martes, 30 de marzo de 2010

Bélgica... la ciudad encantada.

Considerada una de las ciudades medievales mejor conservadas, deslumbra con sus callejuelas, los canales y los magníficos edificios góticos.


En el comienzo de la película "Alatriste", en la que Viggo Mortensen hace de soldado castellano del siglo XVII, aparecen unos cuantos paisajes del Flandes medieval, un sitio brumoso y helado, que era una especie de maldición para los ejércitos españoles de la época, que se veían obligados a combatir para gloria de su rey en aquellos parajes tan lejanos de las soleadas costas del Mediterráneo.

Las escenas están muy logradas y no es porque los productores de la película se hayan esforzado mucho. Es que Flandes, en un sentido pictórico, es muy parecido a cómo era en la Edad Media. Sólo hace falta plantar la cámara junto a una carretera cualquiera y desde los campos pantanosos parecerán estar a punto de emerger tipos con arcabuces y espadas. Lo mismo pasa con sus ciudades, en las que la impronta medieval no constituye una puesta en escena turística, sino que forma parte del paisaje de la vida cotidiana.

Brujas, la capital del Flandes Occidental, es un excelente ejemplo de esta sensación de "pasado-presente" que se tiene al pisar esta región fronteriza entre Bélgica y Holanda. Situada a apenas 90 kilómetros de la no menos encantadora Bruselas, Brujas es uno de los destinos turísticos más visitados de Europa gracias al encanto de su casco histórico, un conjunto de edificaciones en el que predomina el estilo neogótico, que ha sido declarado Patrimonio Histórico de la Humanidad por la Unesco.

Al llegar desde Bruselas, por la autopista A10, o desde París, por la A17, aparecen primero los suburbios de la ciudad, que tiene casi 120.000 habitantes. Las cercanas costas del Mar del Norte hacen que aún en pleno verano el clima sea fresco y húmedo, con cielos que permanecen casi siempre encapotados. La suma de estos factores geográficos hacen que la bruma, más que un elemento climático, sea un estado de ánimo que envuelve permanentemente a esta urbe hermosa y melancólica.





Memorias del gótico

Un buen punto de partida para el recorrido es la Plaza Burg, situada en el corazón de la ciudad medieval. Allí se concentran monumentos insoslayables como el Ayuntamiento y la Basílica de la Santa Sangre. El Ayuntamiento de Brujas constituye una excelente muestra del esplendor que vivió la ciudad entre los siglos XIII y XV, cuando era uno de los centros comerciales más importantes de su tiempo y formaba parte de la famosa Liga Hanseática, una federación de ciudades del norte de Europa que llegó a tener más poder que muchos grandes imperios.

El Ayuntamiento (Stadhuis, en neerlandés) es un edificio de estilo gótico florido que comenzó a construirse en 1376 y fue terminado en 1421. Es uno de los hitos turísticos más relevante de la ciudad y cuenta con dos grandes salas (la Histórica y la Gótica) en las que hay impresionantes murales que narran los acontecimientos más importantes de la rica historia de la ciudad.

Del otro lado de la Plaza Burg, que en su tiempo funcionaba como fortaleza, se encuentra la Basílica de la Santa Sangre, un conjunto conformado por dos iglesias, una de estilo románico (contruida en 1143) y otra del siglo XV, donde se venera una reliquía que contendría sangre de Cristo que fue traída de Tierra Santa por el conde de Flandes durante la Segunda Cruzada.

La pequeña y encantadora callejuela Breidelstraat une la Plaza Burg con la Grote Markt, una bulliciosa explanada que constituye el punto de encuentro principal de Brujas. En torno de ella se concentra una infinidad de bares, ideales para disfrutar de alguna de las muchas variedades de cervezas belgas, y suele estar siempre atestada de turistas. En el centro de la Grote Markt hay un momumento que recuerda la revuelta de los habitantes de la ciudad contra los invansores franceses a comienzos del siglo XIV y sobre sus lados se despliega un imponente conjunto de edificios de fachadas triangulares -muy similares a los que abundan en Amsterdam- casi todos ellos levantados entre los siglos XVI y XVII. La Grote Markt es un lugar adecuado para hacer un alto en el recorrido y sentarse un rato a contemplar el ritmo de la ciudad, en un marco incomparable. Pero, para cuando ya han bajado un par de copas de cerveza, también ofrece atractivos como el Landhuis, de estilo neogótico, o el imponente campanario del Hallen, de 83 metros de alto, que puede ser visitado y ofrece una muy buena vista del centro histórico.



Con perdón del Ayuntamiento y el campanario de Hallen, el edificio más emblemático de Brujas es el de la iglesia de Nuestra Señora, que se considera la segunda construcción de ladrillos más grande del mundo. Se trata de un conjunto arquitectónico de estilo gótico levantado durante el siglo XIII, cuyo elemento más destacado es una torre de 122 metros de altura que está retratada en buena parte de las postales que se venden en los quioscos de la Grote Markt. Pese a los muchos saqueos que sufrió a lo largo de la historia, la iglesia todavía conserva piezas de arte excepcionales como una estatua de la Virgen con el niño Jesús realizada por Miguel Angel y los famosos mausoleos pintados de María de Borgoña y su padre Carlos El Temerario.

Muy cerca de allí, tomando por la Heilige-Geestaat, está la catedral de San Salvador, sede del obispado de la ciudad, en la que se combinan varios estilos arquitectónicos diferentes (románico, gótico, neogótico) y alberga una importante colección de tapices.



En barcos y carrozas

Siguiendo por una pequeña calle que pasa por el mercado del pescado se llega a la plaza de Huidenvettersplein, un pequeño y escondido tesoro en el casco histórico de Brujas. A pocos pasos se halla Rozenhoedkaai, el muelle desde el que parten los paseos embarcados por los canales que atraviesan la ciudad. Es que Brujas, al igual que otras ciudades del norte de Europa, se encuentra atravesada por una red de canales que conforman ahora un circuito turístico muy popular. Su mismo nombre, "Brugge", es una derivación de una palabra en noruego antiguo que significa "muelle" o "embarcadero", y su importancia como centro comercial estaba dada por la conexión que por medio de estos canales tenía con el Mar del Norte.

Los paseos que parten desde Rozenhoedkaai permiten conocer la trastienda de muchas de las preciosas casas que están edificadas junto a los canales y acribillar a fotografías los delicados puentes que van jalonando el recorrido, así como capillas de tejas negras que parecen sacadas de las páginas de un cuento de los hermanos Grimm.
Diego Marinelli para Clarín, marzo 2010.

sábado, 27 de marzo de 2010

La Hora del Planeta...

En más de 120 países las ciudades apagarán sus luces cuando sus relojes marquen las 20.30 para llamar la atención sobre el cambio climático; los edificios más emblemáticos de Buenos Aires se sumarán al apagón




Más de 120 países apagarán sus luces en La Hora del Planeta para exigir, en una acción colectiva, una solución a la amenaza del cambio climático. Los monumentos más emblemáticos del mundo serán el centro de atención de esta campaña mundial, que tendrá lugar cuando los relojes de cada ciudad marquen las 20.30.

La simbólica hora de ahorro de energía, llevada a cabo por primera vez en Sidney en el 2007, se ha convertido en un evento anual mundial y los organizadores del World Wide Fund for Nature (WWF) dijeron que esperan que este año sea la iniciativa registre su mayor acogida.


Las remotas Islas Chatham, al oeste del Pacífico, fueron las primeras en apagar las luces, en un acontecimiento en todo el mundo que desemboca justo en la Línea Internacional de Cambio de Fecha en Samoa, 24 horas después.

La Hora del Planeta surgió en Sydney, Australia, durante el año 2007 y convocó a dos millones de personas. En el año 2008, más de 50 millones de personas en 400 ciudades apagaron sus luces y en 2009, cerca de mil millones de personas en más de 4000 ciudades en 88 países se sumaron al apagón, según los organizadores.



Edificios y monumentos icónicos de todo el mundo, como la Torre Eiffel en París, la Basílica de San Pedro en la Ciudad del Vaticano, el Big Ben en Londres, la estatua del Cristo Redentor en Río de Janeiro y el Empire State en New York, entre otros, se apagaron durante una hora.

En esta oportunidad, la abanderada de la iniciativa, Australia, ya dejó a oscuras la Opera y el puente de Sidney y participaron millones de hogares.

En nuestro país, esta iniciativa cuenta con el apoyo de varios municipios. Buenos Aires apagará las luces del Obelisco, la Torre de los Ingleses, el Puente de la Mujer, la Pirámide de Mayo, el Monumento a San Martín, el Monumento a los Dos Congresos, la Manzana de las Luces, el Centro Cultural Recoleta, el Monumento de los Españoles, el Palacio Barolo, el Museo de la Ciudad, el Palacio Municipal y el edificio de La Prensa.

También La Plata, San Fernando del Valle de Catamarca, la Ciudad de Santa Fe, Rosario, Mendoza, Bariloche, Simoca (Tucumán) y Ushuaia también adhieren a la iniciativa.

La Hora del Planeta tiene más de 2 millones de amigos en las redes sociales; marca tendencia en Twitter, siendo uno de los 10 temas más mencionados a nivel mundial y el término "La Hora del Planeta" apareció online más de 30 millones de veces en las últimas 24 horas.

"De Brasil a Estados Unidos, en Canadá hasta en Australia, Japón e India: es todo un abanico de paises diferentes que participan este año", se felicitó el principal responsable de la operación, Andy Ridley.

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, estimó el viernes que la operación era "al mismo tiempo una advertencia y una esperanza".

Esta operación, iniciada en Sydney en 2007, se produce tres meses después del fracaso de la conferencia de Copenhague, auspiciada por la ONU, que culminó en un acuerdo mínimo de menos de 30 paises de los 192 presentes.

viernes, 26 de marzo de 2010

Escapadas de relax y spa para fines de semana... aprovechalas!

Valido de Marzo a Junio!
Faltan algunos meses para las vacaciones de invierno... entonces por qué no tomar un fin de semana para volver al trabajo renovado...
(Click en la imagen para ampliar - valido de marzo a junio)

Islas Galápagos...increible Ecuador!

Crónica de una travesía embarcada por las Galápagos, a lo largo de una semana, conociendo su áspero paisaje y su fauna amigable, con especies únicas que ayudaron a Charles Darwin a establecer su revolucionaria Teoría de la Evolución.

Las iguanas marinas de isla Fernandina son las más grandes de Galápagos.


“Este grupo de islas viene a constituir un pequeño mundo aparte o, como si dijéramos, un satélite dependiente de América, de donde ha recibido a algunos colonos extraviados.” *

Desde el aire, las Galápagos parecen manchas aisladas en la inmensidad del Pacífico. El archipiélago de Colón –tal su nombre oficial– tiene trece islas grandes, seis más pequeñas y cientos de rocas e islotes esparcidos alrededor de la línea ecuatorial y a casi mil kilómetros de Sudamérica. Las islas emergieron del mar por actividad volcánica hace unos 6 millones de años. Además están ubicadas al borde de la placa de Nazca, que se desplaza hacia el sudeste, es decir hacia el continente; por lo tanto se encuentran en continuo movimiento y transformación. Cada isla surgió en un momento diferente; la primera fue Española y las últimas Isabela y Fernandina, que siguen en proceso de formación con increíbles erupciones donde la lava brota del mar con toda su fuerza. Debido a su origen volcánico y a su aislamiento, en Galápagos la evolución de las especies siguió su propio camino, transformando a este destino en un gran laboratorio natural al aire libre.

AUSTERIDAD NATURAL Volamos de Guayaquil a Puerto Baquerizo Moreno, en la isla San Cristóbal, capital y segundo aeropuerto después de Baltra. Al bajar del avión lo primero que se ve son grandes cactus en medio de un paisaje frugal. Muchos se desilusionan con la bienvenida, esperando exuberancia tropical, pero en esa austeridad se esconden tesoros que han hecho a las Galápagos mundialmente famosas. Los mismos tesoros que un 10 de marzo de 1535 sorprendieron a Fray Tomás de Berlanga, el entonces obispo de Panamá y casual descubridor de las inhóspitas islas con tortugas gigantes, iguanas, lobos marinos y miles de aves. De esa época (y del español antiguo) viene el término galapagoe, que significa “montura”, seguramente por semejanza con el caparazón de la tortuga.

“La” postal de Galápagos: el Pináculo y las playas de la Isla Bartolomé.


Otras fechas están marcadas en el calendario histórico de las islas. Desde 1593 se escondieron aquí saqueadores de galeones españoles, y hacia 1790 explotó la cacería de lobos y tortugas. En 1832, Ecuador anexó las islas y envió convictos, artesanos y granjeros para colonizar. Pero la visita más importante llegó el 15 de septiembre de 1835: Charles Darwin, a bordo del “HMS Beagle”. El joven naturalista inglés vislumbró cuán especial era el archipiélago y tomó datos cruciales para desarrollar su Teoría de la Evolución. En 1959 se creó el Parque Nacional, y en 1979 la Unesco declaró a Galápagos Patrimonio Natural de la Humanidad.

Nosotros, mientras tanto, del aeropuerto fuimos al puerto y subimos al “Eric”, barco híbrido (además de combustible tenía energía solar y eólica) que sería nuestra casa flotante por una semana. La mejor manera de ver Galápagos es ir de isla en isla, desembarcando de día y navegando de noche. Apenas nos acomodamos, conocimos a los guías naturalistas, Iván y Cecibel, al capitán Pedro Vallejo y su tripulación. Hicimos un brindis de bienvenida y zarpamos a conocer las islas encantadas.

LA ISLA DE LOS PAJAROS “Diríase que las aves de este archipiélago, no habiendo aprendido todavía que el hombre es un animal más peligroso que la tortuga o el Amblyrhynchus (iguana marina), se le acercan sin temor.” *

Así le dicen a Genovesa porque en 14 km² hay tal cantidad de fragatas, gaviotas de cola bifurcada, piqueros, golondrinas, gaviotas de lava, palomas, petreles y pinzones de Darwin que resulta para los ornitólogos una auténtica fiesta. Esta isla con forma de herradura posee una caldera volcánica cuya pared se derrumbó y formó la Bahía Darwin. Además se ha mantenido inalterada por el hombre, gracias a su aislamiento geográfico y a la falta de agua dulce.

Desembarcamos en la playa cerca de unos lobos marinos de Galápagos, que viven en todo el archipiélago y suman unos 48 mil ejemplares. Son muy juguetones y curiosos con los visitantes y, si bien no se pueden tocar, muchas veces son ellos mismos quienes se acercan a la gente.

Lo primero que vimos fue un pichón de fragata común que ni se inmutó al descubrirnos. Por su gran tamaño, costaba creer que fuera una cría y que dependiera de sus padres durante tantos meses. Pero acababan de explicarlo cuando llegó la madre, abrió el pico y comenzó a alimentarlo. Fue un momento único. Aún asombrados por el espectáculo, nos encontramos con un reptil: era la iguana marina más pequeña de Galápagos, contó Iván, explicando que en cada isla son diferentes según el alimento disponible. A metros de allí conocimos al simpático piquero enmascarado, cómodamente parado sobre un cartel. Pero lo mejor del paseo fue que las aves no huían. Al no haber mamíferos predadores y por haber evolucionado aisladas tanto tiempo, las aves no ven amenaza en las personas y no les temen. Sin embargo, no fue ése el caso de las tortugas gigantes, muy perseguidas y por lo tanto hoy recelosas de la gente.




El rojo vivo de los cangrejos da toques de color a las oscuras y rocosas costas de lava.


Seguimos, entretanto, avanzando entre piqueros de Nazca y de patas rojas que, al igual que los de patas azules, se atraen por el color de sus extremidades. Y más tarde volvimos a la playa para hacer snorkel, ya que en verano el mar es tibio por las corrientes cálidas, mientras que en invierno la corriente de Humboldt trae peces, pero enfría el agua.

El otro sitio de Genovesa son los Escalones del Príncipe Felipe, curioso nombre, ya que no se sabe bien qué príncipe Felipe estuvo allí. El desembarco fue complicado, entre filosas rocas con lobos marinos peleteros y zayapas (llamativos cangrejos rojizos) mirándonos de reojo. Trepamos la empinada escalera de madera y surgió un lúgubre paisaje de palos santos secos, que pronto reverdecerían con la lluvia estival. Con un agobiante y húmedo calor hicimos un kilómetro de senda en dos horas para ver pinzones, cucubes (pájaros un poco más grandes que los gorriones que Darwin estudió junto a los pinzones), fragatas y más piqueros, uno de ellos con su cría recién nacida bajo el ala.

LAS MAS JOVENES “Los reptiles caracterizan la zoología de estas islas.

Las especies no son numerosas, pero el número de individuos de cada especie es extraordinariamente grande.” *

En la zona más occidental y joven de Galápagos surgen las islas Fernandina e Isabela. En la primera, aún en formación, las erupciones son dantescas y forman ríos de lava en el mar. Desembarcamos en un manglar en Punta Espinoza, en Fernandina, donde nos recibieron un pelícano y una tortuga marina. Enseguida vimos la primera iguana marina, a la que retratamos sin parar, pero en unos metros más nos empachamos de ver estos reptiles únicos en el mundo, que sólo se alimentan de algas en el mar. Mientras ellas tomaban sol sin inmutarse, nosotros las esquivábamos para no pisarlas, ya que se mimetizaban en la negra roca. Además de iguanas, aquí hay especies raras y únicas como el cormorán no volador, uno de los mejores ejemplos de adaptación: el cormorán llegó a esta zona y, como había tanto alimento, no tuvo que volar a otros sitios buscando comida. De a poco sus alas se atrofiaron, se deformaron y finalmente dejaron de volar.

A la tarde fuimos a la abrigada Caleta Tagus, en Isabela, muy conocida por piratas y balleneros en el siglo XIX. Sus rocas exhiben numerosas inscripciones con nombres de barcos que estuvieron por allí, hasta que se creó la reserva y se prohibieron los graffitis. A un kilómetro y medio se puede ir a un lago de agua salada, dentro de un cono de toba, que Darwin visitó y que hoy lleva su nombre.

Esa tarde hicimos snorkel nuevamente: esta vez vimos un tiburón martillo y dos tortugas copulando. En las rocas había pingüinos de Galápagos, ave que llegó con la corriente de Humboldt y se quedó aquí transformándose en el único pingüino de aguas cálidas y que no migra.

Al otro día amanecimos en Puerto Egas, en la isla Santiago, y bajamos a una playa de arena negra. Al sur de ella se levanta el Pan de Azúcar, volcán cuya laguna en el cráter se seca en verano y es una mina de sal. La mina generó, en los años ‘30 y en los ‘60, un negocio de poco éxito y asentamientos que causaron gran daño ambiental al introducir flora y fauna exótica, como los cerdos que aniquilaron a las iguanas. Desde entonces, el Parque Nacional se esfuerza en erradicar lo exótico. En la senda vimos nidos de pinzones, fundamentales para atraer hembras, ya que los machos construyen varios nidos para que la dama en cuestión elija el mejor y se quede con ese macho. Entre las espinosas ramas de las acacias había papamoscas, una simpática y confianzuda ave amarilla que posaba sin tapujos frente a las cámaras. Luego vimos más iguanas marinas y el ostrero americano que, pese a su nombre, aquí come erizos.

A la tarde seguimos a la isla Bartolomé. Esa noche dormimos anclados y, al fin, sin ruido de motores. Al otro día vimos el famoso Pináculo, llamativa formación que es parte de un cono de ceniza volcánica sedimentada. Aquí el mayor atractivo son los rasgos geológicos de la joven isla. Luego de subir 300 escalones llegamos a la cima de un cerro de 115 metros, con un pequeño faro rojo desde donde se apreciaba la vista más famosa y colorida de las islas: dos bahías con playas de arena dorada, el Pináculo, vegetación y el azul del mar.

IGUANAS Y TORTUGAS“Estos enormes reptiles, rodeados de negra lava, los arbustos sin hojas y los grandes cactus, me transportaron con la imaginación a un paisaje antediluviano.” *

De Bartolomé nos trasladamos a Seymour, al norte de Baltra, donde hay una base militar ecuatoriana. Durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos tuvo una base naval en Baltra para vigilar el Canal de Panamá, lo que provocó la huida de las iguanas de tierra de este lugar. Pero, entre 1932 y 1933, el excéntrico millonario y naturalista amateur Allan Hancock había llevado 72 iguanas de Baltra a Seymour, salvándolas así de la extinción. En 1980, algunos ejemplares adultos fueron llevados al centro de crianza de la Estación Darwin, en la isla Santa Cruz, y en 1990 ya había 80 juveniles que fueron repoblando las islas. Las iguanas terrestres son muy coloridas, predominantemente amarillas, y parecen sonreír mientras se trepan por las ramas comiendo hojas.

Finalmente, en el sexto día de travesía conocimos al animal más esperado: la tortuga gigante. Anclamos en Puerto Ayora, en Santa Cruz, la ciudad más grande del archipiélago, desde donde hay excursiones por el día a islas cercanas (la otra opción si no se va en crucero). De allí fuimos a las tierras altas, con tanta vegetación que no parecían formar parte del sobrio archipiélago. Visitamos una granja privada para ver tortugas en estado silvestre, oportunidad única ya que algunas veces al año estos grandes quelonios migran de una parte a otra de la isla y pasan por el campo. La primera tortuga que vimos parecía una gran roca en el pasto. A unos metros había varias más, algunas en charcos de agua, otras comiendo, una bostezando y otra caminado lentamente con un pájaro sobre el caparazón.

A la tarde visitamos la Estación Darwin, donde son incubados artificialmente huevos de las islas Pinzón, Santiago y Santa Cruz. Cuando nacen las tortugas se las cría hasta los cinco años, edad en que ya pueden sobrevivir a los depredadores, y se devuelven a su área. El programa fue un éxito en la isla Española, donde los últimos dos machos fueron llevados a la estación para reproducción en cautiverio. En 1976 se sumó un tercer macho y, desde entonces, más de mil crías volvieron a Española, la última isla que visitamos y la más antigua de todas. Aquí las iguanas marinas son más coloridas (turquesa y rojo) por el tipo de algas que comen y, de abril a diciembre, se puede ver el albatros. ¿Hacen falta más motivos para conocer este paraíso viviente?z

* Charles Darwin, Viaje de un naturalista alrededor del mundo.
Por Mariana Lafont para Página 12, marzo 2010.

jueves, 25 de marzo de 2010

En Carhué.. caricias de agua salada

Los hoteles de la ciudad ofrecen baños termales y en el lago Epecuén se pueden practicar deportes náuticos. Además, pesca a 25 km.


Para atraer a los amantes del turismo termal, Carhué cuenta con las aguas hipermarinas del lago Epecuén. Son más de 17 mil hectáreas de agua salada, que superan la salinidad del mar y son sólo equiparables a las del Mar Muerto.

Hoteles y posadas con spa y tratamientos de relax, rejuvenecedores y reumatológicos acompañan la propuesta. La mayoría cuenta con equipos profesionales que aplican terapias de masajes, fango, sauna e hidromasajes con el agua del lago termalizada a la temperatura del cuerpo.

Además, los turistas pueden vivir la experiencia de flotar en el lago, con alrededor de 100 gramos de sal por litro. Los balnearios gratuitos La Isla y El Cristo ofrecen la opción de practicar canotaje, kayak y windsurf. En tanto, la laguna Del Venado espera a 25 km de Carhué, con la posibilidad de pescar pejerreyes, dientudos y bagres. En el lago Epecuén no hay pesca, pero sí flamencos, que se alimentan de la artemia salina, el único ser vivo que habita las aguas saladas. Las bandadas de flamencos sobre el lago son un espectáculo único al atardecer.

A 15 km de Carhué se encuentran las ruinas de Villa Lago Epecuén, que llegó a recibir a más de 25 mil turistas en los años 60 y 70. Una serie de negligencias marcaron el ocaso: el 10 de noviembre de 1985, las aguas saladas del lago -el último eslabón de las lagunas Encadenadas del Oeste- cubrieron el lugar donde vivían 1.500 personas y había más de 250 hoteles. En 1986, la localidad quedó sumergida más de 4 metros. A medida que el agua baja, se van descubriendo las ruinas de casas, hoteles y piletas termales. La salinidad le da a todo una pátina gris, incluso a los árboles, que se mantienen en pie.

La plaza principal de Carhué, que ocupa cuatro manzanas, fue diagramada por Nicolás Levalle con un particular diseño de diagonales. Enfrente, además de la iglesia neogótica Nuestra Señora de los Desamparados, llama la atención la Municipalidad. Inaugurada en 1938, es un edificio de estilo art decó diseñado por el arquitecto italiano Francisco Salamone, que levantó obras monumentales en una veintena de municipios bonaerenses entre 1936 y 1940. La sede municipal de Carhué conserva las luminarias, el mobiliario y los accesorios, también proyectados por Salamone. Muy cerca de allí hay otro legado del arquitecto, el Matadero de Villa Epecuén, que funcionó hasta la inundación producida a mediados de los años 80.

Por María Paz García para diario Clarín, marzo 2010.

lunes, 22 de marzo de 2010

Provence en ritmo slow

En la ciudad de la Costa Azul francesa todo sucede reñido con el turismo a pasos acelerados. Una buena cena puede prolongarse tres horas y los productos regionales son exquisiteces tales como crema de afeitar con aceite de oliva. Placeres sin apuros.


Callecitas que rodean el Boulevard Mirabeau


Si está pensando en repasar su francés antes de irse de vacaciones, hay una palabra que conviene evitar en Aix-en-Provence: vitesse. Significa velocidad, concepto decididamente foráneo en la soleada y tranquila ciudad nativa de Paul Cézanne y Emile Zola. Como si se tratara de un cuadro que retrata una escena de ocio relajado y parsimonioso, tanto los que se dirigen a hacer las compras en el mercado como los visitantes de los museos locales deambulan por pequeñas callecitas salpicados por el rocío perezoso de las antiguas fuentes. Los lugareños, ataviados con batas blancas, se relajan en los famosos spa de la región con aguas termales naturales utilizadas inicialmente por los romanos. Y una vez que cae el sol, las terrazas de los cafés se llenan de gente tomando pastis o un vaso de vino rosé de la región como aperitivo previo a largas cenas de tres horas en las que degustarán un daube de boeuf provençale (guiso de carne a la provenzal). Por eso, es recomendable agregar la palabra lenteur (o lentitud) a su vocabulario.


Viernes. 5 p.m. A recorrer


Explorar los pequeños negocios de Aix le permitirá familiarizarse con la disposición de la ciudad y adquirir algunos adornos para decorar su casa al estilo del sur de Francia. Dentro de los confines de “minimalismo cool” de La Compagnie de Provence, se encuentran productos regionales que se convirtieron en artículos de belleza lujosos como crema de afeitar de aceite de oliva, crema de manos con cerezas y leche de baño con higos (desde 11 euros).

Hotel 28 Aix, se construyó sobre un edificio del siglo XVII


Por otra parte, ninguno de los fanáticos de la Galia podrá mantenerse inmune a los encantos de los negocios aledaños conocidos por el nombre de L’Esprit des Lieux en Provence (10, rue Gaston de Saporta). Este emporio de estilo rústico está colmado de todos los productos de los que sueñan con una casa de campo para jubilarse. ¿Cuadros de lavandas con marcos de madera? Oui. ¿Cuchillos de Laguiole para cortar quesos? Certainement. ¿Bandejas ovaladas de madera en estilo ersatz del siglo XIX? Bien sûr.


8:30 p.m. Festín del Mediteráneo



Le Passage


¿Bossa nova con su bife? ¿Pato con acompañamiento de jazz? La música en vivo de los viernes a la noche hace de Le Passage (10, rue Villars) uno de los sitios más atractivos en Aix. Inaugurada en 2004, la antigua fábrica incorpora elementos neoindustriales (como vigas y caños a la vista) con otros más acogedores (luz de velas y banquetes de lujo) como telón de fondo de su gastronomía franco-mediterránea. Una cena para dos sin vino cuesta 100 euros.


10 p.m. Cerveza.


Edith Piaf, Jean Cocteau, Pablo Picasso, Jean-Paul Sartre. Todos estos famosos visitantes han disfrutado de los placeres del venerado café al aire libre Les Deux Garçons (53, Cours Mirabeau), que se remonta al año 1792. Situado bajo la sombra de bananos altísimos sobre el majestuoso boulevard Cours Mirabeau, es el lugar perfecto para degustar una botella de cerveza Kronenbourg 1664 (conocida coloquialmente como Seize) o una copa de rosé Bandol (6 euros) contemplando las casas antiguas de la ciudad y observando el lento flujo de paseantes nocturnos.


Sábado 11 a.m. Agua por todos lados


Aproximadamente dos milenios después de que los romanos construyeran sus baños termales de piedra en Aix, algunos autodenominados “Césares” continúan regocijándose en las aguas terapéuticas que emanan de las fuentes subterráneas. Hoy en día, la indulgencia comienza en Thermes Sextius (55, Av. des Thermes; www.thermes-sextius.com), un spa moderno y amplio construido sobre los antiguos baños romanos (que aún pueden verse a través de paneles de vidrio en el lobby). Hay varios tratamientos disponibles desde terapia de piedras calientes hasta tratamientos con barro tibio pero la atracción principal son las cabinas y piletas de hidroterapia. El tratamiento “modelación zen” (30 minutos a 57 euros) incluye cinco surtidores que van rociando la espalda con aceite de almendras.


1 p.m. Chez Abuela.


En caso de que no tenga una abuela gala, está Chez Feraud (8, rue du Puits Juif). En el comedor de estilo rústico de este restaurante recubierto de hiedra, parejas burguesas y hombres de negocios devoran sopa de pistou, daube de boeuf y otras especialidades de la cocina campestre del sur de Francia. Para terminar, un sundae provenzal con higos y helado de caramelo. Un almuerzo para dos personas, sin vino, alrededor de los 80 euros.


3 p.m. Arte en hexágonos


Póngase los anteojos de sol y obtenga el visto bueno de su psiquiatra antes de introducirse en las enjambradas galerías de la Fundación Vasarely (1, avenue Marcel Pagnol; www.fondationvasarely.fr), interconectadas entre sí. Inauguradas por Victor Vasarely (nacido en Hungría y artífice del movimiento denominado Op Art) en la década del 70, este museo retro-futurista despliega grandes cantidades de obras de arte geométricas caleidoscópicas y provocadoras que harán explotar sus retinas y sacar chispas a su cerebro. El precio de la entrada (7 euros) incluye una guía de audio.

Fundación Vasarely


8 p.m. “Haute Dogs” y hamburguesas


Es difícil, si no imposible, ir a un restaurante francés y que le sirvan “cocaína”. Aunque es cierto que no todos los restaurantes son administrados por Pierre Reboul, cuyo establecimiento del mismo nombre (11, petite rue St.-Jean; www.restaurant-pierre-reboul.com) fue inaugurado en 2007 con excelentes comentarios, gracias en parte a los creativos brebajes culinarios como el denominado “cocaína” (hecho con maíz prensado) que viene con sorbete. La realidad es que dentro del mundo del Sr. Reboul (dueño de una estrella Michelin) nada es lo que aparenta ser. Su fascinación por la cultura popular y la comida rápida es aparente aunque las hamburguesas que se sirven están hechas de codorniz y los hot dogs, con maíz caliente moldeado en forma de salchicha. ¿Y el postre de “huevo frito”? La clara está hecha de galleta y la yema es una bola de coulis de mango. Es imprescindible acudir con buen apetito y sentido del humor. Los menúes degustación cuestan desde 39 euros.


Medianoche. Triple Aix



Oda Geométrica. Fundación Vasarely

Chicas: píntense las uñas de los pies, pónganse sus zapatos de verano más “chics” y rumbeen hacia el bar ovalado de La Rotonde (2A, place Jeanne d’Arc; www.larotonde-aix.com). Sensual y seductor, éste es el lugar “top” en Aix para tomarse un trago antes de ir a bailar. Aquí, los hombres, vestidos con elegantes trajes de noche, se codean (y a veces más) con mujeres súper producidas tomándose un mojito o un cosmopolitan ( a 11 euros cada uno). Luego, bajan las escaleras para dirigirse al búnker “chic” de Le Mistral (3, rue Frederic Mistral). No se trata de un refugio verdadero, aunque podría decirse que los efectos del champagne en algunos son equivalentes a las consecuencias de un bombardeo. Una copa de champagne cuesta 10 euros y el ruido ensordecedor de la música es casi explosivo.


Domingo. 10 a.m. Festín ambulante


Los que estén a dieta mejor quédense durmiendo. Con sus montañas de berenjenas, frascos de miel y quesos de cabra frescos, el mercado en Place Richelme es el paraíso para los que gustan del buen comer y una amenaza inevitable. Saveurs de Provence (33-6-61-37-57-83) ofrece un banquete para los amantes de las salchichas con variedades artesanales y carnes exóticas como mula, toro y cerdo con higos. Y para probar los mejores calissons (una especie de factura pequeña con forma de almendra, la especialidad de Aix), no existe mejor lugar que Calissoun.


Mediodía. Pablo y Paul


“Era como un padre para todos nosotros”, dijo Picasso de Cézanne, originario de la ciudad de Aix. Para conmemorar el 50 aniversario de la adquisición del Chateau Vauvenargues por parte de Picasso, el Museo Granet (place St.-Jean-de-Malte; www.museegranet-aixenprovence.fr) exhibió la muestra Picasso-Cézanne, con 114 obras de ambos artistas, haciendo un recorrido por la fascinación que tenía Picasso por la técnica y los temas artísticos de Cézanne, desde los bañistas hasta los fumadores de pipa pasando por los arlequines. El costo de la entrada es de 10 euros y, aunque la exhibición ya concluyó, volvieron a las galerías del museo las más de seiscientas obras que conforman su colección permanente, incluyendo obras de Rembrandt, Rubens, Paul Klee, Fernand Leger, Piet Mondrian, Alberto Giacometti y, por supuesto, el colorido de Cézanne, que tanto resume la alegría de vivir de los provenzales.

Por Seth Sherwood*
*The New York Times / Travel. Traduccion Paula Natalia García para diario Perfil, marzo 2010.

viernes, 19 de marzo de 2010

Dublín..pubs, arte y San Patricio

Un paseo por la capital irlandesa, tras las huellas de sus escritores, y de la conocida gran fiesta de San Patricio.



Existen dos leyendas sobre el origen de los llamativos colores que se usan para pintar las casas de los portales dublineses. Una dice que tras la muerte de la reina Victoria los ingleses, que dominaron Irlanda durante 800 años, pidieron pintar las puertas de color negro como gesto de respeto.

Pero los irlandeses hicieron lo contrario. La otra versión dice que, dado el gusto local por la cerveza y bebidas espirituosas, los colores de las puertas era una forma de distinguir cuál era la casa propia después de una noche de juerga en los pubs.

Sea cual es sea la versión verdadera, ambas leyendas reflejan la historia y el carácter de Irlanda, que sólo es república independiente desde 1922, un país de grandes músicos, artistas y escritores que ha dado al mundo una infinidad de íconos culturales, desde James Joyce y Oscar Wilde, hasta U2 y Sinead O'Connor.


Una cita con la Historia

Dublín, su capital, es la puerta de entrada del país y una ciudad imperdible para los amantes de la literatura y la música, que impregnan cada rincón de la ciudad, y por supuesto de la cerveza y los pubs. El próximo 17 de marzo, además, Dublín se vestirá de verde para celebrar a su patrón, San Patricio, una fiesta que ya es toda una marca a escala global, pero que en ninguna parte brilla tanto como en su lugar de origen.

Conocer la historia de Dublín es una travesía sencilla y agradable gracias a la escasa distancia que hay en la ciudad. Una forma ideal de comenzar el paseo es arrancar por el famoso Trinity College, en pleno centro de Dublín. Allí, además del histórico campus, se puede visitar en su antigua biblioteca el Libro de Kells. También conocido como "Gran Evangeliario de San Columba", es un manuscrito ilustrado con motivos ornamentales, realizado por monjes celtas hacia el año 800 que además es un símbolo nacional. También es muy recomendable la visita a la sala grande de la biblioteca, propia de las películas de Harry Potter.

A la salida del Trinity College, en una de sus esquinas, al comienzo de la comercial y peatonal calle Grafton, se encuentra una de las esculturas más populares de la ciudad, la de Moly Malone, que invita a tomarse una foto obligatoria para todo visitante que llega a la ciudad.

Paseando desde el Trinity College por la calle Dame, una de las principales de la ciudad, se llega en cinco minutos al Ayuntamiento, donde es posible conocer los 1.000 años de historia de la ciudad en el City Hall Exhibition, donde se propone un recorrido que va desde la pequeña base militar que crearon los vikingos en el siglo IX hasta la urbe cosmopolita que es en la actualidad.

Justo detrás del Ayuntamiento se encuentra el Dublin Castle, desde donde los ingleses gobernaron el país y que hoy es sede del gobierno irlandés. Se trata de una imponente edificación que fue construida sobre los fuertes vikingos y normandos, y que se puede conocer mediante una muy recomendable visita guiada, en la que se muestra, por ejemplo, la sala donde se firmaron los acuerdos de Viernes Santo que llevaron a la paz en Irlanda del Norte. Actualmente los mandatarios extranjeros siguen quedándose en este recinto durante sus visitas al país.



La ruta literaria



Muy cerca del Dublin Castle se puede visitar también la Chester Beatty Library, que alberga una de las mayores colecciones de manuscritos del mundo, con obras procedentes de los cinco continentes: papiros, ejemplares a mano del Corán y de la Biblia, o antiquísimos textos hindúes.

Y es que los libros y la literatura siempre han sido también uno de los campos en los que destacó Irlanda, que con cuatro premios Nobel ha dado a la literatura nombres como Jonathan Swift, Oscar Wilde, James Joyce o Bernard Shaw, entre otros, además de artistas plásticos de fama universal como Francis Bacon.

Los viajeros interesados en la literatura y el arte pueden visitar el Dublin Writer Museum, al final de la calle comercial O'Connel, y justo a su lado el Dublin City Gallery-The Hugh Lane, donde se puede ver el estudio original donde Francis Bacon creó sus cuadros, así como obras Renoir, Degas o Monet, y también numerosos trabajos de artistas irlandeses del siglo XX. La entrada es gratuita.

En un recorrido literario por Dublín no debe faltar una visita al Centro James Joyce, situado en una casa restaurada de estilo georgiano, escenario de conferencias y talleres, y se instruye a los visitantes sobre las distintas rutas que hay en la ciudad para seguir los rastros del famoso escritor.

Regresando al otro lado del río Liffey, que divide Dublín en dos, las visitas a los lugares histórico-religiosos son obligadas, dada la importancia que tiene la religión en el país. La Catedral de San Patricio, que curiosamente es protestante a pesar de que este santo es el patrón de la católica Irlanda, y la Christ Church Catedral, de estilo normando y donde se tocó por primera vez el Mesías de Haendel, son los dos puntos más importantes en este aspecto.



Pintas para San Patricio



Pero además de recorrer museos, una visita a Dublín no estaría completa sin conocer la histórica fábrica de Guiness, en pleno centro de Dublín. La fábrica fue creada en 1759 y aún hoy allí se fabrica toda la cerveza Guiness que se consume en Europa y los EE.UU. No en vano Arthur Guiness, su creador, arrendó el terreno que hoy ocupa la factoría durante 9.000 años por tan sólo unas pocas libras.

Esta atracción, la más visitada del país, permite conocer el proceso de elaboración de la famosa cerveza irlandesa y luego tomarse un pinta en el Gravity Bar, el punto más alto de la ciudad, con visión panorámica de todo Dublín. El precio de la entrada es de 15 euros.

Otro lugar para los amantes de las bebidas irlandesas, además de los pubs de Temple Bar, es la destilería Old Jameson. La antigua factoría de whisky es ahora un museo dedicado a esta bebida, que también dispone de un bar panorámico.

Al otro lado de la destilería Old Jameson se encuentra la zona de Temple Bar. Unas calles que toman su nombre de la antigua barrera que había en este lugar ante la sinagoga de la ciudad, y que hoy constituyen el centro de la vida nocturna de Dublín junto con la peatonal calle Grafton, comercial de día y más divertida de noche.

En ambas zonas, cada noche de viernes y sábado decenas de cantantes callejeros tocan canciones folclóricas o más modernas de grupos como U2 y otras glorias locales, amenizando el paseo entre pub y pub. Durante las inminentes festividades de San Patricio, en torno al 17 de marzo, las calles de Temple Bar se convertirán, como todos los años, en el epicentro de los festejos y se vestirán de verde por la fiesta nacional.

Cientos de pubs se encuentran en esta zona. Por citar algunos, el Oliver St. John Gogarty Pub o el Buskers Bar & Boomerang Night Club en la zona de Temple, el Café de Seine, más chic, en la calle Merrion o Pulligan's, situado en la calle Poolber.

En cualquier caso, y al margen de seguir cualquier recomendación, lo ideal es caminar por las calles del centro entre músicos y grupos de irlandeses disfrutando de la vida nocturna y preguntar a los dublineses, siempre dispuestos a aconsejar en materia de pubs. Esta es la mejor opción para conocer los pubs más populares, pero también joyas desconocidas de esta ciudad bohemia y maravillosa.
Por Igor Galo para Diario Clarín, marzo de 2010.

jueves, 18 de marzo de 2010

Conocemos Arequipa?...

Capital homónima de la provincia de Arequipa, el viejo polo económico del Virreinato es Patrimonio de la Humanidad. Rico en lana de vicuña, picanterías y tradiciones ancestrales.




La llaman “la Ciudad Blanca” porque las rocas de sillar (tufo volcánico consolidado de color blanco) constituyeron la principal materia prima para la construcción urbana. Pero Arequipa también es blanca porque su pueblo es mestizo, es blanca porque recibió la influencia de la inmigración alemana, italiana y española que produjo una mezcla cultural que convirtió al departamento que vio nacer a Mario Vargas Llosa en un lugar diferente dentro de la zona que la rodea, una región agrícola todavía autóctona. Arequipa va y viene como un péndulo entre lo español y lo americano, entre lo indígena y lo mestizo, entre Europa y el Altiplano.

Los volcanes Misti (maestro en quechua), Chachani (vestido de blanco, porque siempre está bañado en nieve) y Pichu Pichu (picos o cerros montañosos) vigilan la ciudad desde tres vértices. A veces humean, en otros tiempos entraron en erupción, pero principalmente siguen siendo los tres grandes Apus de la ciudad, los dioses masculinos, los que dan vida. Se los considera fértiles porque son fuente de agua durante todo el año, alimentan al río Chili y permiten que aún hoy se utilicen sistemas de riego preincaicos que desvían de las aguas del deshielo. Será la Pachamama, entonces, la mujer de los mil vientres, el lugar donde la vida es posible.



El carácter divino de esta región del Altiplano se manifiesta en la zona de la campiña arequipeña y hacia el Cañón del Colca; los verdes de los cultivos cortan el árido paisaje que es la continuación del desierto de Atacama, en el norte de Chile, y la producción en terrazas se mantiene como hace más de 500 años.


Antigua y de clausura

Frente al poderoso sol del Altiplano, el sillar –una piedra porosa y fresca– mantiene las casas frescas. Además, su tallado es la característica fachada de las iglesias de Arequipa y alrededores, marca registrada del sincretismo latinoamericano. Todas estas construcciones son antiquísimas, en una zona muy golpeada por los movimientos de las placas tectónicas. Por este motivo, en promedio, cada cien años se deben restaurar o reconstruir numerosos edificios.



El Monasterio de Santa Catalina de Siena es un buen ejemplo, pequeña ciudad dentro de la gran ciudad. Desde fines del siglo XVI el monasterio de clausura alberga a mujeres –generalmente viudas– o niñas –las hijas menores de las familias que ingresaban como internas desde los 12 años– que se entregaban a la oración y morían para el mundo exterior. Todavía sucede así, lo que le agrega mística a la visita porque hay que tener cuidado de no penetrar en un ambiente donde alguna de las monjas esté trabajando o rezando. Lo particular de este edificio es que se fue construyendo durante cuatro siglos y se transformó en este submundo, que se mantuvo cerrado al exterior durante 400 años. Todavía conserva el hollín la cocina donde las sirvientas de las consagradas cocinaban el pan, o las piletas donde les lavaban los hábitos. Sí, las monjas podían entrar hasta con tres sirvientas y vivían en una suerte de departamentos, hoy convertidos en museo. Además debían entregar una dote, requisito que ya no se exige. También se visitan zonas aún en funcionamiento, como la “sala de decisiones”, o el taller, o el ala de la iglesia que, tras rejas, se reserva para ellas. Un mundo abierto a la fantasía y que enfrenta directamente con lo que fue la España colonial.

En cada rincón del casco antiguo se nota la mano aborigen, se siente el esfuerzo –principalmente esclavo- de artistas americanos que crearon en función de las nuevas creencias que trajeron los españoles. El arte, sobre todo la pintura, fue una herramienta pedagógica imprescindible para la corona española; en Arequipa, particularmente, lograron hacer una relectura de los simbolismos de las Sagradas Escrituras.

Por momentos, caminar por los monasterios de Santa Catalina o Santa Teresa recuerda a la Europa clásica, donde todo cuadro o escultura es una interpretación sacra. Pero con un guía atento se van descubriendo pequeñas sutilezas. Un ejemplo memorable es la firma de un pintor de la escuela cuzqueña que, a lo Velásquez, se pinta dentro de la escena como una forma de reclamo.



El setenta por ciento de los habitantes de Perú son católicos y el número de iglesias y las riquezas que atesoran lo explica: sólo en la ciudad vieja se construyeron 18 iglesias, siempre de las órdenes de los dominicos, franciscanos y jesuitas. El arte cuzqueño –y americano en general– es recargado de oro y lleno de detalles. También lo son los elementos litúrgicos, como los que se exhiben en Santa Teresa: una custodia (donde se coloca a la ostia consagrada para la adoración) hecha de oro y decorada con 2 mil perlas, 236 diamantes y unos cuantos topacios, o como el Cristo tallado en carey, ébano y marfil.

Arequipa fue una ciudad muy rica, y la buena conservación y puesta en valor de varios de sus centenarios edificios lo demuestra. La Casa del Moral del siglo XVIII perteneció a una familia aristocrática, pero su último ocupante fue el cónsul inglés Arthur Howell Williams. Aún se conservan intactas varias habitaciones. Este tipo de casas solariegas de una sola planta son un clásico de la arquitectura arequipeña, que se repite en la Casa de Tristán del Pozo, la Casa de la Moneda y la Casa Iriberri.


Con aire misti

Los arequipeños son muy orgullosos de su cultura e historia, con fama de considerarse diferentes al resto de los peruanos. Este sentimiento vibra en el barrio de Yanahuara, una zona declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad, que albergó a escritores y artistas y al espíritu más “misti”, más lugareño. En el mirador desde donde esta zona de la ciudad mira hacia el valle, se leen frases en las arcadas como la siguiente, escrita por Alberto Hidalgo: “Ciudad con fisiología de Sevilla, pues donde cae un desacierto brota enseguida una revolución”, o como la de Jorge Polar: “Años se ha batido Arequipa bravamente para conquistar instituciones libres para la Patria, no se nace en vano al pie de un volcán”.

Es interesante mirar los rostros mestizos, blancos o con rasgos orientales, y preguntar a algún lugareño sobre su origen. La respuesta seguramente será: “En Arequipa somos todos una mezcla de razas y culturas”.





Las picanterías resisten

Las picanterías son para los arequipeños lo que un bodegón es para un porteño. Cocina típica, de calidad y a precios accesibles –hay excepciones–, fueron testigos de reuniones de bohemios y políticos, y de la transformación de las costumbres culinarias. Nacieron como chicherías, sitios donde los hombres bebían chicha de jora, un aguardiente precolonial resultado de la fermentación del mosto de maíz. Entonces también fueron un bastión de resistencia ante el vino y la cerveza que poco a poco le sacaron protagonismo. De todos modos, hoy se sigue sirviendo chicha, una buena manera de levantar el espíritu y encarar a “un solterito de queso” –una ensalada fría con queso, pero sin carne– y como plato de fondo un rocoto relleno, un ají fuerte relleno de carne de res o cerdo bien picantón. En fin, las picanterías absorbieron a las chicherías y les agregaron mayor comodidad y un menú más amplio sin perder el toque de picor. Hoy hay más de seis picanterías originales y muchos restaurantes con cocina típica. El conocido chef peruano Gastón Acurio tiene una propia frente al Monasterio de Santa Catalina.

Por Mariana Jaroslavsky para Diario Perfil, marzo 2010.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Colonia Galesa en la Patagonia

En el valle del río Chubut los inmigrantes galeses fundaron en el siglo XIX un rosario de colonias que van de la costa a la Cordillera. Los nombres y las tradiciones importadas de Europa se incorporaron a las soledades patagónicas y perduran todavía en la topografía, la gastronomía y la arquitectura local.



El paisaje del Dique Ameghino, cuando se dejan atrás Trelew y Gaiman para cruzar hacia la Cordillera.


Glan Alaw, Bryn Crwn, Trelew, Bryn Gwyn... los nombres tienen resonancias indiscutiblemente exóticas para este paisaje del corazón de la Patagonia, donde la meseta árida forma una continuidad con el fértil valle del río Chubut. Y es que hay, allá lejos y hace tiempo, una historia que lo explica: es la historia, esforzada y pionera, de los inmigrantes galeses que llegaron a las costas del Golfo Nuevo en la nave Mimosa, en 1865, y fueron avanzando lentamente en busca de agua por el valle del río Chubut, fundando parajes y colonias que se extienden hasta la Cordillera.

Hoy se puede desandar sus pasos, recorriendo una ruta que lleva hacia los testimonios arquitectónicos de la colonización galesa y recordando también sus tradiciones gastronómicas, sus esfuerzos en una tierra a veces hostil y su trabajo denodado para convertir el desierto en un nuevo hogar. Una “Gales lejos de Gales” (y de la influencia inglesa que absorbía a los emigrantes en los países anglosajones), según promovía Michael Jones, el predicador que primero impulsó la idea de una colonia galesa en Patagonia. Desde entonces, se ha recorrido un largo, trabajoso y al mismo tiempo apasionante camino... que hoy va en el mapa de Puerto Madryn a Trevelin.

PRIMEROS COLONOS, PRIMERAS CAPILLAS Puerto Madryn, bautizada así en homenaje a la región natal del capitán Love Jones Parry, que junto con Lewis Jones negoció la instalación de la colonia galesa ante el gobierno argentino, es el punto de partida del itinerario. Sobre todo es también el punto inicial para explorar una región fascinante por la fauna marítima y costera, ya que el tiempo borró las huellas de los primeros colonos galeses. Se supone, sin embargo, que llegaron y se establecieron en la zona que hoy se conoce como Punta Cuevas (antiguamente Punta Galenses), porque la roca blanda de los acantilados permitía excavar cuevas de refugio, a la vez que se buscaba el elemento esencial que terminaría impulsando el avance de los colonizadores en la región: agua, un bien tan preciado como raro en la costa chubutense.

En busca de agua llegaron a la desembocadura del río Chubut, entonces llamado Chupat, y fundaron el pueblo que con el tiempo se convirtió en Rawson. Allí fue también donde, en 1866, los galeses tuvieron el primer encuentro con los indígenas. Desde entonces, el progreso de las colonias fue lento y trabajoso: varios se volvieron, pero otros tantos se quedaron, y en 1886 fundaron otra de las ciudades de esta ruta, Trelew (“pueblo de Luis”), bautizada en homenaje a Lewis Jones y surgida como punta de riel del ferrocarril que unía Puerto Madryn con el valle inferior del río Chubut.

Es aquí donde comienza un largo rosario de pequeñas capillas que marcan, como mojones, el avance galés en Chubut. Las capillas, 34 en total, de las que hoy quedan 18, eran mucho más que lugares de culto: las comunidades las utilizaban también como sala de sesiones, tribunales y escuelas. Además, fue el ámbito donde se desarrolló una de las artes más características de los galeses: el canto coral, que tuvo una importancia central en la vida social del siglo XIX y sigue siendo una tradición valorada por los descendientes de aquellos primeros inmigrantes. Aunque muchos apellidos hayan ido cambiando, son numerosísimos los habitantes de la región que todavía tienen sangre galesa y, en menor medida, dominan la rara lengua del país de sus ancestros.

La capilla Moriah, una de las más antiguas construidas por los galeses en el valle del río Chubut.

Trelew conserva dos capillas galesas, y algunas más en áreas rurales cercanas: la primera es la Moriah, construida en 1880 en la chacra 103, perteneciente a Rhydderch Hughes. Se la considera la más antigua de todas junto con la Capilla Vieja del cercano poblado de Gaiman. Situada al sur de la ciudad, cerca del río Chubut, es contigua al cementerio donde se ven las tumbas de muchos de los primeros colonos, entre ellos el predicador Abraham Matthews. La otra es la Tabernacl, construida en 1889 por personal del Ferrocarril Central del Chubut, y hoy perteneciente a la Iglesia Presbiteriana. Su nombre recuerda la capilla homónima de Porthmadog, la localidad galesa donde había nacido la esposa de uno de los colonos, William Williams. Entre tanto, en Rawson queda la modesta capilla Berwyn, que pertenecía a los metodistas calvinistas y fue construida en 1881.

DE GAIMAN HACIA EL OESTE Durante una visita a la región de Trelew y Puerto Madryn, siempre hay al menos una tarde dedicada al té galés en Gaiman, que saltó a la fama cuando la princesa Diana (de Gales, precisamente) visitó la localidad durante una visita a la Argentina. Realeza aparte, el pueblo es un remanso encantador y tranquilo con muchos lugares interesantes para visitar: el Parque Paleontológico Bryn Gwyn, que permite apreciar los fósiles conservados por la aridez de las bardas; el Museo Regional Galés de la antigua estación ferroviaria; la primera casa habitada del pueblo, hoy también convertida en museo; los establecimientos de agroturismo y el imperdible parque El Desafío, un despliegue de construcciones hechas por Joaquín Alonso a partir de materiales reciclados con ironía, eclecticismo e infinita imaginación. Gaiman también tiene sus capillas: son la Bryn Crwn, inaugurada en 1900; la Bethel Vieja, fundada en 1875; y la Bethel Nueva, que fue inaugurada en 1913 y funciona junto a la anterior.

Pocos kilómetros más adelante, Dolavon es la siguiente localidad galesa donde se puede parar en busca de una mesa bien puesta para el té. Más pequeña aún que Gaiman, la localidad (“prado junto al río”, según la toponimia de sus orígenes) vive un tranquilo ritmo rural: famosa por la calidad del trigo que aquí se cultivaba, fue el lugar donde se construyó el primer molino harinero. La herencia religiosa se puede visitar en cuatro capillas, la Glan Alaw (1887), la Iglesia Anglicana (1917), con su campana procedente de la localidad galesa de Llanllyfni Arfon, la Ebenezer (1894) y la Carmel (1920). Todas diferentes, y al mismo tiempo todas parecidas, estas capillitas no adoptaron tanto la arquitectura galesa como la propia del lugar donde fueron construidas, con influencia europea pero una imprescindible adaptación a la disponibilidad de materiales patagónicos: algunas con paredes de ladrillo, otras de adobe, otras de piedra; los techos casi siempre a dos aguas con chapas de zinc; los pisos de pinotea; los bancos y púlpitos labrados.

Cuando se deja atrás Dolavon, avanzando hacia el oeste por la RN25, se llega a uno de los lugares más espectaculares del valle del río Chubut: el Dique Ameghino, a unos 140 kilómetros de Trelew. El dique fue construido en los años ’50 con el objetivo de evitar las hasta entonces frecuentes inundaciones del valle inferior del río, por lluvias o deshielos; almacenar agua para abastecer en verano la red de canales de riego de cultivos y generar energía eléctrica. Hoy es una villa turística que ofrece numerosas actividades para pasar unos días en cabañas a la vera del río y el lago: pesca desde el murallón o embarcado; velerismo, trekking y escalada en roca; caminata hasta la formación rocosa basáltica conocida como la Colada del Volcán; visita a la vieja planta caolinera; canotaje; mountain bike y safaris fotográficos.

GALESES DE LA CORDILLERA La RN25 avanza, siempre hacia el Oeste, en medio de un paisaje a veces árido y a veces verde, rocoso y solitario, acompañado sólo de ovejas, aves y algunos pueblos que son apenas caseríos. El largo viaje pasa por las localidades de Las Plumas, Los Altares y Paso de Indio antes de llegar a Tecka, en la confluencia con la RN40, que marca el ingreso a la comarca de Los Alerces. Dos localidades más ponen en la región cordillerana un último sello galés: el pueblo de Trevelin (para los detallistas, se acentúa grave y significa “pueblo del molino”) y Esquel.

Trevelin, espectacular en primavera cuando florecen las plantaciones de tulipanes en largas hileras rojas y amarillas, atesora la capilla Bethel, realizada en ladrillos de barro cocido, y un Museo Regional que relata la vida en la época de la colonia. Como Esquel, es un buen punto de partida para visitar el Parque Nacional Los Alerces y también para detenerse en sus casas de té galés, donde esperan, entre otras especialidades, la famosa torta negra, la torta de crema, los scones y las mermeladas caseras de frutos del bosque. En la cercana Esquel, eje del turismo invernal gracias al centro de esquí de La Hoya, también hay una capilla galesa: es la Seion, levantada en 1904 y donde aún se sigue enseñando el idioma de los pioneros. La ciudad no dejó atrás sus raíces, pero creció y se transformó en el principal centro de servicios y actividades de la región, además del mejor punto de llegada –o de partida, todo depende de las intenciones del viajero– para desandar la ruta galesa que une virtualmente las dos orillas de Chubutz
Por Graciela Cutuli para Página 12, marzo 2010.

martes, 16 de marzo de 2010

El Espiritú de Viajar en 5 Tips Imperdibles!

Thennat Travel presenta el segundo número de Thennat Magazine en esta oportunidad con 5 tips imperdibles de curiosidades que solo los buenos viajeros conocen... A disfrutar!

(Click en la imagen para ampliar)


viernes, 12 de marzo de 2010

Se viene Conquista tu Cumbre, una de las competencias más duras del país

Una dura carrera sobre la montaña que pondra a prueba la resistencia de competidores de todo el mundo. Dónde se Realiza y Particularidades Cuáles Son Las



El próximo domingo se lanza "Conquista tu Cumbre", una carrera que atraviesa paisajes montañosos en la ciudad de Malargüe, en Mendoza. Esta es la tercera vez que se Realiza la Competencia en nuestro país, que ya Tuvo una edición en Córdoba y que el próximo año Podría desembarcar en San Luis.



La carrera dura dos días y medio y Consiste en una prueba a pie donde se recorrerán paisajes muy similares a las superficies de la Luna y Marte. Participarán equipos, mujeres solas y hombres solos, por lo que la Autosuficiencia Será fundamental. Entre los materiales que Se permiten usar están: el mapa, la brújula y el GPS. Herramientas útiles para orientarse en la montaña.

Los Competidores atravesarán paisajes increíbles Durante toda la carrera y peinaran, de ida y vuelta, sobre varias montañas. Un "mitad de camino está Payún Liso" el punto más alto de la carrera, un 3,830 metros sobre el nivel del mar.



Los Competidores tendran que Enfrentar el frío, la falta de oxígeno y el cansancio corporal. Correrán cerca de 250 personas de las Cuales El 25 Por Ciento mujeres hijo. Habrá participantes de diferentes provincias Competidores Y también llegarán de Brasil, México, Chile Uruguay y Venezuela. Es una prueba muy dura en la que sólo llega el 45 Por Ciento de los Competidores.
Fuente: Diario Perfil, marzo 2010.

jueves, 11 de marzo de 2010

La Hora del Planeta...


Buenos Aires se suma a La Hora del Planeta y Thennat Travel se une a esta iniciativa mundial contra el cambio climático

El sábado 27 de marzo millones de personas alrededor del mundo apagarán las luces por una hora. La Hora del Planeta, una iniciativa de WWF (World Wildlife Fund) coordinada en la Argentina por la Fundación Vida Silvestre Argentina, se realizará entre las 20.30 y las 21.30 hs. y contará con la adhesión y participación de los gobiernos, empresas (como por ejemplo, Coca-Cola, Nokia, Grupo Clarín) e individuos de las principales ciudades de la Argentina, Brasil, Estados Unidos, Canadá, Australia, Francia, Reino Unido, España, Israel, entre otras. El Obelisco, el edificio Empire State, el puente Golden Gate, El Monte Rushmore, Las Vegas Strip y otros íconos del mundo quedarán a oscuras durante una hora.

“En la Argentina y en todo el mundo el cambio climático es una realidad. Hoy este fenómeno afecta las fuentes de agua, los sectores de energía, transporte, agricultura y salud, poniendo en riesgo nuestras formas de sustento y futuro económico”, afirma Diego Moreno, Director General de la Fundación Vida Silvestre Argentina (FVSA).

La Hora del Planeta busca lograr un compromiso para encontrar soluciones al cambio climático, demostrando que juntos, cada uno de nosotros puede dar una señal positiva en esta lucha contra el calentamiento global. “El cambio climático es el problema más grande que confronta el Planeta en la actualidad. Por eso, debemos unir a gente de todo el mundo para enviar un mensaje sobre la necesidad urgente de actuar”, agrega Moreno.

Como en marzo del año pasado, en 2010 la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, junto con las principales ciudades del mundo, se unirá a La Hora del Planeta apagando monumentos y edificios emblemáticos como El Obelisco.


Sobre La Hora del Planeta
La Hora del Planeta surgió en Sydney, Australia, durante el año 2007 y convocó a dos millones de personas. En el año 2008, más de 50 millones de personas en 400 ciudades apagaron sus luces y algunos de los principales íconos – como la Opera en Sidney, el Coliseo en Roma, el City Hall en Londres, el Empire State en Nueva York, la Torre de Sears en Chicago, el Golden Gate en San Francisco, El Obelisco en Buenos Aires, entre otros- se oscurecieron. A su vez, más de siete millones de usuarios visitaron el sitio www.earthhour.org y más de 2.000 empresas apoyaron y participaron de la iniciativa.

En el 2009, cerca de mil millones de personas en más de 4000 ciudades en 87 países apagaron sus luces. Edificios y monumentos icónicos de todo el mundo (la Torre Eiffel en París, la Basílica de San Pedro en la Ciudad del Vaticano, el Big Ben y las Cámaras del Parlamento en Londres, las Grandes Pirámides de Giza, el Partenón de Atenas, la Casa de la Opera en Sidney, la estatua del Cristo Redentor en Río de Janeiro, el Angel de Independencia en México, el Obelisco el Buenos Aires, los edificios de Chrysler y el Empire State en New York, entre otros) se apagaron durante una hora.


Sobre Fundación Vida Silvestre Argentina
La Fundación Vida Silvestre Argentina (FVSA) es una organización privada no gubernamental, de bien público y sin fines de lucro creada en 1977. Su misión es proponer e implementar soluciones para conservar la naturaleza, promover el uso sustentable de los recursos naturales y una conducta responsable en un contexto de cambio climático. Desde 1988, está asociada y representa en la Argentina a WWF, una de las organizaciones independientes de conservación más grande del mundo, presente en 100 países. Para más información: www.vidasilvestre.org.ar

Sobre World Wildlife Fund
WWF es la organización de conservación más grande del mundo, trabajando en 100 países, por casi medio siglo. Con el apoyo de cerca de 5 millones de miembros a nivel mundial, WWF se dedica a entregar soluciones basadas en la ciencia dirigidas a preservar la diversidad y la abundancia de la vida en el Planeta, detener la degradación del ambiente y combatir el cambio climático. Visite www.worldwildlife.org para más información

Fuente: Fundación Vida Silvestre

miércoles, 10 de marzo de 2010

Rocsen...museo polirubro..

Un antropólogo francés fundó en 1969 el museo más excéntrico de los cordobeses. El Rocsen exhibe 22 mil objetos. Un paseo asombroso.

Piedra Santa. Eso significa “rocsen” en celta. El friso de 49 esculturas externas representa a los hombres que dejaron huella.


Si hay una Córdoba de fernet y cuartetazo, hay también una Córdoba (otra) que no se ve tan fácilmente y pide al viajero tiempos de otro siglo. Es justamente ahí, en esa versión más quieta de la provincia en la que (a cinco kilómetros de Nono, en el departamento de San Alberto) se levanta el Museo Rocsen. Y nunca más indicado el verbo, porque eso es lo que siente el caminante al distinguirlo: que al dar vuelta el camino, salido de la nada, un gigantesco mamotreto de tonos rojizos se alza, se pone en puntas de pie contra el cielo inexorablemente celeste. En la fachada, la primera ráfaga de asombro: debajo de la leyenda “Museo Rocsen” (una palabra celta que significa piedra santa), un friso de 49 estatuas de tamaño natural rinde homenaje a varias de las figuras que más aportaron al desarrollo del pensamiento humano. Jesús, Buda, Copérnico y Martin Luther King, entre otros, son de la partida, pero –por decisión del impulsor y dueño del museo, el francés Jean Jacques Bouchon, quien también diseñó las estatuas– aquí no hay guerreros ni conquistadores. Nadie que haya derramado sangre. Es que, en palabras de este espíritu inquieto que llegó a acopiar a lo largo de su vida más de 22 mil objetos expuestos hoy aquí, “sólo la cultura, la paz y el amor podrán darle fin al sufrimiento humano”. Con esa idea en mente, Bouchon imaginó primero y concretó después un museo multitemático, en donde aun quienes no suelen visitar espacios de este tipo se sintieran a gusto. Es por eso que en sus salones todo parece tener cabida: mariposas extrañas (la colección incluye un millar de ejemplares), fósiles de esos que dejan a los chicos con la boca abierta, instrumentos musicales, libros, tejidos, esculturas, pero también máquinas de vapor, “rincones” en los que se representa el modo de vivir de los seres humanos en distintos lugares del mundo, mapas antiguos, armas no menos añosas, caracoles gigantescos y también diminutos, cámaras de la infancia de la fotografía, carruajes...






El listado marea, pero el Rocsen se vuelve un oasis fresco y entretenido, en donde –de no abrir bien los ojos– uno corre el riesgo de perderse alguna maravilla en medio de semejante avalancha de cosas. Perderse, por caso, un ejemplar del primer libro de bolsillo –el Petrarca, editado en Venecia en 1546– o, en la sección El Mar, una ostra australiana que llegó a pesar 140 kilos y a vivir 400 años. O, para seguir con las encantadoras rarezas, dejar de ver un “lacrimatorio”. Es decir, un pequeño cuenco de vidrio, encontrado en Egipto y fechado en torno al siglo II, en donde los primeros cristianos recogían sus lágrimas para ofrecérselas a Cristo. Pero tampoco hace falta seguir enumerando. Todo en este sitio desconcertante es así: desaforado, curioso, extinto o único. Tal vez por eso el Rocsen, la “piedra santa”, a tres décadas de su inauguración se ha convertido en otra cosa. Se ha vuelto piedra imán, una capaz de atraer a viajeros de todo el mundo hasta sus salas, de donde todos se van planeando volver.






El niño y las piedras

Si la leyenda es verdadera, Jean Jacques Bouchon tuvo los primeros síntomas de su pasión coleccionista cuando, con nada más que tres años, regresaba a su casa con los bolsillos explotando de piedras, insectos, hojas raras. Su madre optó por cosérselos, pero ni así hubo caso. Cinco años más tarde, dio con su primera pieza de colección: un soldadito de terracota, romano. Ya no se detuvo. Luego de la Segunda Guerra Mundial, y perdida la vieja finca familiar llamada Rocsen, llegó a Buenos Aires. Traía entre sus petates un título en Antropología, ocho toneladas de objetos de colección y un sueño: fundar su propio museo. Lo hizo el 6 de enero de 1969, sobre un predio de 1.530 metros cuadrados y, desde entonces, todos los días del año, desde el amanecer hasta la caída del sol, (no tiene luz eléctrica) el sitio permanece abierto. Los grupos de estudiantes no pagan entrada.
Por Fernanda Sandez para Perfil, marzo 2010.

martes, 9 de marzo de 2010

Palacios de San Petesburgo

El Palacio de Invierno y el Palacio de Verano de San Petersburgo están entre los edificios más representativos de la Rusia zarista. Convertidos en museos, atesoran el recuerdo de la monarquía rusa desde Pedro el Grande hasta los últimos Romanov.

El barroco Palacio de Invierno de San Petersburgo es hoy uno de los edificios del Museo Hermitage



El frío, muy por debajo de cero grado, congela algunas gotas sobre el frente de los palacios más espectaculares que haya dado la arquitectura europea. El agua se hace hielo sobre las profusas decoraciones del Palacio de Invierno de San Petersburgo, y hace relucir también con un brillo helado las columnatas de la fachada del Palacio de Verano, situado en las afueras de la ciudad dentro el complejo conocido como “Tsarskoie Selo” (la “Villa del zar”). San Petersburgo, fundada por Pedro el Grande hace tres siglos, nació con intención de convertirse en la “ventana de Rusia hacia el mundo occidental”. Al mismo tiempo, fue la vidriera de una monarquía todopoderosa que se debatía entre la voluntad de afirmarse en la identidad eslava –con centro en Moscú– y la proyección hacia el mundo occidental. Pero sus imponentes edificios, sus numerosos palacios y sus perspectivas imponentes reflejan también los deseos, gustos y ambiciones de algunas mujeres que marcaron la historia rusa: sobre todo Catalina I, esposa de Pedro el Grande; su hija, la emperatriz Elizabeth I, y Catalina la Grande.

OPULENCIA Y ESPLENDOR Enclavada en la región de Leningrado, con la que compartió nombre durante los tiempos soviéticos, y con acceso al mar Báltico por la desembocadura del río Neva, San Petersburgo es la segunda ciudad en importancia de Rusia y una de las más grandes de Europa. También es una de las principales protagonistas de la historia rusa: fue aquí donde, hacia fines del siglo XIX, la abolición de la servidumbre provocó una fuerte corriente de inmigrantes y un intenso crecimiento de su industria. No es casualidad, entonces, que en 1917 San Petersburgo haya visto los primeros movimientos de la Revolución Rusa y la formación del primer gobierno soviético bolchevique. En ese agitado contexto los palacios monumentales construidos por los zares, cuya belleza asombrosa representó toda un arma de la política imperial, reflejaron en su destino los bruscos cambios del modo de vida aristocrático frente a los nuevos aires revolucionarios.





El Palacio de Invierno era la principal residencia imperial, sólo comparable con la magnificencia de Versailles. Enorme, casi intimidante, se dice que sólo Alejandra, la última emperatriz rusa, le tenía aprecio: para el resto de los Romanov, era un exceso de piedras preciosas, de galerías, de escaleras de mármol, de cariátides y estatuas. El edificio, ampliado varias veces a partir de la construcción original de Pedro el Grande en 1711, lleva sobre todo el sello de la emperatriz Elizabeth, que en 1755 le encargó a Bartolomeo Rastrelli convertirlo en el palacio más espectacular de Europa. Y el arquitecto italiano cumplió con creces: en sólo seis años levantó un inmenso palacio de tres pisos organizados en torno de un cuadrado central, con una fachada sobre la Perspectiva Nevski y otra sobre el río Neva. La combinación de barroco y rococó, recargada al infinito en estatuas y decoraciones, era sencillamente deslumbrante y hacía honor a las 1050 habitaciones del interior. Sin embargo, el palacio que se conoce hoy no es éste sino la réplica idéntica construida después de un incendio en 1837, en una nueva demostración de lujo y poder sintetizada en los colores tradicionales del barroco ruso: verde, blanco y dorado.

EL PALACIO DE VERANO Unos 24 kilómetros al sudeste de San Petersburgo, Tsarskoie Selo fue durante siglos, en tiempo de los zares y también después, un lugar legendario. La historia comenzó con Catalina I, que construyó aquí un pequeño palacio, y siguió con su hija Elizabeth I, que lo hizo grandioso de la mano de Rastrelli. Cuando llegó al trono de Rusia otra Catalina, la Grande, tomó su carácter definitivo con el rediseño de los interiores en un estilo neoclásico inspirado por sus arquitectos favoritos, Charles Cameron y Giacomo Quarenghi.




Rodeado de diseñados jardines y paisajes, en un estilo romántico que lo hacía parecer suspendido en el tiempo y aislado de la realidad, el centro del parque imperial era el Palacio de Catalina. Obra maestra exuberante en su teatralidad y sus excesos rococó, sólo los más poderosos y quienes tenían el apoyo de la emperatriz podían llegar hasta las salas desbordantes de obras de arte, oro y espejos. Diseñadas para cautivar los sentidos y afirmar la condición divina de los zares, a medida que se pasaba de salón en salón las decoraciones eran cada vez más ingeniosas. Rastrelli creó imponentes vistas dentro mismo del palacio, con su punto culminante en la Galería Dorada, donde Elizabeth recibía a los visitantes en un marco de fulgor de oro.

Más adentro, el Salón de las Pinturas ofrecía paredes cubiertas íntegramente por óleos comprados por la emperatriz, no organizados por tema, artista o estilo sino por tamaño y color, fundiéndose hasta formar una serie de mosaicos gigantes. Aquí se organizaban los famosos “bailes de la metamorfosis”, en que los hombres se vestían de mujer y ellas de hombre. Algo habitual en el siglo XVIII, pero con la utilización de máscaras: un detalle que no gustaba a Elizabeth, en cuyo palacio se debía mostrar el rostro.

Entre las muchas estancias sorprendentes del palacio, una pasó a la historia como la “octava maravilla del mundo”. Del Salón de Ambar, la gloria del reinado de Elizabeth, se decía que tenía cualidades mágicas y estaba considerado como el ambiente más enigmático y hermoso de su tiempo. Había sido regalado por Federico de Prusia a Pedro el Grande, después de que el zar admirara las decoraciones de ámbar en un palacio alemán. Primero fue instalado en el Palacio de Invierno; luego Rastrelli lo trasladó a Tsarskoie Selo. Alrededor, maderas doradas, mármoles y mosaicos de ágata y jaspe completaban el conjunto, iluminado por cientos de cirios. Totalmente tapizado de ese material natural y valioso que los antiguos veneraban como la luz del sol petrificada, el salón era un espectáculo deslumbrante y simbólico del poder real. Pero como las glorias de este mundo son pasajeras, casi 250 años después lo único que se conserva de tanto fasto es apenas un mosaico y una cómoda.

CONSTRUCCION Y DESTRUCCION El Salón de Ambar y la mayoría de la edificación fueron víctimas de la Segunda Guerra Mundial: cuando los alemanes saquearon el palacio en 1941, los soldados se llevaron todos los paneles dorados al castillo de Königsberg. Cuatro años más tarde, ante la inminente caída del régimen nazi, el Salón de Ambar fue trasladado al parecer a un sitio oculto, para no ser descubierto nunca más. Fue la última pista que se tuvo de aquella maravilla coral. Desde entonces comenzaron a surgir las leyendas: una de las más populares afirma que aquellos paneles acabaron en una mina perdida cercana al mar Báltico, donde quizá fueron quemados o sepultados.



Lo cierto es que, al finalizar la guerra, restaurar aquel símbolo de opulencia se convirtió en una cuestión de orgullo. La resurrección fue confiada a un equipo de maestros que trabajó con seis toneladas de ámbar durante veinticuatro años, estudiando y valiéndose de los antiguos métodos de trabajo para asegurarse una réplica perfecta. Finalmente, en mayo de 2003 Rusia inauguró la reconstrucción de aquella maravilla “creada por Dios y destruida por el hombre”. Pese a ello, algunos amantes de los misterios novelescos aseguran que el viejo Salón de Ambar sigue allí, en algún lugar cercano, a la espera de ser descubierto y devuelto a su mágico Palacio en el lejano y helado noroeste ruso.
Por Pablo Donadio para Página 12, marzo de 2010.

Notas Relacionadas

Related Posts with Thumbnails
Related Posts with Thumbnails