viernes, 30 de septiembre de 2011

Por los rincones de Londres...

 Entre paseos arbolados y puestos de antigüedades, un recorrido por los jardines y mercados de la capital inglesa.




La ardilla observa desde el banco de madera mientras la niña abre un paquete de galletitas. Toma una de las migas que caen al suelo y se la lleva hasta las ramas más altas de un roble. Dos o tres patos miran curiosos desde la ribera del lago, donde la superficie del agua refleja las copas de los sauces. Esta escena, que recuerda los paisajes de la campiña inglesa, tiene lugar bajo el sol del mediodía y sólo cuando, al levantar la vista, distinguimos la imponente silueta del London Eye –o Rueda del Milenio– recordamos que estamos en pleno centro de una de las grandes metrópolis del mundo.
Así es Londres , la capital de Inglaterra : millones de personas y cientos de idiomas al compás de un ritmo que se acelera en las grandes áreas céntricas y parece calmarse al llegar a las praderas urbanas, cruzadas por senderos y sembradas de árboles. Distribuidos en distintos barrios, con sus diversos estilos y personalidades, los parques y los mercados londinenses son parte del discreto amor británico por la naturaleza y las tradiciones, y a esta altura resultan casi tan emblemáticos como la plaza de Trafalgar, los Beatles o el Big Ben.
Bienvenida sea, entonces, la intermitente llovizna de Londres, si es el precio que hay que pagar para mantener estos pequeños bosques citadinos. 


Ubicado en pleno centro, el St. James’s Park –hogar de la ardilla del comienzo– propone un recorrido que bordea un lago y lleva desde la zona de Westminster hasta las puertas mismas del Buckingham Palace, donde los turistas se reúnen para ver el cambio de la guardia real.
A pocos minutos de aquí se encuentran algunos de los lugares más representativos del casco urbano: la abadía de Westminster, Trafalgar Square y las concurridas esquinas de Oxford Circus y Piccadilly Circus. Pero en vez de apurarse rumbo al asfalto y los edificios, quizás vale la pena detenerse un rato en la cafetería, a juntar fuerzas con la dulzura de un muffin de arándanos y el aroma de un té Earl Grey.
Pasando el Buckingham Palace hacia el oeste a través del Green Park se llega a Hyde Park , otro de los grandes Parques Reales, antiguo coto privado de caza del rey Enrique VIII. Por aquí, junto al lago Serpentine, pasan usualmente decenas de deportistas en bicicleta y en rollers. Más allá, en el pasto, un grupo de mujeres enfundadas en burkas negras se reúne alrededor de una mesa de picnic, y dos chicas en shorts conversan bajo la sombra de un plátano. Un improvisado partido de fútbol acaba de terminar y Paul muestra orgulloso su remera de Nueva Chicago. Cuenta que hace un tiempo estuvo de visita en Buenos Aires y que buscó una camiseta: “De un equipo más bien chico, como el mío”. Aquí, en Inglaterra, es hincha de Torquay United.





Un poco más allá, próximos a las tiendas lujosas, el emporio de Harrods y las fachadas señoriales de Kensington Road, los Kensington Gardens son la antesala del palacio del mismo nombre. Si todavía hay tiempo, se recomienda seguir hasta Holland Park , uno de los secretos mejor guardados de la capital británica.
El camino empieza con un bosque frondoso que de a poco se abre hasta llegar a un claro en el que algunos chicos practican críquet, mientras otros se acercan al ajedrez gigante o se dan una vuelta por el jardín de rosales.
Hacia el norte, en cambio, se destacan los paisajes de Regent’s Park , con su zoológico y su canal de agua por el que transcurren, silenciosos, los barcos de paseo.
Junto a los prados y las vistas arboladas, otro de los aciertos de esta ciudad en cuanto al aprovechamiento del espacio público son sus atractivos mercados callejeros. Aquí, la antigua tradición europea del comercio en las plazas se aggiorna para prácticamente todos los gustos.
A diez minutos a pie de Regent’s Park, el Camden Market es un buen comienzo: sobre las veredas se disponen los percheros de ropa. Unos turistas preguntan por las camisetas de distintas bandas punk y, otros, por los imanes con las fotos de la última boda real.
A la izquierda, en una de las galerías bajo el puente, están los puestos de decoración. Telas provenientes de la India y almohadones de reminiscencias victorianas se intercalan en el recorrido con artesanías hechas con diferentes materiales. También los mostradores de comida: desde un perfumado plato con curry (un clásico de la ciudad) hasta especialidades chinas, pizzas, shawarmas o un pastelito dulce preparado según alguna receta caribeña.
Mientras tanto, en medio del coqueto barrio de Notting Hill, brilla con luz propia el mercado de Portobello Road . Se destacan las antigüedades en las vidrieras de los locales y en los puestos callejeros, pero además es un buen lugar para conseguir algo de ropa vintage y para comprar frutas y vegetales.
Si el tiempo ayuda, no hay que dejar pasar la ocasión de comer en los pubs y bares con mesitas a la calle, que también suelen ser muy vistosos puertas adentro. El mercado queda cerca de los jardines de Kensington, a sólo cinco minutos de la estación de subte “Notting Hill Gate”, y conviene ir los días sábados.
A diferencia de los anteriores, el Borough Market se especializa en comidas de todo tipo y suele ser elegido por los oficinistas que trabajan cerca del puente de Londres. Se encuentra en la margen sur del río Támesis y es un verdadero edén gastronómico. Además de frutas, verduras y flores, hay opciones de comida étnica –hasta un puesto que vende empanadas argentinas–, salchichas, helados, quesos y platos orgánicos y vegetarianos (está abierto los días jueves, viernes y sábados).
Este sitio es ideal para hacer un alto y almorzar en medio de la recorrida por la zona céntrica de la ciudad. Un restaurante dispone sus mesas bajo las arcadas de metal para brindar sus especialidades en pescados y mariscos. La alternativa, sin embargo, es comprar en un puesto y almorzar –como hacen tantos londinenses– en los jardines de la lindera catedral de Southwark.
Del otro lado de la orilla, cruzando el área del Soho, el célebre predio Covent Garden es uno de los más concurridos puntos de encuentro. Allí funcionan el Apple Market y el Jubilee Market . Epicentro de elegantes locales de ropa y restaurantes, conserva sin embargo algo del encanto callejero y urbano que tienen los grandes solares de Europa. 

 
Menos turísticos pero igualmente tradicionales, mercados como el de Spitalfields (al este de Londres, cerca de la estación Liverpool Street) o el de Brixton (junto a la estación del mismo nombre) son una buena opción para quienes tienen tiempo y quieren visitar un poco más. También se puede aprovechar el extenso parque de Clapham Common , que los sábados y domingos ofrece una magnífica postal de la vida suburbana londinense: chicos en los juegos, familias que van a la iglesia al tiempo que los últimos trasnochados regresan a sus casas después de largas horas en el pub y el club.
A los pies de todos ellos, el verde intenso y brillante de la vegetación inglesa.
Fuente: María Sol Porta para Clarín

miércoles, 21 de septiembre de 2011

FELIZ PRIMAVERA !!

martes, 13 de septiembre de 2011

Tour de clásicos y estrenos en San Sebastián...

A punto de comenzar una nueva edición de su prestigioso festival de cine, La Perla del Cantábrico, en el País Vasco, propone un tour de película y en 3D


SAN SEBASTIAN.- A esta ciudad vasca, capital de Guipúzcoa, vale la pena llegar por tierra, desde la vecina provincia de Alava. Así se puede apreciar el cambio de paisaje, de los viñedos alaveses a los bosques y montañas guipuzcoanos. Hasta que aparece el mar y, ahí, La Perla del Cantábrico, como se conoce a esta pequeña y coqueta ciudad. Apenas a 20 kilómetros de Francia, ahí comenzará este viernes la 59» edición de uno de los festivales de cine más relevantes en la agenda internacional, el único de categoría A en España.
San Sebastián (Donostia, en euskera) no es la capital ni el centro económico del País Vasco (Vitoria/Gasteiz es lo primero, y Bilbao, lo segundo). Pero no le faltan motivos de orgullo. Sobre todo, por su envidiable ubicación con vista al mar. Y también por su incomparable elegancia y su identidad balnearia, más o menos en el estilo de Biarritz, Niza o Montreaux. "Aunque soy de Bilbao, siempre en pique con los donostiarras, creo que San Sebastián es la ciudad más bonita de España, por su ubicación, por las calles y por los palacetes que reflejan en sus vidrieras el oleaje del mar", reconoce el vasco José Félix Cano Montoya, ejecutivo en la Argentina de la agencia mayorista de turismo Ola.
A mediados del siglo XIX, los médicos de la corte le indicaron a la reina Isabel II baños de mar para sus afecciones de la piel. La presencia de tan destacada turista no tardó en poner de moda aquellas playas. Y hacia el siglo XX (ya con la reina regente María Cristina, que había fijado la residencia estival de la corte en el palacio de Miramar), San Sebastián se transformaba en un balneario predilecto de la emergente burguesía europea.
Testimonio de aquellos años, la postal típica de Donostia es un frente de elegantes edificios belle époque, de cara a tres playas con sus ramblas, Concha, Ondarreta y Zurriola. Todo flanqueado por dos montes que son como fortificaciones vigilantes, Urgull e Igueldo, con espectacular mirador y parque de diversiones vintage. Y también por la isla Santa Clara, casi a tiro de piedra desde la playa de la Concha, donde incluso en invierno es habitual divisar algún valiente sobre una tabla, en traje de neoprene. Es que San Sebastián comparte con Mar del Plata algo más que su identidad de ciudad balnearia y de sede de festival de cine categoría A: igual que su pariente argentina, Donostia es un apreciado destino de surf aunque, en principio, el deporte extremo no haga mucho juego con el romántico casco antiguo y la intensa vida cultural, incluyendo también un buen festival de jazz en julio.
El festival de cine, Zinemaldia, fue un recurso para recuperar algo del glamour perdido con la prohibición del juego y el cierre de los casinos. Hoy ocupa un lugar central en la vida de la ciudad, literalmente: su sede es el Palacio de Congresos y Auditorio Kursaal, casi un punto de partida para conocer todo lo demás, gracias a una estelar ubicación entre la costanera y la desembocadura del río Urumea. Diseñado por el arquitecto navarro Raúl Moneo, el complejo consiste en dos sobrias estructuras a las que los locales llaman, con poder de síntesis, los cubos.
La verdad que el diseño del Kursaal no podría contrastar más con la arquitectura afrancesada que lo rodea. Así que no sorprende saber que cuando se inauguró, en 1999, los donostiarras distaban mucho de estar impresionados con semejante irrupción estética. Algo parecido a lo que había ocurrido dos años antes muy cerca, en Bilbao, con el exuberante (y bastante más costoso) Museo Guggenheim. Sin embargo, con el tiempo y tal como sucedió con el museo bilbaíno, el éxito del Kursaal terminó por legitimarlo y de a poco fue mirado con más y más simpatía.

Paseo de las estrellas
El Kursaal se comunica con el otro lado del río por medio de otro ícono donostiarra, el puente de la Zurriola, quizá más conocido como puente del Kursaal e iluminado por unas lámparas bastante particulares, de rasgos casi futuristas, que parecen faros en miniatura. Pero son muchos los puentes interesantes que cruzan el Urumea, cada uno con su estilo, como el Santa Catalina y el María Cristina.
Un buen plan es sumarse a los tours San Sebastián De Cine, promovidos por la oficina de Turismo local. Por 14 euros (menores de 12 años, gratis), la caminata de dos horas conduce por la llamada Ruta de las Estrellas, con paradas en el Kursaal, el hotel María Cristina, el Teatro Victoria Eugenia y el bar Oquendo.
El tradicional María Cristina está a pasos del Kursaal y de la playa, y es el hotel donde se alojan muchos VIP del festival de cine. Inaugurado en 1912, León Trotsky, Mata Hari, Coco Chanel, Audrey Hepburn, Alfred Hitchcock, Steven Spielberg y Mick Jagger son apenas algunas firmas en su libro de huéspedes célebres.
Actual miembro de la cadena Luxury Collection, el María Cristina será pronto cerrado por unos seis meses para una gran renovación de muebles, alfombras, empapelados y otros detalles de decoración que, si bien distinguidos, hoy ya no disimulan el paso del tiempo.
Junto al noble cinco estrellas se encuentra otro edificio fundamental para el festival de cine: el Teatro Victoria Eugenia, inaugurado junto con el hotel como parte de un mismo plan urbano, a principios del siglo XX, de la Sociedad Anónima de Fomento de San Sebastián.
Tal es la proximidad de los dos edificios históricos que, en días de Zinemaldia, las estrellas pueden caminar por una única alfombra roja desde el hotel María Cristina hasta las proyecciones en la deslumbrante sala del Victoria Eugenia, donde alguna vez Hitchcock estrenó mundialmente Vértigo .
El tour pasa también por Oquendo, el bar de las estrellas, estratégico vecino del hotel María Cristina, decorado con una buena cantidad de fotos de actores y directores que pasaron por allí a tomar una copa o comer un pintxo, acaso para celebrar la obtención de alguna Concha de Oro o de Plata durante el Zinemaldia.

Gastronomía: estrellas y mixtos
Hay un dato que todo promotor de San Sebastián repite de memoria para impresionar (y nunca falla): esta ciudad cuenta con el mayor número de estrellas Michelin por metro cuadrado en el mundo. En ningún otro lugar hay tantos restaurantes con el sello de calidad de la exigente guía gastronómica francesa.
La tradición culinaria vasca, y en particular donostiarra, es uno de los grandes atractivos de La Perla del Cantábrico, tanto en la versión supersofisticada, de laboratorio, como en las costumbres más cotidianas e informales.
Apellidos como Arzak, Aduriz, Berasategui y Subijana forman un dream team de cocineros-celebridades y una constelación Michelin notable, más aún si se considera que la población es de sólo 185.000 habitantes. El restaurante de Juan Mari Arzak (mentor de Ferran Adrià), en los últimos años junto a su hija, tiene tres estrellas y es uno de los mayores referentes de la cocina de vanguardia y la investigación, con laboratorio propio. También es, claro, uno de los restaurantes más caros, con su clásico menú degustación de once pasos muy cerca de los 150 euros. No se queda atrás Mugaritz, de Andoni Luis Aduriz, otro abonado a las listas de las mejores cocinas del mundo.
Lo más interesante de la escena culinaria donostiarra es que junto a la sofisticación de estos reconocidos chefs, ofrece también un gran menú de bares y fondas mucho más accesibles, pero de una cultura gastronómica riquísima. Aquí los protagonistas casi excluyentes son los pintxos, o sea la versión vasca de las tapas, aunque en Euskadi nieguen que las dos cosas sean lo mismo.
Los pintxos son pequeñas porciones (¡tapas!), originalmente fijadas con un palillo a un trozo de pan, ahora evolucionadas a formatos de lo más diversos y elaborados.
Ir de pintxos es un deporte local que consiste en recorrer bares, idealmente en grupos de amigos o cuadrillas, probando especialidades en estas miniporciones acompañadas por vino txacoli (vasco, dulce, levemente burbujeante), sidra o un zurito de cerveza. Sin duda, un deporte de resistencia y los locales parecen bien entrenados; el encantador casco viejo donostiarra (San Telmo) sin duda alienta a recalar en un bar más, y en otro, y en otro...
Para los que sientan que encontraron su lugar gastronómico en el mundo, San Sebastián Turismo implementó un programa de talleres exprés para aprender a hacer pintxos, por ejemplo, en el restaurante-escuela Ni Neu, primer piso del Kursaal, sede del festival de cine. En poco más de un hora egresan de allí nuevos expertos en el arte de preparar una tortilla de bacalao deconstruida, un poco a lo Ferran Adrià, o la clásica gilda, combo de tres guindillas, una aceituna y una anchoa atravesadas por un palillo. Así de fácil, así de rico.
Los imperdibles gastronómicos de la ciudad se completan con el Mercado de La Bretxa, antigua feria llamada así por ser el sitio por donde ingresaron las tropas inglesas en el asedio de 1813.

Que suenen los tambores



Para los amantes de la fiesta y el ruido, la fecha para visitar San Sebastián es, sin duda, el 20 de enero. Ese día se celebra en la capital de Guipúzcoa la Tamborrada de San Sebastián, 24 horas de celebración en la que los tambores suenan por toda la ciudad.
La juerga comienza con el primer minuto del 20 y termina con el primer segundo del 21 en la plaza de la Constitución. "La plaza se llena de gente que rodea una plataforma donde hombres y mujeres de las distintas sociedades (como clubs gastronómicos de años y tradición) tocan sus tambores y barriles, comenzando siempre por la marcha de San Sebastián después de escuchar la última campanada que repica las 00.00. Es un instante muy emotivo para todos -explica la donostiarra Lorena Zabala Juanikotena-. Esa noche es muy típico comer afuera, pero hay que reservar porque no cabe ni un alfiler en la ciudad. Y también está la opción de preparar una cena entre amigos y familia, ver el comienzo por la tele cantando la marcha con tambores y más tarde salir a la calle o al balcón". Durante toda la noche las compañías cruzan la ciudad a buen ritmo.

Fuente: Daniel Flores para La Nacion, Septiembre 2011.-

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