domingo, 22 de noviembre de 2009

Lugares con encanto... Lago Baggilt en Chubut



Una impactante imagen turquesa en medio de un bosque, destino final de una excursión en 4x4 que atraviesa aldeas de origen galés


En la luminosa campiña de Chubut que llena los ojos al sur de Esquel, la lejana Gales y la Argentina se llevan de maravillas. Peones criollos entremezclados con campesinos de tez rojiza y cabellera rubia saludan desde tranqueras que sostienen las banderas de los dos países. La comunión y el amor hacia el terruño se mantienen férreos desde la llegada de los primeros inmigrantes, a fines del siglo XIX.

La imagen impacta, agita los sentidos en el camino hacia el lago Baggilt. El faldeo andino del cordón Situación se va cubriendo de cipreses, coihues, ñires y lengas. Pero en el recorrido de la 4x4 se interpone Trevelin (en galés, "Pueblo del molino"), una encantadora aldea que vuelve a inducir a fijar la mirada sobre tesoros del pasado forjado por los pioneros galeses: dos casas de té, el Museo Regional y, sobre la orilla opuesta del río Percy, la capilla Bethel. El fervor religioso no decae puertas adentro de esta reliquia, levantada con ladrillos y techo de chapa en 1910 y restaurada en 1997.





La cosa va tomando más color en Aldea Escolar, donde se desparraman parcelas cubiertas de cerezas, chacras de tulipanes, plantines de frutilla, frambuesas y ovejas. A la altura de la calle vecinal David Jones, la ruta parece agonizar repentinamente, muta en un sendero de ripio y continúa en una huella que suma contratiempos, mientras asciende para alcanzar los 1.800 metros de altura del destino final. Del otro lado de las cuatro tranqueras que hay que bajar a abrir -a esta altura, el turista debería asumirse como atlético copiloto-, la camioneta empieza a deslizarse a los tumbos entre arroyos de piedras, ramas de árboles que maltratan la carrocería, cardos, arbustos de calafate alargados en intimidantes espinas y racimos de caña colihue.

Uno tras otro, la máquina todo terreno supera los desafíos, hasta que parece rendirse ante la prueba más exigente: gruesos troncos de ñire y coihue tumbados a la manera de piquetes reacios a cualquier negociación. La excursión sigue su curso gracias a Víctor, el previsor guía de Limits Adventure, que despeja el paso a puro hachazo. Un par de metros adelante, las piedras se hacen rocas y otra lenga recostada obliga a retroceder y buscar un atajo. Esta vez no alcanza siquiera con la pericia del conductor.




El más duro escollo demanda un rodeo importante, aunque del imprevisto pasamos a gozar de un panorama más que gratificante. Bajo el cielo sin fisuras y el sol a pleno, el lago Baggilt irrumpe como una súbita aparición turquesa. Asoma entre los resquicios de un intrincado bosque de lengas y el intimidante cuerpo del cerro Cónico, que determina la frontera con Chile. Trepada sobre el soberbio mojón, la arboleda -en ardua disputa con la nieve- pugna por reverdecer la ladera.

A 65 km de Esquel, cerca de Trevelin y del límite con Chile.

En la zona abundan huemules y truchas.

Por Cristian Sirouyan para Clarín, domingo 22 de Noviembre de 2009.

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