoría de los restaurantes.

Nos ofrecimos como voluntarios para ayudar en las clases de inglés gratuitas que se dan a los exiliados en uno de los tantos centros que promueven la liberación del Tíbet, con documentales y charlas abiertas acerca del tema. La Free Tibet School está dirigida por uno de los exiliados y su novia, Sara, de Estados Unidos.

Tuvimos la suerte de estar allí los días de las enseñanzas del Dalai Lama. Locales y turistas de todo el mundo caminamos desde la estación de buses hasta Tsuglag Khang -predio que contiene el templo principal, el monasterio Namgyal y el hogar y las oficinas del guía espiritual- para verlo. Por el patio principal pasó saludando en su traje morado y amarillo con lentes de sol, luego escuchamos las enseñanzas a través de varios parlantes y televisores que lo transmitían en vivo durante la mañana en tibetano y a la tarde en inglés.

Esta zona de montaña también es especial para los trekkings. El más recomendado es transitar los 9 kilómetros hacia Triund, donde se puede pasar la noche en carpa. Otra opción es pasar el día en Palampur y conocer sus grandes plantaciones de té. Allí, la lluvia y el sol nos regalaron un arco iris que se extendía en el horizonte detrás de una aldea iluminada y brillante en contraste con el fondo gris. Mojados y felices tomamos un chai y nos despedimos de Himachal Pradesh.

Por Victoria Verzini Para LA NACION

EXCURSION AL VALLE DE PARVATI


El valle de Parvati está al norte del estado de Himachal Pradesh entre los ríos Beas y Parvati. La primera parada para emprender la aventura por este valle es el pueblo de Manikaren donde se ven pasar vacas, chicos jugando con monedas, locales llenos de juguetes provenientes de China, suéteres tejidos a mano, artesanías en madera y mantas. Pasan bueyes tirando carros cargados de ladrillos, gente descalza con turbantes coloridos en sus cabezas, mujeres vestidas con saris y marcando cada uno de sus pasos con el sonar de sus tobilleras. Todo a la vez.

El paso de los días nos enseñó que no se necesitan tantas cosas, por lo que una mochila entera la dejamos en la guest house que nos alojó esta primera noche, una casa subiendo la escalera principal donde la familia se ofreció a cocinarnos.

Todos los días salen colectivos y camionetas locales hasta Barsiani donde hay que empezar a caminar. Nosotros tuvimos la suerte de conocer a Geilal, que iba al mismo lugar que nosotros. Otra opción es contratar a gente local que te guía por la montaña y también carga la mochila. Primero fuimos a Pulga donde invitamos a nuestro amigo a comer.

Seguimos camino el mismo día hacia Kalga, un pueblo similar, pero más adentrado en la montaña y menos conocido con el fin de seguir camino a Kheer Ganga.

Aguas curativas

 
Desde Kalga el recorrido es a pie durante 4 horas pasando por la catarata Rudra-Nag, que sorprende en medio del verde de los pinos de montaña. Kheer Ganga, a 2960 metros, es un paraíso hippie. Las creencias dicen que Siva permaneció aquí meditando durante 3000 años, y con el fin de proteger el área natural hundió su tridente en la tierra para calentar las aguas hoy características del lugar y de extrema importancia tanto para los hindúes como para los sijistas y budistas por sus propiedades curativas.

Nos alojamos en la casa de un amigo de Geilal, Balom. La casa se llama Ice and Fire. Balom llegó a Kheer Ganga hace 15 años. Cuenta que en ese entonces no había agua ni luz, y hoy con orgullo nos ofrece una habitación en su mansión construida con plástico y barro, una gran carpa con mesas y colchonetas en el piso, y pequeñas chozas que alquila por noche.

La electricidad la obtiene con paneles solares. Todos los años vuelve a construir su morada que se destruye durante las nevadas de octubre. El restaurante de Ice and Fire ofrece una gran variedad de exquisitos platos, fríos, calientes, de desayuno, postres... a precios accesibles, aún más cuando uno se percata del lugar donde está.

Ninguna de estas casas tiene duchas. Las piletas de agua caliente natural son de acceso gratuito, están a 20 metros de la aldea, con espacios separados para hombres y mujeres
La Nación, Febrero 2011.

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