martes, 19 de enero de 2010

Slow Travel... la mejor manera de viajar!

El "viaje lento", la tendencia que crece y propone una conexión más profunda con cada destino.



Caminar sin rumbo por una ciudad, tomarse todo el tiempo para un buen desayuno bajo un sol tibio, o sentarse una larga una tarde en un café a tomar algo, leer, charlar o, simplemente, ver a la gente pasar. A primera vista, éstos parecen "lujos" que un turista difícilmente podría permitirse, preocupado por conocer la mayor cantidad de lugares en el menor tiempo. Sin embargo, la tendencia crece entre viajeros: el slow travel, o viaje lento, surgió como una derivación del movimiento Slow Food, una reacción al avance de la comida chatarra y súper industrializada. El lema principal: todo lo bueno requiere tiempo, y vale la pena tomárselo.

En su inicio, el movimiento slow buscó impedir la desaparición de tradiciones gastronómicas locales y combatir la falta de interés por la nutrición y los sabores, pero en verdad va mucho más allá. En su filosofía más abarcativa, propone nada menos que tomar el control de nuestro tiempo, en lugar de vivir bajo su tiranía, buscar el equilibrio entre las obligaciones y los placeres, como gozar de la familia, de una caminata, de una comida sabrosa y saludable. O de un viaje.



Porque así como Slow Food propone saborear la comida, slow travel sugiere hacer lo mismo con los viajes: no atravesar 15 países en 20 días, sacando fotos desde la ventanilla, bajando en los sitios prearmados para el turismo o "tachando" lugares de la lista de imperdibles que propone una guía. No, la idea es justamente la contraria: "degustar" lentamente un lugar a un ritmo propio, conectarse con sus habitantes y animarse a ser parte de la comunidad que se visita. Es una experiencia que privilegia la calidad sobre la cantidad. No "conocer más" sino "conocer mejor". Y eso implica más tiempo.

Por eso, el slow travel adquiere sentido cuando podemos -o decidimos- quedarnos varios días en un mismo sitio. O hacer una segunda o tercera visita al mismo lugar. Entonces empezamos a conocerlo mejor, a encontrar esos recovecos que nos reconfortan, esas conversaciones pausadas que nos acercan al alma local.



Aunque pueden encontrarse algunas agencias de viaje que ofrecen salidas "slow" o destinos que se proponen como tal, en realidad se trata más de una actitud, de una forma de encarar un viaje: se puede ser un viajero slow aun en la ciudad más acelerada. Para ello hay que cambiar aspectos culturales y tener en cuenta algunas claves, como disfrutar del viaje tanto como del destino, preferir medios de transporte "lentos" y amigables con el medio ambiente -tren, bicicleta, caminata-, o buscar alojamientos pequeños o rurales, en los que el trato sea personalizado.

Además, el viajero slow elige la gastronomía típica y con productos naturales, se toma tiempo para degustar cada plato y prioriza los destinos más cercanos a los lejanos. Visita bares típicos, entabla conversaciones y se dedica a observar -y participar en- la vida cotidiana a su alrededor. No tiene miedo de perderse vagando por ahí ni de dejarse llevar por un cambio de planes espontáneo. Los fundamentos slow se vinculan también con principios ecológicos y de conservación del ambiente: es un turismo responsable, que busca generar el menor impacto posible en el entorno.


Vías verdes


En Europa, el concepto slow travel tiene ya una cierta difusión. España, por ejemplo, busca promocionar los viajes sin prisa a través de una red nacional de rutas y caminos no motorizados, con alojamiento acorde a la filosofía del viaje. El proyecto incluye las Vías Verdes, senderos naturales que circulan por antiguas vías ferroviarias en desuso, caminos históricos y vías pecuarias. El objetivo es mantener "funcionales" caminos ya fuera de uso o poco conocidos y ofrecer servicios alternativos, cuya demanda es cada vez mayor.

Fuente: Clarín, enero 2010

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